Más allá de Torrente y Almodóvar: otras nueve batallas culturales que se libraron en la taquilla
El duelo de taquillas entre ‘Torrente presidente’ y ‘Amarga navidad’, azuzado por las redes sociales, es el último ejemplo de la batalla ideológica llevada a las butacas del cine. Pero lleva ocurriendo desde los años sesenta


Como vivimos un momento en el que cualquier anécdota puede provocar una guerra cultural, el estreno de dos propuestas cinematográficas esperadísimas no iba a ser ajeno a la polémica. Y más cuando las películas son taquilleras y supuestamente opuestas, aunque las dos tienen muchos puntos en común: al frente están dos nombres capaces de llevar masas a los cines, Santiago Segura y Pedro Almodóvar, que a su vez son dos personas a las que se escucha cuando hablan porque no suelen dar puntada sin hilo.
Sus estilos son antagónicos, aunque no tanto. Almodóvar está muy lejos de los tiempos en los que en sus películas se cantaba “Te quiero porque eres sucia, guarra, puta y lisonjera, la más obscena de Murcia y a mi disposición entera” o se hablaba de erecciones generales y monjas yonkis, pero también el Segura actual y su cine familiar tienen poco que ver con el director que rodó los cortos Evilio o Perturbado. Lo que sí ha sido radicalmente opuesto es su manera de abordar la campaña promocional. Segura, consciente de que Torrente es una marca imbatible, no ha hecho promoción de una película de la que tan solo se sabía el título, aunque él mismo es una promoción ambulante. Sin embargo, tanto Almodóvar como las estrellas de su película se han prodigado bastante. Es pronto para hacer un balance de sus resultados en taquilla, pero con sus dos millones de espectadores en apenas tres semanas, parece claro que Segura se ha impuesto claramente. Esto siempre pensando en el mercado patrio; fuera es otro cantar. No es la primera vez que dos películas con vocación de taquilleras coinciden, ni la primera vez que le pasa a Almodóvar. Estos son algunos ejemplos anteriores.
Mentiras y gordas VS Los abrazos rotos: el duelo patrio
Pedro Almodóvar ya vivió en 2009 otro duelo con una cinta taquillera que funcionó asimismo como excusa para que sus odiadores (en 2009 todavía no se llamaban haters) se diesen un festín. El manchego estrenó ese año Los abrazos rotos, la historia de un escritor ciego enfrentado con los demonios de su pasado, con Lluis Homar y Penélope Cruz como protagonistas. Una narración sombría sobre el destino y la culpa que se enfrentó en taquilla con una historia juvenil y hormonada en la que no había grandes nombres, pero sí algo igual de importante: una pléyade de rostros televisivos popularísimos por entonces y hoy estrellas, como Mario Casas, Ana de Armas, Yon González, Hugo Silva o Asier Etxandia. Mentiras y gordas ofrecía lo mismo que las series que los adolescentes veían en televisión en ese momento: sexo y juergas. Dirigían Alfonso Albacete y David Menkes y el guion lo firmaba la que luego sería ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde.

El resultado: En el primer fin de semana, Mentiras y gordas se encaramó en el primer puesto de la taquilla, arrebatándole esa posición a Los abrazos rotos, que se había estrenado justo una semana antes. Según la web del Ministerio de Cultura, durante su paso por los cines españoles recaudó 4.282.941,41 millones, superando por muy poco los 4.115.027,34 de Los abrazos rotos. Ambas muy lejos de los 20 millones que recaudó Ágora de Alejandro Amenábar, el gran éxito del cine español de 2009. Pero a estos datos hay que sumarles la recaudación en el extranjero y ahí es donde la marca Almodóvar se hace valer, ya que con casi los ocho millones que recaudó fuera de España llegó casi a 13. Un dato impulsado por su paso por Cannes y sus nominaciones al BAFTA y al Globo de Oro.
Barbie VS Oppenheimer: el Barbenheimer
No consta a quién se le ocurrió, pero el afortunadísimo término Barbenheimer se ha impuesto para definir el duelo en taquilla de dos titanes. Se originó en 2023 para definir la pugna entre la llegada a la gran pantalla de la vida de la muñeca más célebre de la historia, la rubísima y esbeltísima Barbie, y la biografía de Robert Oppenheimer, la mente tras la bomba atómica, adaptada por Christopher Nolan. El 21 de julio fue la fecha elegida para una batalla con contendientes tan dispares. No fue una lucha encarnizada, sino que se aprovecharon mutuamente para llevar espectadores al cine. Pura simbiosis. En lugar de rivalidad, entre ambos filmes había camaradería fomentada especialmente por sus futuros espectadores, que convirtieron la pugna en una sucesión de memes que intercambiaban los elementos más reconocibles de ambos filmes. La discusión en redes no era cuál iba a ser mejor, sino en qué orden habría que verlas y recomendaciones para poder asistir a las dos sesiones el mismo día.

