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El ataque de Estados Unidos a Venezuela agita las aguas de Taiwán

China asegura que las situaciones no son comparables, al considerar la isla autogobernada “un asunto interno”

Ataque Estados Unidos a Venezuela

Entre las ondas sísmicas que envía por el globo el ataque estadounidense del sábado a Venezuela, reverbera la siempre volátil situación de Taiwán. Mientras las cancillerías de medio planeta echan humo para tratar de descifrar las reglas de un nuevo mundo sin reglas, medios y analistas se dividen entre quienes creen que hoy ha subido el riesgo de que China actúe de forma similar en el estrecho de Taiwán, y los que opinan justo lo contrario. No hay una respuesta clara. Gajes del flamante desorden internacional, en el que no abundan las certezas.

El presidente estadounidense, Donald Trump, afirmaba el domingo, en un mensaje velado a Rusia y China, que el país latinoamericano había estado “albergando adversarios extranjeros” y que el “dominio americano en el hemisferio occidental nunca volverá a ser cuestionado”.

Sin embargo, varios académicos interpretan que la operación en Venezuela podría tener el efecto contrario, y animarlos a avanzar peones en sus respectivos patios traseros. “Al capturar a un líder por la fuerza militar, Trump puede haber abierto la caja de Pandora”, escribía el lunes Elizabeth N. Saunders, de la Universidad de Columbia, en un análisis para el instituto Brookings, con sede en Washington. “Groenlandia, Colombia, México y Taiwán observan con nerviosismo, mientras que los ucranios probablemente lo hacen con sombrío reconocimiento”.

“El golpe militar de descabezamiento de EE UU contra Venezuela genera temores de imitación del EPL [Ejército Popular de Liberación, el ejército chino] en Taiwán”, titulaba un artículo del lunes el diario hongkonés South China Morning Post, en el que recogía la presunta preocupación al alza en la isla autogobernada ante una eventual operación de China. El temor bebe, en gran medida, de los ejercicios bélicos de dos días orquestados por Pekín la semana pasada en torno a Taiwán: el Ejército Popular de Liberación simuló, entre otras, operaciones destinadas a paralizar las estructuras de mando político y militar de Taiwán.

En la isla autogobernada, que China considera una parte irrenunciable de su territorio, y a la que Estados Unidos apoya militarmente, las autoridades se han apresurado a dejar claro que están tranquilas. Al ser interrogado el lunes sobre si el EPL podría intentar algo similar, el viceministro de Defensa taiwanés, Hsu Szu-chien, aseguró que las fuerzas armadas de la isla se han preparado para todo tipo de contingencias, incluido un operativo de evacuación del jefe del Estado.

“La agitación en Venezuela ha demostrado la importancia de estar preparados y de garantizar que las armas se actualicen y mantengan periódicamente”, afirmó Hsu, según el medio Taipei Times. En una reunión con legisladores, el viceministro añadió que las armas de Venezuela, obtenidas de China y de Rusia, “demostraron ser muy inferiores a las armas estadounidenses” en el ataque que condujo a la captura del líder chavista, Nicolás Maduro.

Entre tanto, cualquier comparación con lo sucedido en Venezuela es tomada como una afrenta en Pekín. Ocurrió igual tras la invasión rusa de Ucrania, en la que muchos taiwaneses se miraron como si fuera una advertencia. “La cuestión de Taiwán es un asunto puramente interno de China”, aseveró el lunes Lin Jian, portavoz chino de Exteriores, al ser interrogado en una comparecencia rutinaria. “La forma de resolver la cuestión de Taiwán es un asunto que nos compete únicamente a los chinos, y ninguna fuerza externa está en posición de interferir”.

En su intervención, agregó que los “vergonzosos intentos” de las autoridades taiwanesas de solicitar apoyo externo para buscar la “independencia” y resistirse a la reunificación mediante el aumento del poderío militar “están condenados al fracaso”. China, que ve Taiwán como una provincia rebelde, nunca ha renunciado al uso de la fuerza para su reunificación. Mientras, Estados Unidos mantiene con Taipéi un pacto bajo el que le suministra armas, y rechaza cualquier cambio del statu quo en el Estrecho mediante la fuerza o la coerción.

Pekín ha mostrado de forma reiterada un rechazo frontal al “comportamiento hegemónico” de Washington, y ha exigido la “liberación inmediata” del mandatario venezolano y de su esposa, Cilia Flores. “China expresa su profunda conmoción y condena enérgicamente el uso temerario de la fuerza por parte de Estados Unidos contra un Estado soberano y las acciones dirigidas contra el presidente de otro país”, dijo la Cancillería china el sábado.

