De Ana de Inglaterra a Felipe de Edimburgo: el expríncipe Andrés no es el único miembro de la realeza británica que ha tenido problemas con la justicia
La histórica detención del hijo de la reina Isabel II por su vinculación con el pederasta Jeffrey Epstein ha vuelto a sacar a la luz otros casos judiciales, mucho más leves, de los Windsor


La detención y posterior puesta en libertad del exprínicipe Andrés ya es historia de la monarquía británica. Coincidiendo con su 66º cumpleaños, al menos seis vehículos policiales llegaban a su residencia actual en Sandringham —en la que apenas lleva viviendo unas semanas— a primera hora de este jueves 19 de febrero para comenzar con los registros y proceder a su arresto por “conducta inapropiada en un cargo público”. Diez horas después, el hermano de Carlos III era puesto en libertad y un fotógrafo conseguía captar la imagen más esperada de la jornada: el que fuera duque de York con rostro angustiado y reclinado en el asiento trasero de un Range Rover. Su constante y cercana vinculación con el pederasta Jeffrey Epstein y su detención han derivado en un terremoto que lleva camino de convertirse en la mayor crisis de la familia real británica de la historia moderna.
Andrés Mountbatten-Windsor es el primer miembro de alto rango de los Windsor al que arrestan en los últimos cuatro siglos de monarquía. No ocurría desde que el rey Carlos I fue detenido, sentenciado a muerte por alta traición al Estado y decapitado en 1649. En el caso del que fuera el hijo favorito de la reina Isabel II, el delito por el que se le investiga está castigado con penas que van desde unos meses de cárcel a prisión permanente, en función de la gravedad de cada caso. Pero él no es el único miembro de la familia que ha tenido problemas con la justicia en las últimas décadas. Aunque su caso los supere a todos con creces.
Corría el año 2002 cuando su hermana, la princesa Ana, tuvo un pequeño encontronazo con la ley, convirtiéndose así en la primera Windsor en ser condenada por un delito penal. Los hechos ocurrieron el 1 de abril, mientras se encontraba en un parque cercano al castillo de Windsor. Su perro Dotty, un bull terrier inglés, mordió a dos niños de 7 y 12 años. La única hija de la reina Isabel II fue denunciada por violar la ley de perros peligrosos. Admitió que se había descuidado y se declaró culpable en el tribunal de Slough, que ya había señalado que Ana de Inglaterra estaba a cargo de un animal fuera de control y en un lugar público. Fue condenada a pagar una multa de 500 libras esterlinas (unos 572 euros, al cambio actual) más el coste del proceso judicial. Además, la mascota fue puesta bajo custodia de sus dueños “para el resto de su vida”, que no podían sacarlo a la calle.

Más allá de ese incidente, la princesa es una vieja conocida de la policía por sus infracciones del código de circulación. En 2001, también tuvo que pagar una multa de 500 euros por superar los límites: fue sorprendida conduciendo su Bentley a 150 kilómetros por hora en una carretera de 112. En aquel momento, aseguró que pensaba que el coche de policía que la seguía era un escolta real. A su hija, Zara Tindall, se le prohibió conducir durante seis meses cuando la sorprendieron conduciendo a 146 kilómetros en 2020.
El príncipe Felipe, marido de la reina Isabel II, tuvo que entregar su permiso de conducir a los 97 años después de que su Land Rover Freelander volcase de lado tras chocar con un Kia cerca de Sandringham en 2019. Aceptó la responsabilidad del accidente, pero se dictaminó que no debía ser procesado. Escribió una carta de arrepentimiento a la conductora, que sufrió cortes en una rodilla y una fractura de muñeca, y el asunto quedó resuelto.

Tal y como informa The Times, el rey Carlos III fue llamado a declarar como testigo en 2005 por las “acusaciones de conspiración para matar a Diana de Gales”. Se le preguntó por una nota que Lady Di había escrito, en la que decía que moriría “por fallos en los frenos y lesión grave en la cabeza” para que el entonces príncipe se pudiera casar con la niñera de sus hijos. Hay que recordar que murió en un accidente de coche en París creyendo que los rumores de una aventura entre su exmarido y la cuidadora de Guillermo y Enrique, con supuesto embarazo incluido, eran verdad.
Otro de los rostros más habituales de los últimos años en el banquillo es Enrique de Inglaterra. Aunque él no tiene problemas penales, ha tenido dos frentes judiciales abiertos: su lucha para conseguir seguridad privada para él y para su familia cuando viajan al Reino Unido, después de que el Gobierno decidiese retirarle la custodia; y su batalla contra los tabloides británicos, que continúa en un juzgado londinense.
Otros casos históricos
En la época de la dinastía Tudor se presentaron numerosos cargos contra las esposas de Enrique VIII: Ana Bolena y Catalina Howard. Ambas murieron decapitadas. La primera fue acusada de adulterio, incesto con su hermano, traición y conspiración contra el rey. Pero la realidad es que el entonces monarca estaba desesperado por tener un varón y Ana Bolena solo había dado a luz a una hija, Isabel. En el caso de la segunda, fue ejecutada por haber mantenido relaciones antes del matrimonio con Enrique VIII y por serle infiel durante su relación.
María Estuardo, reina de Escocia, también sufrió un destino trágico, después de ser depuesta del trono de Escocia y privada de poder. Fue perseguida, prisionera durante 18 años y condenada a muerte por conspirar contra la vida de la reina de Inglaterra y contra la seguridad del reino, en 1586.
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