El resultado: La imagen del verano de 2023 fueron las colas en los cines con miles de personas vestidas de rosa. La campaña publicitaria de Barbie saturó el mercado con una promoción a la altura de la expectación generada. No había ninguna alfombra roja en la que no nos encontrásemos con el Pantone 219C de Margot Robbie y la perpetua incomodidad de Cillian Murphy. Tras un estreno que superó todas las expectativas, la crítica trató bien a ambas, quizás un poco mejor a la cinta de Nolan, por la que también se decantaron los premios: 13 nominaciones y siete Oscars para Oppenheimer, frente al único premio de Barbie, el Oscar a la mejor canción. Un ninguneo que muchos ya habían barruntado ante la ausencia de Greta Gerwig y Margot Robbie entre las nominadas a dirección y actriz principal. Pero Barbie se resarció en la taquilla. Mientras Oppenheimer se quedaba a las puertas de recaudar 1000 millones de dólares en todo el mundo, Barbie llegaba a los 1500. Cifras desmesuradas que confirmaban el fin del efecto devastador del covid en las salas de cine y permitieron que la industria volviese a coger aire. Ese duelo lo ganaron los espectadores.
Wicked VS Gladiator 2: Brujas contra gladiadores
Si el Barbenheimer había funcionado, ¿por qué no sacarse de la manga el Glicked? Eso pensaron los que un par de años después del bombazo de las películas de Gerwig y Nolan intentaron revivir el fenómeno con Wicked y Gladiator 2. Dos propuestas que, al igual que las anteriores, no podían ser más opuestas. Wicked llevaba a la gran pantalla el megaéxito de Broadway que adaptaba, y dulcificaba, la novela de Gregory Maguire sobre la historia (nunca contada) de las brujas de Oz, y Gladiator 2 retomaba la historia que en 2000 había dirigido Ridley Scott con Russell Crowe como protagonista. La secuela de Gladiator tenía como aval los cinco Oscars de 12 candidaturas que había cosechado su predecesora y Wicked un libreto repleto de éxitos y a sus protagonistas. Cynthia Erivo y Ariana Grande eran Elphaba y Glinda y a su lado cantaban y bailaban Jonathan Bailey, el hombre más sexy del mundo según People, la oscarizada Michelle Yeoh, Jeff Goldblum y la estrella de Saturday Night Live Bowen Yang. En la nueva entrega de Gladiator, dos décadas después de escuchar aquello de “Me llamo Máximo Décimo Meridio”, descubríamos a un nuevo y heróico gladiador con ansias de venganza, una música conocida que incorporaba otro gran atractivo, la presencia de Denzel Washington. En principio iba destinada a un público opuesto al del musical, aunque Paul Mescal y Pedro Pascal en falda romana igual comparten más fandom con Wicked del que pueda parecer a priori.

