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Tres discos a cambio de salir de la cárcel: así fueron los últimos meses de 2Pac, a 30 años de su asesinato

El álbum ‘All Eyez On Me’, que inauguraba el que prometía ser un 1996 glorioso para el rapero, pasó a la historia primero por la visceralidad de sus letras y luego por convertirse en la última publicación del controvertido artista en vida

Tupac Shakur en una fiesta en Nueva York en abril de 1994.Ron Galella, Ltd. (Ron Galella Collection via Getty)

Para algunos, el acuerdo que Tupac Shakur (Nueva York, EE UU, fallecido a los 25 años en 1996) firmó con la discográfica Death Row Records representó su sentencia de muerte. Para el rapero, suponía la libertad. Shakur llevaba ocho meses en la cárcel, culpable de abusar sexualmente de una mujer entre él y otros hombres. El 12 de octubre de 1995, el artista conocido como 2Pac salió de prisión después de que el jefe de la discográfica pagara una fianza de casi un millón y medio de dólares, con el compromiso de grabar tres discos para el sello. Al día siguiente, se puso manos a la obra y acudió al estudio para iniciar las sesiones de su trabajo más ambicioso: All Eyez On Me, álbum doble de 27 cortes y más de dos horas de duración. Publicado en febrero de 1996, hace treinta años, obtuvo críticas excelentes y sigue siendo el disco más vendido de su carrera, considerado uno de los mejores de la historia del género.

Durante su encierro, 2Pac se había convertido en el primer artista en lograr un número uno en ventas estando en prisión: Me Against The World (1995), grabado en las semanas previas a su ingreso, desbancó a todo un Bruce Springsteen de lo alto de las listas. Las esperanzas de que el éxito le ayudara a enderezar su carrera y rehacer su vida se disiparon cuando decidió asociarse a uno de los personajes más tóxicos y denostados de la escena de entonces, Suge Knight, el capo al frente de Death Row. Gran referencia del hip-hop de la costa oeste estadounidense (el entorno californiano), donde militaban Dr. Dre, Snoop Dogg, MC Hammer o Big Daddy Kane, Death Row venía precedido por el terrorífico historial del cabecilla, que incluía extorsiones, tráfico de drogas, palizas y asociación criminal.

Al otro lado, en la costa este, con la autoridad que confería a Nueva York ser cuna de aquella música y cultura, se alzaba Bad Boy, la discográfica de Sean Combs, alias Puff Daddy. No solo eran rivales comerciales. Su artista insignia, The Notorious B.I.G., había pasado de amigo a enemigo declarado de 2Pac a raíz del tiroteo sufrido en noviembre de 1994, que el cantante de California Love creía, sin pruebas aparentes, relacionado con el círculo de Notorious.

Cuando, en prisión, 2Pac supo del tema Who Shot Ya? (¿Quién te disparó?), publicado en febrero de 1995, donde daba la impresión de que Biggie se mofaba del incidente, el rapero prepararía su respuesta. Suge Knight estaría encantado de capitalizarla para asestar un golpe a los neoyorquinos. Entraban en fase de guerra total.

Nacido para luchar

Una diferencia notable entre 2Pac y Notorious, más allá del deterioro de su amistad, era el interés del primero por los temas sociales, como crónica de las experiencias de un ciudadano negro que crece en un país como Estados Unidos. Ese ánimo de plantarse y denunciar las injusticias lo había incubado en casa. En el documental Tupac: Resurrection (2003), nominado al Oscar, se construía a partir de fragmentos de entrevistas una narración biográfica de 2Pac en primera persona, donde una de las primeras lapidarias frases que espetaba era: “Ya mi feto estuvo en la cárcel”. Se refería a la estancia en prisión de su madre, Afeni Shakur, embarazada, debido a su militancia en el Partido de las Panteras Negras y una supuesta conspiración para atentar en comisarías, algo que se demostró fabricado por policías infiltrados en el movimiento antirracista.

