Ética aplicada para nativos de la inteligencia artificial
Los centros formativos de los futuros líderes empresariales y públicos están obligados a encauzar el aprendizaje de sus alumnos hacia un uso responsable y limpio de esta tecnología de vanguardia. Este compromiso es clave para desarrollar la empatía, el buen criterio y la templanza que se necesitan para gestionar equipos


Nos encontramos en un momento único para la educación empresarial: a la vuelta de la esquina asoma la primera generación nativa en inteligencia artificial (IA) de la historia. Pero también estamos en una “situación en la que la inteligencia humana está siendo atacada”. El eco pertenece a Matthew Connelly, vicedecano de IA en la Universidad de Columbia (Nueva York). Palabras mayores. “La batalla entre robots y cerebros ya ha comenzado, y los educadores pueden vislumbrar su final. Los jóvenes se están volviendo tan dependientes de la IA que pierden la capacidad para pensar por sí mismos. Y en lugar de oponerse, los administradores académicos están facilitando la toma hostil de la educación superior”. Connelly es un referente. Un estudiante de Columbia —relata—, Roy Lee, se jactó de haber desarrollado una herramienta de IA con la que hacer trampas en entrevistas online para el sector tecnológico. La firma de capital riesgo Andreessen Horowitz expresó su admiración por el enfoque “audaz” y le ayudó a levantar 15 millones de dólares para poner en marcha la empresa de Lee, quien afirmó, sin temblarle las palabras, que quiere ayudar a los usuarios a “hacer trampas en todo”.
Esto es parte del ataque. No se detiene. El omnipresente ChatGPT desarrolló una tecnología que detectaba, con una precisión del 99,9%, trabajos generados con sus herramientas. Añadía una especie de marca de agua. La iniciativa fue tumbada por sus ejecutivos porque podría llevar a algunos usuarios a cambiarse a un producto de la competencia. ¿Es o no una guerra? Y cada vez las tecnológicas quieren conquistar más terreno educativo. OpenAI pretende que un ejército de bots se convierta en parte de la infraestructura central de la educación. Es decir, controlar a la asesoría académica desde las decisiones de acceso hasta el centro. Y además, las universidades se ligan entusiasmadas con empresas de IA, a pesar de décadas de evidencia en la necesidad de probar antes la tecnología educativa, la cual a menudo no logra mejoras que se puedan cuantificar en el aprendizaje de los estudiantes. La alemana Frankfurt School of Finance & Management firmó en 2025 una colaboración con OpenAI para integrar ChatGPT Edu en su docencia, administración e investigación. “Con la llegada de las nuevas generaciones, […] el aprendizaje práctico y la interacción con otros se consolidarán como métodos clave de enseñanza”, explica por correo electrónico Christian Landau, vicepresidente del programa de Grado del centro germano. Y añade una derivada nueva: “La red de contactos de una escuela y las oportunidades que ofrece a los estudiantes durante su formación, y después como exalumnos, será un factor diferenciador clave”. Ahora hay una guerra entre quienes tienen “agenda” y quienes carecen de ella.
De forma análoga, la escuela de negocios francesa NEOMA selló una alianza con Mistral, empresa gala pionera en IA, que proporciona a cada nuevo estudiante una licencia para Le Chat LLM —alternativa a ChatGPT—, que pueden usar pensando en analizar los contenidos de los cursos, simular experiencias de aprendizaje y planificar la carga de trabajo. Los profesores podrían, en sus despachos, usar Le Chat con el fin de generar materiales didácticos como planes de estudios.

