La homosexualidad está presente en todos los grupos de primates: “Parece que surgió hace mucho tiempo”
Las relaciones con ejemplares del mismo sexo son más probables en especies con sociedades complejas o entornos más adversos


Las hembras de macaco japonés (Macaca fuscata) prefieren que las monten otras hembras. Rechazan los continuos acercamientos de los machos durante casi todo el año, salvo en la época de celo, que es cuando dejan que las cortejen. En el otro extremo del planeta, los macacos rhesus (Macaca mulatta) de sexo masculino de la isla de Cayo Santiago (Puerto Rico) copulan más con los de su género que con ellas. En ambos casos, la conducta homosexual no compromete la viabilidad de las poblaciones. Ahora, una revisión científica ha confirmado que la homosexualidad está presente en los cinco grandes grupos de primates. Estos comportamientos son más probables en especies con mayor dimorfismo sexual (la hembra o el macho es más grande), en las que forman sociedades complejas o las que se enfrentan a entornos más adversos.
Un tiempo atrás, los actos homosexuales entre animales del mismo sexo eran, incluso para los científicos, aberraciones, desviaciones o fruto de la inexperiencia y la confusión. No encajaban en una lectura integrista de las teorías de la selección natural o la evolución: un intento reproductivo con ejemplares del mismo sexo sería un desperdicio. Pero la verdad de la naturaleza se fue imponiendo. Partiendo de casos ocasionales que generaban sorpresa o rubor, la acumulación de estudios fue desmontando prejuicios. El sexo, también el animal, tiene otras funciones más que la mera reproducción. Por ejemplo, un amplio estudio con decenas de especies de mamíferos, publicado en 2023, mostró que la homosexualidad tiene una utilidad evolutiva.
Dentro de los mamíferos, el grupo más emparentado con los humanos es el de los primates, del que formamos parte. Son algo más de 500 especies y lo integran desde los minúsculos titíes hasta los lémures, pasando por los cercopitecos o los grandes simios. Una revisión de lo que sabe la ciencia sobre la homosexualidad en el orden de los primates, recién publicada en la revista científica Nature Ecology & Evolution, muestra que en 59 de ellas se han documentado conductas homosexuales. Los autores del estudio resaltan que la ausencia de registros no implica ausencia de conducta homosexual, puede ser que nadie la haya documentado.
Entre los practicantes, hay una gran variedad de frecuencias. Algunas especies de macacos encabezan el registro. “Tanto el número de casos como el esfuerzo de muestreo se extrajeron de la literatura existente con registros de comportamiento sexual entre ejemplares del mismo sexo (SSB, por sus siglas en inglés)”, cuenta en un correo la investigadora del Imperial College de Londres (Reino Unido) y primera autora de esta investigación, Chloë Coxshall. Al combinar los eventos observados con el tiempo dedicado a observarlos, buscaban evitar sesgos y medir mejor la relevancia de la conducta. “Por ejemplo, en los titíes comunes se registraron 5 casos de SSB, con métodos que indican 1.729 horas de muestreo (0,003 casos por hora de observación). En los macacos japoneses se registraron 16.354 casos de SSB en la literatura, con 5.900 horas de muestreo (2,77 casos por hora de observación)”, detalla Coxshall.

La comparación entre titíes y macacos japoneses tiene su relevancia. Los primeros forman parejas que viven aisladas unas de otras. Los segundos componen grandes grupos con una compleja estructura social. Esta revisión científica ha detectado que la homosexualidad es inexistente (no observada) o de baja frecuencia entre las especies en las que predominan la formación de díadas. Y es más frecuente en las que desarrollan su vida en comunidades de numerosos individuos. Pero hay otros factores que favorecen las relaciones homosexuales.
“La estructura social se perfila como el principal factor determinante”, dice Vincent Savolainen, director del Centro Georgina Mace para un Planeta Vivo del Imperial College y autor sénior de esta investigación. “En particular, la estructura del grupo tiene un efecto directo significativo en la conducta sexual entre ejemplares del mismo sexo: las especies que viven en grupos sociales más complejos tienen mayor probabilidad de exhibir [conductas] SSB”. Aquí encajan desde la mayoría de especies de macacos hasta babuinos y mandriles, pasando por los bonobos. Las diferencias de tamaño entre machos y hembras, como sucede con los gorilas de montaña, o la mayor esperanza de vida que tienen primates como los chimpancés, también son buenos predictores de que tienen comportamientos homosexuales.
Al comparar especies donde no se da la homosexualidad con las que tienen comportamiento homosexual más o menos frecuente, los investigadores encontraron un factor que puede englobar a casi todos los demás: el entorno. “Las SSB parecen estar influenciadas tanto por factores genéticos como ambientales. Por ejemplo, nuestra investigación previa con macacos de Cayo Santiago mostró una heredabilidad superior al 6% para la SSB entre los machos”, dice Savolainen. Pero reconoce el peso específico de los factores exógenos, ambientales. Así, las SSB son más probables en especies y poblaciones que enfrentan una mayor presión por parte de los depredadores, viven en entornos con un clima adverso o escasez de comida, como sucede con los monos de Gibraltar o macacos de Berbería.
Los autores de la investigación destacan que tanto los grupos con estructuras sociales complejas como los que enfrentan entornos adversos pueden provocar situaciones de estrés y conflicto. En este contexto, el sexo, de la orientación que sea, serviría como válvula de escape. Pero el comportamiento homosexual no se quedaría ahí. En el caso de los macacos de la isla puertorriqueña, por ejemplo, todo indica que los machos que se montan entre sí tienen más posibilidades de ayudarse en un conflicto futuro. Algo similar sucede con el sexo entre las bonobas, que las ayuda a mantener a los machos a raya.
José María Gómez es investigador de la Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA), instituto del CSIC. Es también el primer autor de aquel trabajo sobre la homosexualidad en los mamíferos. No relacionado con la investigación, valora que no solo rastrea la prevalencia del comportamiento homosexual en los diferentes linajes de primates, “sino que intenta ir más allá y evaluar qué factores han podido ayudar a que este comportamiento se exprese”, comenta. Resalta, por ejemplo, que la presencia y frecuencia de SSB depende de factores sociales y ecológicos, como la complejidad social, siendo dependiente del contexto. “Es decir, que no debemos pensar que existen individuos exclusivamente homosexuales, como ocurre en el ser humano, sino que pueden expresar comportamiento homosexual y heterosexual en diferentes momentos”, detalla.
Gómez coincide con los autores en que el origen de la homosexualidad en el reino animal se remonta al principio de los tiempos. El hecho de que se dé en especies separadas hace millones de años lo confirmaría. O se trata de un ancestro común o de emergencia múltiple pero independiente entre distintos taxones. “Si lo extendemos a todos los mamíferos, la SSB está distribuida entre grupos muy dispares y lejanos filogenéticamente”, recuerda el investigador de la EEZA. “Inferir el origen del comportamiento es difícil, pero parece que es un comportamiento que surgió hace mucho tiempo”, añade. Y concluye: “personalmente pienso que es una conducta muy lábil evolutivamente, que aparece y desaparece con facilidad a lo largo de la historia evolutiva de los linajes, y que además se expresa solo en condiciones específicas”.
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