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PUNTO DE OBSERVACIÓN
Columna
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Unión Europea y Naciones Unidas, obligadas a defenderse

La cooperación y la colaboración siguen siendo valores a reivindicar frente al ultranacionalismo autoritario

Lo peor de los gobiernos de coalición PP/Vox que se pueden formar tras las elecciones autonómicas de este año (Aragón, Castilla y León, Andalucía) puede ser el uso de un lenguaje cuyo principal objetivo es normalizar lo que no es normal. La extrema derecha necesita instalar la idea de que el sistema de las democracias liberales es un sistema fallido y que son las democracias iliberales, como las que poco a poco reclaman espacio en muchas partes del mundo, incluida la Europa comunitaria, las únicas que pueden garantizar la estabilidad mundial. La extrema derecha nacida en Estados Unidos cuenta con un programa claramente definido, tanto por la Fundación Heritage, que proporciona miles de millones de dólares para el apoyo, publicidad y defensa de todos los grupos que se adhieren a su programa, como por el propio documento de Estrategia de Seguridad Nacional de la Administración de Trump, que ya dejó claros sus objetivos nacionalistas, culturales e identitarios.

Frente a ese despliegue de un vocabulario agresivo es importante que los demás grupos comprendan la necesidad de huir del pesimismo y defiendan realidades políticas internacionales donde persiste la cooperación, el multilateralismo y la defensa del derecho internacional. El Gobierno español, con todos los problemas a los que hace frente, ha sabido, sin embargo, mantener clara su disposición a participar en los proyectos internacionales en defensa del derecho internacional. Es una buena noticia.

De hecho, la comunidad internacional dispone de ejemplos en los que se va dando marcha atrás a la visión ultranacionalista. El Brexit es un caso claro. El Gobierno laborista de Keir Starmer se ha acercado a la Comisión Europea y forma parte del grupo que, con Francia, Alemania e Italia, pretende mediar en la guerra de Ucrania a favor del presidente Volodímir Zelenski. Starmer, sin embargo, se encuentra en una posición interna muy debilitada y corre el peligro de que las elecciones municipales de este año alienten una rebelión interna dentro del laborismo, con la idea de sustituirle a medio mandato por otro político más capaz de enfrentarse al extremista Nigel Farage y su nuevo partido, Reform UK.

Por encima de todo, la Unión Europea y sus órganos de gobierno (Comisión y Parlamento) deben dejar claro que exigen el cumplimiento de sus normas y regulaciones internas, especialmente en todo lo relacionado con los gigantes tecnológicos estadounidenses, que pretenden actuar en el mercado europeo sin adaptarse a la Ley y al Reglamento de Servicios Digitales. De momento, está en vigor una multa de 120 millones de euros a X (antes Twitter) por incumplir obligaciones de transparencia. Será fundamental saber cómo acaba este episodio y hasta qué punto los abogados de X son capaces de frenar la aplicación de la ley europea. Esta será una de las primeras y más importantes batallas EE UU-UE.

La Unión Europea debería defender con todas sus fuerzas el papel de Naciones Unidas y no echarse atrás, como viene sucediendo, cuando la ONU es sometida a todo tipo de ataques por parte de la Administración de Trump. La defensa de la ONU incluye seguir aportando los fondos necesarios para hacer frente a los programas de solidaridad y defensa de los derechos humanos. Es verdad que el daño que ha producido la retirada de los fondos de Estados Unidos es enorme, pero aún lo será más si Francia, el Reino Unido o Alemania reducen también notablemente sus aportaciones a los fondos de Naciones Unidas destinados a ayuda humanitaria.

Las tensiones geopolíticas y la nueva reorganización del orden mundial están poniendo contra las cuerdas la estructura de cooperación al desarrollo que se configuró tras la Segunda Guerra Mundial, asegura un reciente informe de la ONU. El sistema multilateral liderado por Naciones Unidas durante los últimos 50 años se ve seriamente afectado por las nuevas políticas de algunos donantes tradicionales, especialmente Estados Unidos. “Han emergido otras prioridades, como la seguridad y defensa, que llevan a cambiar el papel que la cooperación al desarrollo y, especialmente, la ayuda humanitaria han venido jugando en el escenario internacional”. La Unión Europea no puede aceptar esa nueva posición, porque de su defensa del orden mundial liderado por Naciones Unidas dependerá su propio futuro y la existencia de las democracias liberales.

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