Afeni Shakur se dedicó después a asesorar a vecinos del barrio del Bronx y ofreció apoyo en materia de derecho laboral, si bien poco a poco acabó enganchada al crack. Su conducta errática y la ausencia de un padre, a quien apenas vio unas veces en su vida y no lo reconoció legalmente, provocaron que atravesara una infancia inestable, si bien prestó apoyó a su madre en los esfuerzos por rehabilitarse y le dedicaría una canción alabando su espíritu de lucha, Dear Mama.

Esas crudas vivencias, lejos de abocarle a la marginalidad, fueron fundamento para el discurso consciente que ya en la adolescencia esgrimía, para sorpresa de sus profesores, sobre las desigualdades sociales y la situación de abandono de parte de la población negra. 2Pac llegaría a decir que sus letras cumplían la misma función que los reportajes que mostraron el infierno de la guerra de Vietnam, al revelar al mundo la realidad de los guetos. El primer sencillo de su carrera fue una declaración. Lejos de las coordenadas de lo que ninguna emisora vería como comercial, la canción Brenda’s Got A Baby contaba la historia basada en hechos reales de una chica de 12 años embarazada de su primo que, por vergüenza, oculta el bebé, lo tira a la basura e intenta conseguir dinero de la cocaína y la prostitución.

En la película también titulada All Eyez On Me (2017), los primeros momentos de éxito del cantante son vistos con suspicacia por Afeni: le alerta de que el poder tiene capacidad no ya de destruir a sus insurrectos, sino de ponerles a mano las herramientas para que se autodestruyan ellos. Hablaba desde la experiencia. Aunque la película decepcionó a los seguidores por la floja representación de una de las personalidades más carismáticas del rap, se proponía un paralelismo entre los trabajos de contrainteligencia llevados a cabo para desarticular a las Panteras Negras y la silenciosa penetración de los tentáculos represivos en el panorama contestatario.

El artista tuvo varios choques con la policía, desde la paliza que recibió a manos de unos agentes por cruzar la calle sin utilizar el paso de peatones hasta un tiroteo del que salió absuelto, porque los oficiales portaban armas robadas y habían mentido en la investigación. 2Pac también creía que Jacques Agnant, uno de los agresores sexuales que estaba con él la noche por la que cumplió condena, era un agente federal encubierto. Pese a ello, en Death Row se daba una inusitada convivencia con otros policías que ganaban otro sueldo ofreciendo seguridad al mafioso Suge Knight y su discográfica. Algunos habían sido sentenciados por corrupción. El pequeño dispositivo destinado a proteger a 2Pac la noche de su asesinato ha dado pie a teorías sobre supuestos planes, algo alimentado por la sensación de que las autoridades pusieron poco empeño en indagar: el tiroteo que acabó con la vida de Shakur tuvo lugar el 7 de septiembre de 1996, pero no ha habido un primer detenido hasta 2023.

El día de su asesinato, Tupac vio junto a Suge Knight un combate de Mike Tyson en Las Vegas. Más tarde, acompañados de más personas relacionadas con el capo, tuvieron un altercado con un tal Orlando Anderson, al que Tupac atacó debido al supuesto robo de la cadena de un amigo. Anderson pertenecía a una pandilla, los Crips, enemistada con los Bloods, grupo de Los Ángeles al que estaba adscrito Knight, que contaba con otros tantos matones de esa tribu en Death Row. Más adelante, Tupac viajaba de copiloto en un coche con Knight para continuar la fiesta, cuando, en un semáforo, otro vehículo con cuatro ocupantes se detuvo a su lado y disparó. Knight fue herido superficialmente, pero el rapero moriría seis días después, el 13 de septiembre, en el hospital. Tanto este asesinato como el de The Notorious B.I.G., un año después, se enmarcaron dentro de la guerra entre costas, a la que 2Pac había echado más leña ese verano con Hit ‘Em Up, agresiva canción contra su colega, donde se jactaba de haberse acostado con su mujer.

