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José Luis Villacañas, filósofo: “Trump es solo una apariencia de fuerza”

El historiador de la filosofía andaluz señala que estamos en un sendero que se bifurca para la humanidad, y ante imperios mundiales que rechazan la pluralidad

José Luis Villacañas

José Luis Villacañas ha asumido un reto hoy acuciante ante la explosiva coyuntura internacional: describir momentos históricos en los que la humanidad se vio en una encrucijada y demostrar cómo el que estamos viviendo, con un Trump avasallador, es uno de ellos. Lo hace en Senderos que se bifurcan (Arpa), un libro simultáneo a otro que publica estos días en Akal, Tierra o ser, que recoge esta otra gran dicotomía que atraviesa la historia de la filosofía. El catedrático de Historia de la Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, Villacañas, nació en Úbeda en 1955, hijo de campesinos y es autor de más de 30 libros de ensayo. Próximo a la izquierda, es especialista en pensamiento político y conoce bien la obra Max Weber, Carl Schmitt o Antonio Gramsci.

La cita es en vísperas de la publicación de estos dos libros complementarios, uno más divulgativo y otro más especializado, en los que habla de la coherencia del plan de Trump, que quiere alejar de sí todo lo que desafíe su dominio y neutralizar cualquier peligro interno de aumentar la complejidad cultural y racial del país. Y de cómo, desde los faraones hasta él, todos los poderes imperiales han creado una teología política para gobernar cuerpos y almas. Desorientarnos es su objetivo.

Pregunta. ¿Estamos ahí, en una de esas encrucijadas en que todo va a cambiar?

Respuesta. Sí, y por ello contrapongo las figuras de Fukuyama y Trump. Fukuyama dijo que estábamos al final de la historia, la democracia había ganado y el neoliberalismo ya era la última forma para la humanidad. Pero Trump ha reabierto las heridas y hemos vuelto a una época histórica en que no sabemos lo que puede pasar. Estamos ante un reto evolutivo de nueva índole; ya no hablamos de imperios europeos como los que se enfrentaron en 1914. Son mundiales, grandes espacios. Algo emerge y algo decae.

P. ¿Hoy qué emerge y qué decae?

R. Decae la pluralidad y emerge la concentración. Los amantes de la pluralidad como Europa tenemos una situación muy fea. Estamos ante poderes concentrados que se van a disputar lo que Schumpeter llamaba el ecosistema en que se juega la acumulación de capital. Y eso tiene consecuencias políticas. Si alguien pierde la batalla técnica, que es donde se establece esa concentración, pero tiene el poder político, se ve en situación comprometida. Ahí está EE UU: quiere mantener la dominación mundial, pero está en una situación de debilidad extraordinariamente frágil por su deuda pública. Si no lo resuelve, el dólar será una moneda más y perderá el elemento fundamental de su dominio. El otro es el Ejército: un gran presupuesto militar en un momento de deuda pública ingente que no quiere hacer pagar a los ricos. Es una estrategia a la defensiva que quiere ocultar una gran debilidad. Es lo que se juega aquí: un imperio en debilidad y un mundo plural. Todos los actores se van a mover buscando su ámbito de oportunidades.

P. Y el poder tecnológico, ¿qué papel juega en esta concentración de capital?

R. La concentración de capital está jugando a dos cosas contrapuestas: hidrocarburos e IA, pero aún no sabemos hasta qué punto esta es rentable o una forma de financiación encubierta de EE UU. La IA capta recursos en Bolsa, no dividendos. No sabemos si es burbuja especulativa o es negocio. Lo que sí sabemos es que tiene origen de uso militar y ahí no se puede perder la carrera.