El resultado: Al contrario de lo que sucedió con el Barbenheimer, Glicked no se estrenó exactamente el mismo día; el musical llegó una semana después y arrasó en las taquillas de medio mundo. Para quienes conocían su implantación en la cultura popular del mundo anglosajón, esos datos no resultaron sorprendentes. Desde que se anunció su rodaje, las redes se llenaron de memes en rosa y verde, propuestas de casting y fans berreando Defying Gravity. La taquilla estuvo acorde con el entusiasmo despertado: recaudó 750 millones frente a los 460 de Gladiator. Sí sorprendió que la crítica prefiriese el film de Jon M. Chu antes que el de Scott. También los Oscars que le otorgaron diez nominaciones a la primera por tan solo uno del retorno de Gladiator, que únicamente despertó interés en el área de vestuario. Un botín muy escaso para una secuela tan esperada.
Superman VS Los 4 fantásticos: Marvel y DC, frente a frente
Con escaso margen de diferencia, en el verano de 2025 se enfrentaron los reinicios de dos franquicias rompetaquillas. Por una parte, Disney daba el pistoletazo de salida a la Fase 6 del Universo Cinematográfico Marvel con Pedro Pascal, el hombre que en 2025 estaba en todas partes, como principal reclamo. Los cuatro fantásticos llegaba como una superproducción destinada a hacer olvidar los fracasos de las adaptaciones previas de los personajes creados por Stan Lee y Jack Kirby. En la otra esquina del cuadrilátero, DC, el otro gigante del cómic, sentaba al héroe por antonomasia: Superman. El vecino de Krypton volvía remozado con los rasgos de David Corenswet, cuya misión más complicada no era vencer a Lex Luthor, sino al recuerdo de Henry Cavill. Pero quizás la mayor estrella estaba tras las cámaras: DC había arrebatado a Marvel a James Gunn, el artífice del éxito de Guardianes de la galaxia. Y por si el hombre de acero no fuese lo suficientemente atractivo, incorporaron al perro Krypto, uno de los grandes atractivos del film, y, en una breve aparición, a Supergirl, un nuevo personaje destinado a tener su propia saga.

El resultado: Decepcionante para ambas. La nueva entrega del universo Marvel superó en su primer fin de semana en salas a Superman, pero la taquilla a nivel internacional dio la victoria final al de Krypton, que cosechó 618 frente a los 520 millones de dólares de Los cuatro fantásticos, según datos de Box Office Mojo. Buenas cifras si no se tienen en cuenta sus descomunales presupuestos y que las películas de Marvel suelen superar holgadamente los mil millones y la más exitosa de DC fue la Aquaman de Jason Momoa con 1.149 millones.
El planeta de los simios VS 2001: una odisea del espacio: perspectivas de futuro
Si el mayo de 1968 iba a ser recordado como el de la revolución de los estudiantes parisinos, el abril de 1968 es recordado por enseñarnos cuán pesimista podía ser ese futuro que los jóvenes franceses idealizaban. En su primera semana, 20th Century Fox y Metro Goldwyn Mayer estrenaron dos hitos de la ciencia ficción: El planeta de los simios y 2001: Una odisea del espacio. La primera tenía un atractivo obvio, Charlton Heston, el mismísimo Moisés de Los diez mandamientos, una gran estrella capaz de atraer masas a los cines. Ese atractivo fue el que hizo posible que llegase a la pantalla un proyecto en el que pocos creían, la historia de un astronauta estadounidense que aterriza en un planeta donde los simios tienen esclavizados a los humanos. El guion tenía muchos puntos a favor, especialmente un final impactante que está entre los más icónicos de la historia del cine, pero el temor a que el maquillaje de los simios provocase risas era uno de los mayores miedos de la productora. Si el resultado de la cinta de Franklin J. Schaffner era un misterio, más aún el del extraño proyecto que preparaba el británico Stanley Kubrick. Una película en la que también había simios, pero ninguna estrella destacable, con un presupuesto que no hacía más que aumentar y cuyo guion llevaba escribiéndose años y siguió haciéndolo incluso después de su estreno.

