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El mundo contra los veganos: ¿puede resistir el movimiento a la ola reaccionaria y a su propia crisis de fe?

Tras años de auge de las dietas veganas y vegetarianas, los datos revelan que el movimiento está en retroceso. Son malas noticias, pero no del todo

Veganos

Es paradójico: justo cuando los conservadores de media España se habían acostumbrado a que alguien en la mesa cenara un filete de seitán en Nochevieja en vez de cordero, pollo o bacalao, la llama del veganismo empieza a titilar. Aún es pronto para evaluar la consistencia del retroceso en el movimiento que rechaza el consumo de alimentos y artículos de origen animal. Las conclusiones de los estudios, en función de quién los encargue, apuntan en direcciones opuestas. En todo caso, de haber un descenso de la población veggie (incluye veganos, vegetarianos y flexitarianos), no es especialmente significativo. El cambio es más cualitativo que cuantitativo.

En agosto del año pasado, Financial Times publicó un artículo hablando de la “derrota vegana”. Mencionaban el caso del restaurante neoyorquino Eleven Madison Park, que tras la COVID-19 apostó por una carta completamente vegetal y que ahora ha reintroducido la carne en el menú. En otro artículo, otro medio anglosajón (donde hay una gran tradición vegetariana), The Guardian, sumaba más ejemplos como Unity Diner de Londres, famoso por su filete vegano impreso en 3D, y otros locales que, tanto en la capital británica como en otras partes del país, habían desaparecido.

El supuesto declive de ventas en cadenas como Beyond Meat e Impossible Foods, que elaboran hamburguesas veganas, es otro de los puntos tratados en el Financial Times. Según The Guardian, las ventas de alimentación vegana han caído un 13,6% interanual en Reino Unido. La empresa Meatless Farm cesó sus operaciones recientemente antes de ser rescatada de la administración concursal cuando su competidor, VFC, la adquirió, mientras que la marca vegana Oatly y el fabricante de alimentos Heck han reducido la producción de algunos productos.

El Financial Times menciona algunos veganos de renombre, como el criptoempresario Sam Bankman-Fried, hoy en prisión, o el exalcalde de Nueva York, Eric Adams, que al parecer fue pillado disfrutando de un plato de pescado. A esta lista se podría añadir el caso de la cantante Miley Cyrus, quien siguió una dieta vegana durante cerca de siete años y decidió abandonarla en 2021 al sentir que su cerebro no funcionaba correctamente. Reintrodujo el pescado en su alimentación, con el objetivo de recuperar nutrientes esenciales, como los ácidos grasos omega-3.

Una hamburguesa de "pollo vegano" fotografiada en 2022 en Nueva York.

La Asociación Vegana de Madrid coincide en parte con este análisis: “En los últimos años hemos observado un ligero retroceso en el número de personas veganas, así como un aumento de negocios 100% vegetales que han tenido que cerrar, algunos de ellos tras muchos años de actividad”. Los datos avalan esta opinión: tras años de crecimiento, entre 2021 y 2023, el número de veganos estrictos pasó del 0,8% al 0,7% de la población, según la Unión Vegetariana Española. El de la población veggie (que incorpora a vegetarianos y flexitarianos) pasó del 13% en 2021 al 11% actual.

Al mismo tiempo, afirman que cada vez existen más alternativas vegetales en los supermercados, tanto en grandes ciudades como en localidades más pequeñas. “También es más habitual que restaurantes no veganos incorporen alguna opción vegetal en sus cartas, aunque a menudo se presenta bajo la etiqueta de alternativa saludable más que como una propuesta completa y normalizada”, explican.

Esta paradoja, que descienda el número de veganos estrictos pero aumenten las opciones vegetales en restaurantes, se explica en parte por un cambio de foco hacia el bienestar. La renuncia total a los productos de origen animal ha perdido peso frente a una preocupación más amplia por la salud y la longevidad. Para muchos, el objetivo ya no es eliminar la carne, sino reducir el consumo de ultraprocesados. La idea de alimentación saludable se ha desplazado así del “menos carne” al “menos aditivos”. A ello se suman los discursos críticos con la dieta vegetal —desde su supuesto impacto en el desarrollo muscular o infantil— y las dificultades prácticas de mantenerla en una sociedad mayoritariamente carnívora.