P. ¿La ideología ha muerto? ¿Solo quedan intereses, negocios, petróleo…?

R. … E ideología. La ideología hoy tiene dos direcciones: la nacionalista, que vemos en China o Rusia y que todavía mueve el mundo; y otra más compleja de identificar, la que domina EE UU, una nación que no se basa en la homogeneidad étnica sino en un aluvión unido por una teología política: es una nación elegida por Dios. “En Dios confiamos”. Es así desde los padres fundadores, los pioneros, los puritanos, los que se embarcan en el siglo XVII en el Mayflower con una base teológica clara. Esta se ha perdido hoy en un mundo secularizado, pero se mantiene el presupuesto básico: que hay elegidos y condenados, y la forma en que miran los elegidos a los condenados no es empática. ¿Y cómo se estructura esta diferencia en un mundo secularizado de forma darwinista? Mediante la ley del más fuerte.

P. Lo que defiende Trump.

R. Trump y sobre todo Peter Thiel; está detrás de todo lo que sea inteligencia oscura, defiende el principio teológico de desigualdad entre elegidos y condenados.

P. ¿Y Europa, la reina del poder blando, qué puede hacer?

R. Darse cuenta de que la deconstrucción de su historia, de la normatividad y el pensamiento, favorece opciones basadas en la fuerza. Debe reconstruir sus bases ilustradas y sacar lecciones de lo que ha sido nuestra dimensión crítica para la normatividad.

P. ¿No nos comen las fieras con nuestra normatividad? Trump ha dicho que su único límite está en él mismo.

R. Eso también lo decía Calígula, pero el ser humano ha evolucionado por la inteligencia, no por la fuerza. Evolutivamente es síntoma preciso de debilidad. Si hablas solo desde la fuerza, no hablas al mundo, sino solo a ti mismo. Trump es solo una apariencia de fuerza. Hizo más daño Nixon en 1973 que Trump hoy en Venezuela, no porque no quiera, sino porque no puede. No tiene suficientes aliados internos.

P. ¿Nosotros?

R. Los europeos, los latinoamericanos…, los que hablamos a otros. Hablar a otro significa que tienes una pretensión de razón. La fuerza no habla a todos, sino solo a los que quieren ser la cohorte del vencedor.

P. ¿Cómo denomina a esta era? ¿Del desconcierto?

R. Es una era de un sendero que se bifurca, como tantas en la humanidad, y es donde emergen las fuerzas de la pluralidad. Siempre. Ante Calígula emergió Filón, que dijo: “No te vamos a adorar como Dios”. Y empezó una cadena de pluralidades. Hoy tenemos que ver cuáles son las pluralidades. Y estas solo se federan desde la universalidad.

P. ¿Desorientarnos es un objetivo?

R. Es ultimar el camino de la destrucción de nuestras herramientas culturales —la mediación— y quedarnos con la pulsionalidad. Freud es muy listo. La manifestación pulsional de Trump es síntoma de debilidad. Es dar al ser humano por perdido y considerar tu subjetividad como la única. Las redes sociales colaboran a esa pulsionalidad.

P. Sostiene que Trump tiene un plan.

R. El daño mayor que va a hacer Trump es a EE UU. Europa debería señalar que es cada vez más débil. La población que comparte los valores europeos crece: en Minnesota, Nueva York, en la batalla judicial. Trump percibe esa debilidad, por eso acelera. Quiere Groenlandia, aranceles, capacidad de financiación de la deuda pública, quiere nuestros ahorros para sustituir los impuestos que no pone allí.

P. Habla de una nueva teocracia, del peso del neoconservadurismo cristiano.

R. Es una incógnita. Lo que sabemos es que MAGA es un batiburrillo de muchas cosas, todas fundamentalistas. ¿Cómo evolucionará con un Estado que privilegia solo a las oligarquías feudocapitalistas? Nadie lo sabe. El totalitarismo aprendió la lección de Hitler: construir lo que Ernst Fraenkel llamaba el Estado dual: la vida cotidiana siguió igual para muchos alemanes en sus estructuras, pero para los enemigos políticos se crearon otras. Es lo que está construyendo Trump: una policía especial para los enemigos políticos con base racial, como es el ICE. Pero atención, Trump es una pantalla llena de debilidades, oculta lo que se está haciendo realmente: la torsión radical de un Estado al servicio de corporaciones neofeudales.

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