Va con los tiempos
Una era de incertidumbre donde la impunidad llega hasta a la élite de las aulas. Pocos niegan ya la fricción. Graham Hastie es decano asociado de educación de la London Business School (LBS), una de las mejores escuelas de negocios del mundo. “El valor de un centro de primer nivel como el nuestro debe ir más allá de transmitir información”, observa. “Reside en fomentar la creatividad, la innovación y el pensamiento crítico; en desarrollar la capacidad de formular las preguntas correctas, no solo las respuestas, y cultivar las habilidades interpersonales, éticas y de liderazgo que resultan esenciales para el éxito en un mundo moldeado por la IA”, avanza. Cabría preguntarse qué entiende la LBS por éxito. De momento, la conversación voltea hacia otros horizontes. “Nos centramos en ayudar a nuestros estudiantes a desarrollar capacidades exclusivamente humanas que la IA no puede reemplazar: empatía, resiliencia, criterio, y la habilidad de inspirar y liderar equipos diversos”. Lo habrán escuchado mil veces: líderes que generen valor a la sociedad y las empresas. Pero hay algo que se lee como uno de los muchos manuales de gestión empresarial a la venta. “Los procesos de reclutamiento basados en IA implican que la confianza y la credibilidad constituyen un factor crucial”, admite Hastie. Nada de engaños al estilo Roy Lee. Y cambiarán, para protegerse, los temarios y la forma de enseñar. “Los contenidos dejarán de ser el centro y pasarán a serlo las capacidades: pensamiento crítico, análisis, toma de decisiones en entornos inciertos y comprensión de la IA como herramienta. Esto implica una enseñanza orientada a problemas reales, donde lo humanístico gana peso frente a lo puramente técnico”, aventura David López, decano del MBA de Esade.
De vuelta a la gramática bélica, la guerra ya está planteada y sus estrategas tienen claro los movimientos. En una reciente conversación con el periódico Financial Times, Mustafa Suleyman, CEO de Microsoft AI, pronosticó que en 18 meses los graduados en Derecho y MBA —y muchos otros profesionales con menor cualificación— se quedarán sin trabajo. La transformación será más drástica —admitió el ejecutivo— que la vivida antes de la pandemia. La semántica da otras opciones. En vez de guerra puede llamarse fractura. ¿Cómo sortearla? “El objetivo es formar profesionales capaces de orquestar el trabajo en equipos híbridos de humanos e IA, generando impacto en el nuevo mundo laboral”, comenta, también por e-mail, Lee Newman, decano de IE Business School en IE University. El docente aún confía en el ser humano. En el año 600 antes de Cristo, el filósofo Anaxímenes le preguntó a su maestro Pitágoras: “¿Por qué motivo tendría que ocuparme en buscar los secretos de las estrellas si tengo continuamente ante mis ojos la muerte y la esclavitud?”. Plantearnos cuestiones como estas nos recuerda la especie que somos y la vía para avanzar como sociedad global. “Nuestro enfoque combina la innovación tecnológica con el humanismo”, indica Newman. “Hemos integrado herramientas de OpenAI desde el inicio en nuestro ecosistema educativo y estamos centrados en de qué manera la IA puede apoyar a los profesores en la personalización de la enseñanza”.
Un desafío, al igual que la pregunta de Anaxímenes. Los trabajos citados por la Universidad de Columbia sugieren que los estudiantes que utilizan IA no leen con la misma atención al investigar y escriben con menor precisión y originalidad. Ignoran lo que se están perdiendo; leer con atención, pensar de forma crítica y redactar con lógica son las habilidades necesarias para aprovechar el auténtico potencial de la IA.
Sin embargo, el futuro depende mucho de a quién se lo preguntes. “Es posible que se puedan sustituir a los profesores para ciertas labores, como las horas de consulta, algunos programas virtuales y la confección y corrección de exámenes”, pronostica Mauro Guillén, vicedecano en The Wharton School de la Universidad de Pensilvania (EE UU). El centro ha incorporado cursos de IA en programas de MBA. Si hacemos caso al Graduate Management Admission Council (GMAC), firma especializada en el sector, un 46% de las escuelas de negocios considera que la IA es fundamental en un plan de estudios ideal.
Viajando hacia Bélgica, donde hay infinidad de instituciones actuales que afectan a la Antigua Europa, el estudiante se puede detener en la Vlerick Business School; ocupa un puesto medio en los rankings, pero entra en el club del prestigio. Utilizan la IA para saltar (es el verbo que emplean). “Desde la creación de su propia empresa hasta el acceso a un nuevo puesto internacional”, resume Steve Muylle, decano asociado de aprendizaje digital del centro. Saltar. En un planeta tan tecnológico pocas veces los verbos importaron tanto. El ataque es tan evidente como si se incendiaran, a la vez, la primera página de todos los periódicos. Cambia la forma de apagar el fuego. “El valor ya no reside en acceder al conocimiento, sino en interpretarlo, cuestionarlo y emplearlo con criterio”, subraya Carlos López, decano de Esic Business & Marketing School en Madrid. “El valor diferencial de una escuela no puede ser competir con la IA, sino enseñar a pensar con ella”, aclara. Evitar confundir “asistencia con sustitución”.

