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El santuario de ovejas gais alemán cuya lana se hila en España y desfila en Nueva York: “Fue difícil convencer al mundo de que esto no era un chiste”

Las ovejas macho que prefieren copular con otros machos suelen ser sacrificadas, ya que no sirven para la reproducción. Una pareja de granjeros alemanes ha creado un santuario para salvarlas y su lana ya ha llamado la atención de estilistas, marcas y celebridades

Ovejas gais

Michael Stücke (52 años, Westfalia) acaba de perder a su marido Jochen. Hace una semana se celebró el funeral. Los dos vivían apartados en una granja en Löhne, al noroeste de Alemania, y, sin embargo, la ceremonia se llenó hasta los topes. “Debíamos ser 250 personas, eso no es normal. En todas partes se hablaba de cómo consiguieron que una pequeña granja alemana se conociera en todo el mundo”, recuerda su amiga Nadia Leytes. En estos últimos años la pareja se había entregado en cuerpo y alma a un proyecto sin precedentes: crear el primer santuario de ovejas gais. La ausencia de Jochen es una baja insustituible, pero Michael no se va a quedar solo en esta misión. Bajo el nombre de Rainbow Wool le acompaña un colectivo que utiliza la lana de estas ovejas para luchar contra la discriminación que la comunidad LGTBI sigue sufriendo en muchos lugares del mundo.

Desde que empezaron en 2022 no han dejado de sumar entusiastas: el último, Michael Schmidt, estilista de Madonna o Cher, que hace dos meses organizó un desfile en Nueva York partiendo de esa misma lana. La historia de Rainbow Wool es, por tanto, la historia de ese hilo que acabó conectado a Michael, un granjero de Westfalia que pasa su vida entre ovejas, con Michael, un diseñador de Los Ángeles que pasa su vida entre estrellas. Entre los dos, se extiende una compleja red de apoyos y colaboraciones que lleva tres años tejiéndose a lo largo de distintos países como España. Sin embargo, el cabo del que parte toda esta historia no viene de una oveja, sino de un pingüino. En realidad, eran dos, Skipper y Ping, y también eran gais.

“Cada vez que lo recuerdo me echo a llorar. La moda no es mi mundo, pero fue muy emocionante ver cómo nuestra lana se convertía en una propuesta tan atrevida”

“Adoptaron a otro pingüino en el zoo de Berlín, salieron en todas las noticias y eso me llevó a pensar en otros animales gais”, explica Leytes, que, además de amiga de la pareja, es cofundadora del proyecto. Hacía años que los conocía: no vive muy lejos de ellos y un domingo, buscando algo que hacer, dio con las actividades que ofrecían en su granja. “Siempre me sorprendió que Michael y Jochen viviesen tan abiertamente. En el campo eso es muy raro. Como tenían tantas ovejas, un día le pregunté si existían las ovejas gais”, recuerda.

A Stücke la pregunta le descolocó: “Pero al instante dije que sí”, explica. “Hay todo tipo de animales. Después me enteré de que las ovejas gais se han investigado mucho y aún así los granjeros las siguen tratando como un problema”. Juntos descubrieron que estas ovejas, que tienen tendencias a copular con otros machos y no con hembras, suelen acabar sacrificadas al no cumplir con su misión reproductiva. Lo que no hubiera esperado nunca es que Leytes le propusiera salvarlas del matadero. Para Michael esto implicaba enfrentarse de nuevo a los prejuicios del mundo rural más conservador. “Crecí en una granja. Un modo de vida que te ancla mucho, pero también te limita. Cuando salí del armario con 24 años fue muy doloroso, perdí muchos amigos. No fue nada dramático, simplemente sentías el silencio, la distancia. También dejé la granja de mis padres porque era imposible quedarse allí. Para la gente gay vivir en el campo puede ser muy duro”, recuerda.

La oveja Madonna

Después de muchos años había conseguido vivir tranquilo en su propia granja con Jochen y, aún así, se lanzó a la aventura. Como presentía, la iniciativa de rescatar a estas ovejas no sentó bien. “Nos criticaron mucho. Fue muy difícil convencer a la gente de que no era un chiste, ni nada perverso, y que tampoco les queríamos dejar mal a ellos”, explica Leytes. Empezaron pujando en las subastas de los criadores para arrebatárselas a los mataderos, pero lentamente su mensaje fue calando y consiguieron que algunas casas les contactasen directamente. En total, consiguieron 21 ovejas rebautizadas con nombres icónicos para el colectivo LGTBI como Madonna, El príncipe Wooliam o Jean Wool Gautier, a las que se puede apadrinar a través de su web. Entre los cientos de ovejas hembras de su granja, Stücke le hizo un hueco a este rebaño fundador y pronto descubrió sus beneficios.

“Siempre me sorprendió que Michael y Jochen viviesen tan abiertamente. En el campo eso es muy raro. Como tenían tantas ovejas, un día le pregunté si existían las ovejas gais”

“Fundé mi granja justo por esto, para reclamar un espacio, para mí y para los animales. Quería demostrar que era posible trabajar en otro tipo de agricultura. Además apareció una ventaja muy práctica: las hembras dejan de producir lana durante el embarazo, pero los machos no. Salvar a estas ovejas se traduce en una producción de lana constante, ética y sostenible”, defiende. Sin embargo, sus esfuerzos tenían un límite y Leytes recurrió a su empresa, la agencia de publicidad ServicePlan, para divulgar el proyecto y, sobre todo, conseguir procesar la lana y fabricar prendas con ella. En la elección de las ovejas no habían diferenciado entre razas y el reto era conseguir unir todas ellas, de las Shropshire a las de nariz negra de Valais, en un solo hilo. Para ello confiaron en uno de los países vecinos con más tradición lanera: España.

