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Coste, proyección internacional o docentes: cómo elegir formación

La mejor escuela o programa de negocios no existe; el más adecuado para cada persona depende de sus expectativas y aspiraciones

Krongkaew ( GETTY IMAGES )

Si elegir formación en una escuela de negocios siempre ha sido más un traje a medida que de prêt-à-porter, ahora más debido a la heterogénea explosión de instituciones universitarias, centros privados, escuelas especializadas y plataformas online —no existe un censo que las agrupe a todas— que ofrecen programas para ejecutivos, presentes o futuros. Cada receta ha de personalizarse en función de las características y expectativas del aspirante. Por eso, la recomendación de base de los expertos es dedicar tiempo a conocerse a uno mismo, y sus objetivos. Dani Pujol, director de Admisiones de

EADA Business School, señala que las primeras preguntas que plantea a los aspirantes son de orientación pura y dura: “¿Cuál es tu bagaje formativo y profesional? ¿En qué quieres que te ayude nuestro programa? ¿Dónde te gustaría estar dentro de cinco años?”.

“No existe el mejor centro de formación en negocios así a secas, sino el más adecuado para cada persona en el momento en el que está decidiendo”, zanja Mamen García Miraz, redactora orientadora en el portal especializado Educaweb. Para ello conviene analizar con calma una larga serie de factores y criterios a tener en cuenta: el prestigio y la acreditación de la escuela (aquí pueden ser útiles los rankings); el plan de estudios; el equipo docente (si cuenta con profesionales de referencia en activo); la proyección internacional (si promueve intercambio de alumnos y acuerdos con instituciones extranjeras), o su conexión con el mercado laboral (prácticas en empresas). Y, fundamental, el precio.

Los programas que se ofertan en España tienen unos tickets medios de entre 3.000 y 5.000 euros cuando son online, y de entre 8.000 y 12.000 euros cuando son presenciales, según cálculos de la plataforma especializada Mundo Posgrado. Como norma general, la presencialidad suele recomendarse a los más jóvenes, mientras que la virtualidad es territorio de los veteranos, más necesitados de conciliación. Para Pujol, resulta fundamental que la escuela no mezcle esos perfiles. EADA, al menos, no lo hace: ofrece MBA y posgrados diferenciados en función de la experiencia (hasta tres años y de tres años en adelante). Asegura que han rechazado a personas en un determinado programa por no tener el bagaje profesional suficiente. “Vas a hacer una inversión de tiempo, esfuerzo y dinero de la que no vas a obtener retorno; tu experiencia no será buena y te llevarás una mala opinión. Todos salimos perdiendo”, acota.

Hay instituciones que superan de largo ese coste medio y otras que se sitúan por debajo, pero con “una oferta interesante y de calidad”, defiende Óscar González, CEO de Mundo Posgrado. “A lo mejor la diferencia estriba en que sus profesores no son directivos de una multinacional, sino de una pyme”, aclara. O quizás no tienen tanta proyección internacional, aunque sí, a cambio, imbricación con su territorio y un buen networking local. “Si el objetivo es acceder a una red de contactos local pueden ser una buena opción”, sugiere García Miraz, poniendo como ejemplo la formación que imparten algunas cámaras de comercio. Asimismo, valora los programas de grado y máster de negocios “de gran calidad” que están lanzando universidades públicas.

¿Calidad o empleabilidad?

La clave radica, en opinión de González, en obtener una buena relación calidad-precio. La orientadora de Educaweb considera que en algunos programas de coste elevado se paga, sobre todo, “por el salto rápido a empleos bien remunerados”. Invita a analizar la tasa de inserción de los titulados de cada centro y programa, así como el tipo de empresas y posiciones a las que suelen incorporarse. Con esta información, los postulantes podrán hacerse una idea del retorno de su inversión, y calibrar si su objetivo es realmente ese salto rápido a las compañías más codiciadas, con la exigencia que implica.

González recuerda que, hasta hace cinco años, a una escuela de negocios se iba a hacer un MBA, un programa de marketing o una formación en Recursos Humanos. Ese sota, caballo y rey sigue siendo muy importante, pero convive con una mayor oferta especializada, y con la tecnología como gran foco de interés. Según su momento profesional, alguien puede optar por estudios más genéricos, que conceden una visión global, o más específicos, que dotan de herramientas para encontrar trabajo, mantenerlo o mejorarlo. Marketing digital, blockchain, análisis de datos y la omnipresente inteligencia artificial. “Vamos hacia puestos de trabajo que antes no había”, sentencia.

Debate de expertos simulado con IA que ayuda a decidir

El 87,9% de los alumnos latinoamericanos consultados en el informe La educación superior española ante el examen del algoritmo (2026) confía en la inteligencia artificial (IA) para ayudarlos en su decisión de estudiar en el extranjero; el 22,3% la ha utilizado activamente en la búsqueda de centro de estudios, especialmente para encontrar las mejores opciones y filtrar si encajan con sus posibilidades económicas y de visado. “No es determinista como un ranking; funciona como un democratizador de toda la información disponible, mezclando fuentes para ofrecer recomendaciones personalizadas y concretas según cada perfil”, anota Jesús Moradillo, director general de Estrategia de IA de la consultora LLYC en Europa.

Moradillo, coautor del informe, aconseja validar y contrastar los datos que ofrece la IA con las fuentes originales; si no están, habrán de acudir a foros y páginas de opiniones. No deben permitir que la máquina rellene los huecos de información tirando de inventiva: “En el promt hemos de indicarle que, si no encuentra un hecho verificable, escriba ‘dato no disponible”. Para contrarrestar sesgos de marketing, les sugiere que pidan a la inteligencia artificial simular un debate entre expertos sobre sus cuatro o cinco escuelas finalistas. Cada uno con criterios y visiones diferentes: un académico, un estudiante de MBA, una voz crítica, el director de talento de la empresa en la que le gustaría trabajar. De esa puesta en común saldrán los pros y los contras, las fortalezas y las posibles deficiencias de las distintas opciones. En abril de 2025, LLYC se sentó con 15 instituciones educativas de diverso tamaño para analizar retos. La IA apareció como primera de la lista. ¿Conclusión de aquel encuentro? La que no se posicione bien quedará relegada a la invisibilidad.

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