Estas tecnologías de vanguardia arrojan el reto de la línea roja. Dónde situar el límite. En el curso AI Essentials for Bussiness —traducible como Inteligencia artificial básica para los negocios—, impartido online por la Universidad de Harvard, uno de los reclamos para captar alumnos es que el dominio de esas dos letras reporta unos 20.000 dólares (17.300 euros) extras a un salario medio. Hace no demasiado, una escuela de negocios madrileña proponía unas vallas publicitarias con el eslogan en inglés: Negocios y solo negocios. “La IA es una competencia técnica y pueden ser nativos, pero entenderla en profundidad exige aprendizaje y a los profesores no les entusiasma mucho porque piensan que los chicos abusan de ella para ahorrarse trabajo”, cuenta Franc Ponti, profesor de Innovación en EADA (Barcelona). “Damos clases muy prácticas y participativas: los móviles están prohibidos y los ordenadores apagados”, avanza. Su propósito es incorporar la IA a los procesos creativos.
Alumnos peor preparados
Perviven agoreros en todos los sentidos. Lo hemos visto con Mustafa Suleyman, responsable de Microsoft AI, pero también Tyler Cowen, profesor de la Universidad de George Mason (Virginia, EE UU), quien desde la plataforma Business Insider insiste en que las universidades están “produciendo una generación de estudiantes que saldrá al mercado laboral muy poco preparada para lo que se espera de ellos”, a medida que la IA transforma el mundo del trabajo. Siempre han existido profetas económicos, y siempre ha habido quien falló y quien acertó en sus plegarias. Si en algún país del mundo una analogía católica ocupa su lugar, ese es Italia. “Debido a que los alumnos pueden obtener respuestas al momento, nuestra labor es ayudarlos a formular mejores preguntas”, aconseja Dirk Hovy, decano de Transformación Digital e IA de la Universidad Bocconi (Milán). “Esto implica fortalecer el pensamiento crítico, la capacidad de detectar sesgos y cuestionar las suposiciones de máquinas y personas”. Los docentes cambian su narrativa, pasan de ser la única autoridad en el aula a ejercer de guías, provocadores y compañeros del debate intelectual.
Algo que nos devuelve al enfrentamiento entre hombre y máquina. Un conflicto ya declarado que no emplea munición de fogueo, es real. “La historia demuestra que las guerras pueden perderse incluso antes de ser declaradas si los defensores ceden terreno estratégico sin luchar. Para las universidades, esa tierra es el máximo exponente posible: la inteligencia humana en sí misma. Si no luchamos por ella ahora, quienes vengan después se enfrentarán a una pelea aún más desigual”, avisa Matthew Connelly en The New York Times. La educación superior necesita incorporar el diálogo entre Anaxímenes y Pitágoras al aprendizaje de las tecnologías de vanguardia, como hace 2.626 años.
Acceso equitativo, una asignatura clave
Son los tiempos de una nueva biblioteca de Alejandría o de su nueva destrucción. La encuadernación es la de hace siglos y el prólogo el esperable. “Nuestra tarea es garantizar que todos los estudiantes tengan acceso equitativo a herramientas de alta calidad y una comprensión profunda de su funcionamiento”, narra Cloda Jenkins, decana asociada de Educación Pedagógica e Innovación de la Imperial Business School (Reino Unido), según los rankings una de las grandes de Europa. “Y que puedan utilizar, de forma ética, estos instrumentos para contribuir a resolver los problemas”, añade. Pensamiento crítico, diversidad de ideas y colaborar con las nuevas tecnologías comparten estantería en esta Alejandría tecnológica. Algunos expertos se dejan llevar por una neogramática. “Los líderes del mañana deberán convertirse en orquestadores de inteligencia artificial (IA), capaces de definir intenciones, guiar agentes inteligentes, cuestionar resultados y traducir la inteligencia distribuida en acciones con propósito”, enumera José Esteves, decano de la Escuela de Negocios de Oporto. El docente lo tiene claro: la ética, la creatividad y discernir —aunque la IA aumente su impacto— continuarán siendo muy humanos. La persistencia de la memoria.
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