El caso de Mario Oliveros, de 33 años, refleja bien esa preocupación por la salud. Tras cuatro años como vegano, abandonó la dieta. “Hace una década las redes sociales empujaron mucho al veganismo; las imágenes de granjas eran impactantes y llevaron a muchos a reflexionar”, recuerda. Aunque sigue convencido de que es la opción más ética, asegura que supone un sacrificio excesivo: “Llevar una dieta 100% vegana no es óptimo. La necesidad de suplementar vitamina B12 te hace sentir que necesitas medicarte para sobrevivir. Durante los cuatro años que mantuve esa dieta, mi vida giraba en torno a ella. Es un sacrificio muy grande”.

Enric Urrutia, fundador de la revista Bueno y Vegano, reconoce que el movimiento “se ha frenado un poco y ha perdido algunos adeptos”. A su juicio, parte del problema radica en la falta de formación nutricional entre muchos jóvenes, lo que dificulta mantener una dieta vegana equilibrada. “No comen comida orgánica, comen sin productos de origen animal, pero sin conciencia dietética. No se puede vivir a base de fritos: eso también es comida basura”, señala. Con todo, Urrutia considera que este bache no supone un retroceso estructural y que la expansión del veganismo continuará a largo plazo.

Desde la Asociación Vegana de Madrid también reclaman una información más rigurosa y contrastada. “El veganismo sigue siendo una opción poco conocida para una parte significativa de la población y persiste una notable desinformación sobre cuestiones clave, como el aporte de proteínas o la vitamina B12”, explican. Ese desconocimiento, añaden, se traslada también al ámbito de la restauración: aunque muchos locales ofrecen ya información detallada sobre alérgenos, “sigue siendo habitual encontrar platos etiquetados como vegetales que incluyen ingredientes como huevo o atún, lo que genera confusión y pone de relieve la necesidad de una comunicación más clara y coherente”.

Existen distintas formas de afrontar la adaptación social a una dieta vegana o vegetariana. Eduardo Bordón dejó de comer carne hace siete años, tras desarrollar una reflexión moral sobre el consumo de animales. El cambio le resultó relativamente sencillo porque coincidió con su etapa de Erasmus, cuando empezó a cocinar para sí mismo, y también influyó su pareja de entonces, que era vegana. Recuerda que al principio su entorno —amigos, familiares o compañeros de trabajo— se mostraba mucho más insistentes, aunque con el tiempo se han acostumbrado. La pregunta que más se repite, dice, sigue siendo: “Pero entonces, ¿qué comes, lechuga?”.

Bordón señala que ayuda rodearse de personas vegetarianas o veganas, tanto por apoyo como por una cuestión práctica, como encontrar opciones en los restaurantes. “Al final te cansas de los huevos con patatas o de las parrilladas de verduras”. No cree que la sociedad esté plenamente habituada al veganismo, pero tampoco que el movimiento esté en retroceso: hay más alternativas y mayor conciencia, aunque menos personas estrictamente veganas. En su entorno cercano, de hecho, varios han acabado abandonando la dieta estricta.

Otros, como Jaime Lorite, colaborador de ICON y vegano desde hace varios años, se mantiene fiel en su lucha. Defiende que el veganismo no debe tratarse como una simple moda: “Ser vegano es muy complicado. Mi vida es más difícil desde que dejé de comer carne. Además de transformar los hábitos de consumo, te obliga a aguantar turras infernales. La gente que se hace vegana no lo hace por moda, sino desde una posición política muy sólida”. Después de haber soportado tantas opiniones no solicitadas, no parece el momento de rendirse.

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Sobre la firma

Daniel Soufi
Colabora con distintas secciones de EL PAÍS desde septiembre de 2022. Además, ha publicado en medios como eldiario.es y la revista 'Yorokobu'. Graduado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Carlos III de Madrid. Cursó el máster de Periodismo UAM-EL PAÍS en la promoción 2021-2023.
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