La policía no relacionó nunca la muerte de 2Pac con el incidente previo. Todo dio un giro cuando un exmiembro de los Crips, Duane Davis, considerado persona de interés desde años atrás, tuvo la ocurrencia de publicar sus memorias. En Compton Street Legend (2019) relataba alegremente cómo consiguió el arma homicida, cómo se la había proporcionado a su sobrino (ni más ni menos que Orlando Anderson, fallecido en otro tiroteo en 1998) y quiénes iban en el Cadillac desde el que se disparó a 2Pac. La policía de Las Vegas defiende ahora que Anderson fue el asesino, con la venganza como móvil, y Davis el autor intelectual. El pandillero, en prisión sin fianza, está a la espera de juicio, aunque se ha retractado y asegurado que escribió el libro por la fama.

Thug life 

La posible implicación de Suge Knight ha sido motivo de especulación desde entonces. 2Pac cumplió su parte: entregó tres discos, los dos que integraban All Eyez On Me y otro que quería publicar bajo el nombre artístico Makaveli, The Don Killuminati: The 7 Day Theory, que salió póstumamente en noviembre de 1996. Entre los motivos sugeridos se encuentra la voluntad de 2Pac de recobrar su independencia una vez completado el acuerdo o un deseo de monetizar el martirio de su artista más famoso. Figuras como Snoop Dogg (cuyo primer porro, ha admitido, se lo dio a probar 2Pac) han apuntado a Knight como responsable. Su negativa a cooperar –ha descartado que Anderson fuera el asesino, pero tampoco ha querido testificar al respecto– o un currículo que no hace más que empeorar –ahora está en prisión por homicidio– apuntalan esta creencia. Sin embargo, no ha sido acusado ni hay pruebas convincentes contra él, que siempre ha defendido que era el auténtico objetivo de los asesinos.

Al otro jefe de la guerra de costas, Sean Combs, no le va mejor. Davis, el detenido como autor intelectual del asesinato, le acusó de financiar la infraestructura del crimen. Desde 2018, Combs ha empezado a ser visto como el personaje siniestro que era: cumple pena de cárcel por dos delitos de transporte para ejercer la prostitución y se enfrenta a cientos de demandas de personas por drogarlas y abusar de ellas, muchas menores en el momento de los hechos. Hace dos años, otra mujer presentó una denuncia de agresión sexual, malos tratos, detención ilegal y secuestro contra él, por unos sucesos de 2018: ella bromeó sugiriendo que Combs era el asesino de 2Pac, pero el productor montó en cólera y la atacó brutalmente.

La retórica que 2Pac enarboló en torno al thug life (vida de matón) se suele utilizar en su contra para describir su descenso a los infiernos. Pero, según él explicó en entrevistas, thug life no consistía en fomentar la delincuencia, sino apropiarse de la etiqueta que el poder blanco colgaba a la gente negra o justificar actos por necesidad, como la autodefensa o el robo. Sus claroscuros son lo que ha hecho tan difícil a lo largo del tiempo encapsular lo que el rapero realmente representó, más allá de su inabarcable influencia.

Uno de los autores que mejor lo ha logrado ha sido el italiano Antonio Solinas, responsable de la novela gráfica Tupac Shakur: Solo Dios puede juzgarme (editado en España por La Otra H en 2022). “Tupac era un personaje complejo”, dice Solinas a ICON. “Poeta y gánster, amigo generoso y enemigo despiadado, amante de las mujeres pero también un poco misógino, rapero callejero pero también activista. En el caso de Tupac, paradójicamente, al mainstream estadounidense le resultaba más fácil vender la faceta de gánster nihilista que la de activista político y, por lo tanto, el sistema fue desnaturalizando poco a poco esa parte más indomable de su discurso. Creo que, más allá de las lecciones que hay que aprender del trágico final de Pac, basta con fijarse en su obra (y en lo que está pasando estos días en Estados Unidos) para comprender lo necesario que es razonar siempre en términos políticos respecto a las disfunciones estadounidenses”.

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