“Son asuntos completamente diferentes”, zanja también Wang Yiwei, director del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad Renmin de Pekín. Considera la comparación una “opinión equivocada”. Taiwán es una cuestión “interna” de China, mientras que Venezuela es un “Estado soberano independiente”. Lo que ha hecho Estados Unidos en Latinoamérica “es una invasión, es imperialismo”, dice a través del sistema de mensajería chino Wechat.

De forma pública, Taiwán ha explicado que sigue de cerca la situación en el país caribeño “tanto en el ámbito interno como internacional, incluida la participación del régimen dictatorial venezolano en el narcotráfico internacional, así como la crisis humanitaria provocada por su Gobierno autoritario”, según un comunicado del Ministerio de Exteriores recogido el lunes por la agencia Efe. En él, Taipéi se alinea con Washington, expresa la esperanza de que Venezuela pueda transitar “de manera pacífica hacia un sistema democrático” y subraya que seguirá “cooperando con Estados Unidos y otros aliados globales de la libertad y la democracia”.

En conversaciones anónimas, citadas por la agencia Bloomberg, funcionarios del territorio insular van más allá, y afirman que la captura del líder venezolano es un poderoso elemento disuasorio frente a una agresión de Pekín, y un oportuno recordatorio de la capacidad de Estados Unidos para derrotar a ejércitos equipados con armas de fabricación china.

Esta lectura se acompasa con el mensaje triunfal de Washington. En línea con el presidente Donald Trump, el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, lanzó el lunes otra advertencia a China y Rusia, al declarar que Estados Unidos está reconstruyendo su dominio militar hasta un nivel tan absoluto que sus enemigos “no se atreverán” a ponerlo a prueba.

Aha Chu, consejero delegado de Kuma Academy, una escuela en Taipéi donde se imparten cursos para que los ciudadanos aprendan a hacer frente a una posible invasión china, coincide con esta visión: “La detención de Nicolás Maduro por parte de Trump envía una clara señal de la determinación de Estados Unidos de defender el orden del mundo libre. Esto no es algo que Xi Jinping vaya a acoger con agrado”, expresa por correo electrónico.

También considera que en la isla, donde Pekín trata de controlar el mensaje mediático, viven bajo la influencia de “informes falsos o engañosos que exageran las capacidades militares de China más allá de la realidad, al tiempo que minimizan la fuerza y la determinación del mundo libre, incluidos Estados Unidos, Japón y la propia Taiwán”.

El golpe en Venezuela coincide con un contexto de creciente tensión en el Estrecho, después de que Estados Unidos avanzara en los trámites para vender el mayor paquete de armas de la historia a su aliado asiático (valorado en más de 9.400 millones de euros), y con las relaciones diplomáticas entre China y Japón en caída libre a raíz de unas declaraciones de la primera ministra nipona, la ultraconservadora Sanae Takaichi, en las que sugirió que un hipotético ataque chino contra Taiwán podría obligar a su país a intervenir militarmente.

“La operación [en Venezuela] muestra a China continental que su situación militar quizá no es suficientemente buena”, observa por teléfono Lin Ying-Yu, profesor asistente de la Universidad de Tamkang (Taiwán), especializado en las capacidades del Ejército chino. Recuerda el enfrentamiento el año pasado entre Pakistán y la India, en el que el primero, con medios militares chinos, plantó cara a su rival. “Muchos pensaron que los sistemas de armamento de la China continental quizá son suficientemente buenos. Pero en este momento ya sabemos que la India no es Estados Unidos. Y Venezuela tampoco es Pakistán”, reflexiona.

Cree que, en parte, la defensa venezolana no fue efectiva dado los problemas de interconexión entre sistemas de radares chinos y las defensas antiaéreas rusas adquiridas por Caracas. Según Bloomberg, no hay evidencia de que los sistemas de defensa chinos hayan fallado o sufrieran problemas de mantenimiento, y Estados Unidos ha afirmado que tenía amplias fuentes de inteligencia operando dentro de Venezuela, lo que podría haber influido en cómo se desarrolló el ataque militar.

Este analista considera “imposible” que Pekín trate de ejecutar una operación análoga. Se enfrentaría a los sistemas antiaéreos de Taiwán, que ―estos sí― son “suficientemente buenos”, según su visión. Las defensas se encuentran en pleno proceso de integración y mejora: en octubre, el Gobierno insular anunció la puesta en marcha de un novedoso escudo antiaéreo, una cúpula contra misiles similar a la de Israel.

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Sobre la firma

Guillermo Abril
Es corresponsal en Pekín. Previamente ha estado destinado en Bruselas, donde ha seguido la actualidad europea, y ha escrito durante más de una década reportajes de gran formato en ‘El País Semanal’, lo que le ha llevado a viajar por numerosos países y zonas de conflicto, como Siria y Libia. Es autor, entre otros, del ensayo ‘Los irrelevantes’.
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