En concreto, la hilatura Jesús Rubio, ubicada cerca de Sabadell. “Es increíble que, después de todos los siglos que lleva existiendo la lana, a alguien se le ocurra una idea tan original”, cuenta Antonio Sebastia, técnico textil de la casa donde se coordinó todo el proceso. “En nuestro caso, no se parece en nada a lo que solemos hacer, trabajamos con hilos más gruesos para tapicería, moda y hogar”. Sin embargo, una vez asimilada la sorpresa inicial aplicaron su experiencia y lo trataron como un proyecto más. Se mandó a lavar en Palencia, después se peinó en Portugal y acabó en Sabadell para la confección del hilo y el doblado final, para conseguir el grosor deseado. “Cuando explicábamos el origen de la lana, al principio a algunos les parecía surrealista pero todos acabaron encantados”, puntualiza Sebastiá. También en Cataluña se realizó el tinte con los colores de la bandera arcoiris y los hilos se mandaron finalmente de vuelta. Con ellos se crearon pequeños complementos como parches, gorras o cordones y gracias a embajadores como Bill Kaulitz, vocalista del grupo Tokio Hotel, se empezó a darse a conocer más allá de Alemania.

De Nueva York a Westfalia

A más de 6.000 kilómetros, la granja de Stücke llegó a oídos del diseñador Michael Schmidt gracias a una conversación casual con una amiga y el estilista supo al instante que tenía que formar parte del proyecto. “Es un hecho que la homosexualidad se da en muchas ramas del reino animal y eso demuestra que es completamente natural. Este es un mensaje que la gente necesita escuchar ahora más que nunca. No elegimos ser gais, igual que tampoco lo hace una oveja o un pingüino. Debemos combatir la falsa narrativa de que ser gay es una elección, esa desinformación es la que conduce a la discriminación y la persecución”, explica Schmidt.

“Las hembras dejan de producir lana durante el embarazo, pero los machos no. Salvar a estas ovejas se traduce en una producción de lana constante, ética y sostenible”

Para adentrarse en el proyecto viajó hasta Löhne y pasó unos días en la granja de Michael. También él había crecido en una granja y, mientras hacían crochet, pasaron horas hablando de las diferencias entre sus vidas, pero también de las similitudes: la soledad, la resistencia, sus recuerdos como niños gais. De vuelta a Los Ángeles, empezó a rumiar qué podría hacer con la lana y finalmente se decantó por ir a lo grande: una colección entera de la mano de Grindr, aplicación de citas gais, que desfilaría por Nueva York.

“Las artistas con las que trabajo, como Madonna o Beyoncé, siempre intentan contar una historia sobre el escenario en tres actos. De ellas he aprendido que la narrativa es muy importante para comunicar un mensaje. Por eso no quería crear simplemente una colección de jerséis que se olvidara al día siguiente. Quería contar una historia que hablase de cómo los animales, y por extensión los humanos, son perseguidos por ser gais. Mi show refleja todas las maneras en las que el deseo homosexual se ha representado a lo largo de los siglos. Habla de la fantasía, la diversión, pero sobre todo la supervivencia”, explica.

El pasado noviembre en Nueva York presentó un desfile con el nombre I Wool Survive en el que se sucedían los atuendos de los típicos arquetipos gais, como el marinero, el motero o el policía, confeccionados al completo con la lana de Rainbow Wool y cosidos, en parte, por el propio Michael Schmidt. A Michael Stücke le hubiese encantado asistir, pero tuvo que resignarse, como gran parte de las redes sociales, a contemplar el furor que causó por internet. “Cada vez que lo recuerdo me echo a llorar. La moda no es mi mundo, pero fue muy emocionante ver cómo nuestra lana se convertía en una propuesta tan atrevida”, recuerda.

Mientras su gran proyecto alcanzaba su punto culmen, Stücke acompañaba a Jochen en la última etapa de su enfermedad. “Llevaba años luchando contra el cáncer. En diciembre pudo volver una última vez a casa y a principios de enero se fue en paz. Este proyecto coexistió siempre con su enfermedad, vivíamos juntos la alegría y el dolor. Jochen entendió lo importante que era y lo apoyó desde el primer día con un orgullo discreto, incluso cuando le fallaban las fuerzas”, confiesa.

A pesar de su duelo, Michael no tiene miedo a compartir su historia e insiste en contar todos los detalles: una de las consecuencias más gratificantes que le ha dejado el proyecto ha sido recibir los mensajes de otros granjeros a los que ha inspirado con su propia vida. “Muchos se han sentido identificados, gente queer de áreas rurales, granjeros que nunca pensaron que sus vidas importasen más allá de sus verjas. Este proyecto me ha enseñado que la vulnerabilidad se puede convertir en fortaleza cuando se comparte con otros”, cuenta.

A un mes del fallecimiento de Jochen, Stücke ya ha vuelto a hacer lo que mejor se le ha dado siempre: cuidar de su granja. El rebaño es ahora mucho más grande, de 20 las ovejas gais han pasado a 45 y tiene grandes listas de esperas para recibir más, pero su pasión sigue siendo la misma. “Mis días son muy prácticos y repetitivos, en el mejor sentido posible: alimentar al rebaño, cuidar de él, arreglar las vallas… Las ovejas te enseñan a ser paciente. Les da igual quién seas, solo les importa que estés ahí”.

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