El resultado: Empate. Ambos hitos de la ciencia ficción, sorprendentemente, gustaron tanto a la crítica como al público y se convirtieron en clásicos instantáneos. A las dos les ayudó el boca a boca y 2001: una odisea del espacio acabó llegando al número uno de la taquilla americana dos meses después de su estreno. Las dos se colaron entre las más taquilleras del año y han seguido acumulando espectadores en cada uno de sus reestrenos. A día de hoy, la película de Kubrick ronda los setenta millones de dólares recaudados, mientras que El planeta de los simios solo supera escasamente los treinta, pero sus secuelas y reinicios la convierten en la saga cinematográfica de ciencia ficción estadounidense más longeva.
Cazafantasmas VS Gremlins: risas y terror al asalto de la taquilla
Si los preadolescentes cinéfilos de los ochenta tuvieran que elegir su día favorito de la historia, tal vez sería el ocho de junio de 1984. Fue el glorioso momento en el que llegaron a los cines Cazafantasmas y Gremlins, dos de las películas más relevantes de la década. Y pudo haber una tercera: Top Secret estaba programada para ese mismo día, pero finalmente Paramount entró en razón y la pospuso un par de semanas (con lo que acabó topándose con Karate Kid). La competición entre el film de Ivan Reitman con Dan Ackroyd y Bill Murray a la cabeza y las criaturitas de Joe Dante iba a ser encarnizada. Ambas tenían muchas similitudes: combinaban ciencia ficción y terror, en una se salvaba Nueva York y en otra el idílico y ficticio pueblo de Kingston Falls, y en las dos triunfaba el bien. Una tenía a Moqueador y la otra a Gizmo y las dos contaban con merchandising a raudales. Pero sobre todo las dos tenían como objetivo idéntico público: los jóvenes, el segmento más codiciado, pero sin descuidar al resto de la familia. Era cine para adolescentes que no aburría a los adultos. De hecho, hubo muchas quejas de padres horrorizados por las escenas excesivamente descarnadas de Gremlins.

El resultado: Victoria para Cazafantasmas. Con rostros tan populares como Ackroyd y Murray, más Sigourney Weaver y la pegadiza canción de Ray Parker Jr. Cazafantasmas partía con ventaja y fue la que se encaramó en lo más alto de la taquilla. Gremlins, por su parte, nunca pudo pasar de un honroso segundo puesto. La primera acabó recaudando casi trescientos millones y dando lugar a una secuela y dos reboots, mientras que Gremlins recaudó algo más de la mitad, suficiente como para que su segunda parte fuese inevitable. Para alegría de muchos, acaba de anunciarse una tercera que volverá a contar con el tándem Spielberg-Columbus al frente.
Armageddon y Deep Impact: el fin del mundo por duplicado
Que el temor al efecto 2000 y al fin del milenio estaba en el aire lo evidencian dos superproducciones que en 1998 hablaban sobre salvar a la humanidad de la catástrofe. Deep Impact y Armageddon contaban lo mismo y su estreno casi simultáneo pertenece al fenómeno llamado “películas gemelas”: producciones con una temática similar que coinciden en la pantalla, véanse Hormigaz y Bichos o Dante’s Peek y Vulcano. En este caso, la similitud estaba en la Tierra siendo amenazada por un cuerpo celeste que se acercaba inexorablemente y amenazaba con no dejar ni rastro de humanidad en el planeta. Deep Impact, que llegó primero, estaba dirigida por Mimi Leder —una anomalía en los noventa que tristemente todavía resulta llamativo: dejar presupuestos tan elevados en manos de mujeres— y contaba con Robert Duvall y Morgan Freeman como principales reclamos. Armageddon, por su parte, tenía al frente al dúo experto en explosiones Michael Bay-Jerry Bruckheimer y a Bruce Willis y Ben Affleck en el reparto. Amenaza planetaria aparte, son radicalmente distintas; mientras la de Mimi Leder pone el foco en los conflictos morales de los protagonistas, Bay lo sitúa en los músculos resplandecientes de Ben Affleck y en la bravuconería de Willis. Tampoco el nivel de espectáculo es el mismo; en Armageddon hay acción constante, marca de la casa, y un tema imbatible, el I Don’t Want to Miss a Thing de Aerosmith. Mientras que el punto fuerte de la de Leder es una ola majestuosa que aparece casi al final —y, vista hoy, una dignidad en la Casa Blanca más impactante que cualquier asteroide furioso—.

