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Llega la era de los tintos fluidos: tres vinos fáciles de beber y moderados en alcohol

Resultan atractivos para quienes se inician en el mundo del vino, aunque a menudo muestran menos estructura y diluyen en parte el carácter del territorio

Acuarela de Jean Berain el Viejo para el ballet 'La fiesta del amor y de Baco,' de Jean-Baptiste Lully (1672).DeAgostini (Getty Images)

A finales de marzo falleció de forma repentina Michel Rolland, el consultor vinícola más conocido del mundo. Su huella tiene que ver, sobre todo, con su trabajo con uvas perfectamente maduras que desembocó en una tendencia de tintos potentes, opulentos y con gran concentración. fluyente de la historia, el estadounidense Robert Parker, contribuyó a la expansión global de este estilo en las décadas de 1990 y 2000.

En cierto modo, la muerte de Rolland marca el final de una era. Los últimos años han sido testigo de un cambio de tendencia hacia tintos más livianos. Hay un componente de reacción frente a un movimiento que desarrolló sus propios excesos (sobremaduración, extracciones excesivas, obsesión por el roble nuevo…), pero también de reivindicación de la identidad. En España, este cambio se refleja en el renacer de variedades menos estructuradas como la garnacha, la mencía, la trepat o la rufete.

Otro ejemplo paradigmático es Mallorca. Como muchas otras zonas, despegó en los años noventa, en plena ola de vinos opulentos. Pero todo eso ha cambiado. Solo tres días después del fallecimiento de Rolland, asistí en la isla a una cata de sus principales uvas tintas locales. El planteamiento era probarlas junto a vinos de dos regiones francesas de referencia: la callet con borgoñas de pinot noir, y la manto negro con tintos del Ródano con base de garnacha. Se trataba de contextualizar, reivindicar su personalidad y entender mejor sus afinidades.

La mayoría de los tintos mallorquines mostraron una gran carga aromática, complejidad y texturas amables y refinadas, desenvolviéndose con naturalidad junto a sus compañeros franceses. Como dijo Francesc Grimalt, copropietario de la bodega 4 Kilos y uno de los impulsores del evento, este es el mejor momento para los vinos de la isla. El viticultor mallorquín, además de liderar el proceso de desnudar a los vinos locales de variedades foráneas y sacar lo mejor de las de casa pese a su baja estructura y escaso color, sufrió las dificultades de abrirse camino con elaboraciones que no encajaban en la tendencia dominante.

La gran baza de la callet, la manto negro y muchas variedades mediterráneas cultivadas en zonas cálidas como la garnacha y otras en proceso de recuperación en Levante (arcos, mandó o forcallà), es lo que los anglosajones llaman drinkability, una suerte de facilidad de trago que las hace muy agradables de beber.

A este cambio de paradigma hacia vinos más fluidos también han contribuido otros factores. Por un lado, el ascenso del vino natural y su filosofía poco intervencionista; por otro, el cambio climático, que ha impulsado la búsqueda de localizaciones y herramientas que acrecienten las sensaciones de frescura en los vinos. También influye la moderación del grado alcohólico, ya sea por cuestiones impositivas (en algunos países se grava más a los vinos que pasan de 14% vol.) o por el foco creciente en la salud. Se da así la paradoja de encontrar tintos mediterráneos con menor graduación que muchos vinos de Rioja, aunque esto no se cumpla a rajatabla.

En el fondo, el lugar ideal del vino sigue siendo el equilibrio, algo que se puede exigir en todas las escalas de potencia y delicadeza. La tendencia de los vinos fluidos tiene sus propios excesos, como adelgazar la estructura hasta el punto de perder carácter e identidad de zona. Con todo, la buena noticia es que nunca ha habido tantos vinos accesibles, fáciles de beber y, probablemente, tan atractivos para iniciarse en el apasionante mundo del vino.

Manto negro

Gallinas & Focas

2022, tinto, VT Mallorca
4 Kilos

100% manto negro
13% vol. 22 euros

Este vino es fruto de un proyecto solidario en colaboración con la fundación para discapacitados intelectuales Amadip Esment (el nombre y la etiqueta, que cambia cada año, se trabaja con sus miembros), pero también un ejemplo de evolución de estilo. Se dejó atrás la syrah, que formó parte del ensamblaje en sus inicios, para centrarse en una manto negro especiada y con aromas que recuerdan a la granada, las hierbas secas y la piel de naranja. Un tinto superjugoso para beber sin cansarse.

Callet

Can Majoral

2025, tinto, VT Mallorca
Can Majoral

100% callet
11,5% vol. 16 euros

De la primera bodega certificada en ecológico de Mallorca, este vino procede de un viñedo relativamente joven cultivado en los característicos suelos rojos (call vermell)
de Felanitx. Con una crianza moderada en barricas de 500 litros, combina notas de hierbas (casi al estilo de un vermut) y de fruta roja en licor, y destila un carácter puramente mediterráneo. Las notas perfumadas, su aire juvenil y su baja graduación alcohólica son otros de sus atractivos. La cosecha actualmente en mercado es de 2024.

Forcallà

Xiulit

2024, tinto, DO Alicante
Celler Les Freses

100% forcallà
12,8% vol. 20 euros

Esta bodega y sus viñas ocupan un antiguo campo de fresas junto al parque natural del Montgó, a escasos kilómetros de Dénia. Aunque su uva principal es la moscatel, se preocuparon de recuperar una forcallà casi desaparecida. Xiulit es silbato en valenciano, pero también alguien que pesa poco, como el hijo de la propietaria, Mara Bañó. El nombre le va muy bien a este vino floral, con fruta madura y toques herbales que, en su ligereza, parece elevarse en el
paladar, pero que a la vez regala profundidad de sabores.

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