El resultado: A pesar de que la memoria colectiva prácticamente ha borrado Deep Impact, su resultado en taquilla fue bastante digno. Recaudó trescientos cincuenta millones frente a los quinientos cincuenta que acumuló Armageddon.
Mamma Mia! y El caballero oscuro: aquel primer Barbenheimmer
De haber existido las redes sociales en 2008, tal vez el enfrentamiento entre Mamma Mia! y El Caballero Oscuro (otra vez Nolan por medio) podría haber sido el primer Barbenheimer. Es difícil saber cuál habría sido su acrónimo, pero es innegable que ambos fenómenos tienen mucho en común, al margen de uno de sus directores. Una versa sobre un hombre oscuro y atormentado, la otra está protagonizada por una rubia dicharachera y ambas eran acontecimientos muy esperados. Batman volvía por la puerta grande de la mano de un director de prestigio y con Christian Bale dispuesto a hacer olvidar al fandom el paso por la saga del murciélago de los olvidables Val Kilmer y George Clooney. Y si la intensidad de Bale no era suficiente, ahí estaban un grupo de secundarios de campanillas encabezado por un Heath Ledger que ganó el Oscar póstumamente por su interpretación del Joker, Gary Oldman, Michael Caine y Morgan Freeman. Mamma Mia! por su parte tenía una baza insuperable, los hits de ABBA, y si eso no era bastante, allí estaba también Meryl Streep y sus más de veinte nominaciones al Oscar como aval, además Colin Firth, Pierce Brosnan, Stellan Skarsgård y Amanda Senfried flanqueándola. Un duelo en la cumbre.

El resultado: El Caballero Oscuro superó ampliamente a Mamma Mia! desde el primer fin de semana y así se mantuvo. Algo en lo que también influyó la diferencia de sus presupuestos. Nolan contó con 185 millones de dólares para El Caballero Oscuro y Phyllida Lloyd con poco más de 50 millones para Mamma Mia! Lo que repercutió en la promoción, los anuncios del nuevo Batman eran omnipresentes mientras que Mamma Mia! se basaba en el boca a boca. Durante toda su exhibición en cines, El Caballero Oscuro se impuso claramente recaudando más de mil millones de dólares en taquilla, mientras que Mamma Mia! tuvo que conformarse con cerca de seiscientos. Cifras mareantes que, como en el caso del duelo entre Nolan y Gerwig, se lograron gracias a la retroalimentación entre ambas. Los Oscars también se decantaron por Nolan, El Caballero Oscuro recibió ocho nominaciones y Mamma Mia! una… pero al Razzie a peor actor secundario para Pierce Brosnan.
Star Wars: El ascenso de Skywalker VS Cats: todos pierden
Pocas veces dos películas más esperadas defraudaron tanto a sus fans y cosecharon un resultado tan desigual. En las navidades de 2019 llegaron a la pantalla la última entrega de Star Wars y la adaptación del musical Cats. La saga galáctica se despedía, por el momento, con JJ Abrams a los mandos y Adam Driver y Daisy Ridley como protagonistas y antagonistas. Rey contra Ren, la lucha entre la luz y el lado oscuro de la fuerza. Lo de siempre, pero remozado para atraer a más público. Y luego estaba Cats. Si ni siquiera era consciente de que ha habido una adaptación cinematográfica del musical inspirado en un poema de Eliot, no es el único, y los que son conscientes han intentado olvidarlo. Sobre el papel, adaptar uno de los musicales más premiados de la historia, con temas tan reconocibles como Memory en su libreto y estrellas como Judi Dench, Idris Elba y Taylor Swift era un acierto seguro, pero una vez que las primeras imágenes salieron a la luz se convirtió en papel mojado. Lo peor es que no se alejaba mucho del montaje teatral de Andrew Lloyd Webber; lo malo es que las personas disfrazadas de animales en un teatro resultan más digeribles que en pantalla y, si para rematar los efectos especiales son mediocres, el rechazo es aún mayor. Y los de Cats no es solo que fuesen malos, es que ni siquiera estaban terminados cuando se estrenó la película.

El resultado: Ni la crítica ni los espectadores se entusiasmaron demasiado con la última entrega de Star Wars, pero no fueron tan vehemente como con Cats. La taquilla también dictó sentencia a su manera, la megaproducción Star Wars recaudó mil millones de dólares, una cifra astronómica, pero notablemente inferior a la del episodio anterior que superó los mil trescientos, mientras que Cats recaudó unos tristes 75 millones, lo que la convirtieron en una de las producciones más ruinosas del cine moderno.
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