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La Línea 7B de Metro de Madrid registra 3,3 millones de usuarios a cuatro meses de su reapertura

La Comunidad de Madrid presume de las buenas cifras que han conseguido tras invertir más de 171 millones de euros en recuperar unas infraestructuras defectuosas que construyó el Gobierno de Esperanza Aguirre

Un metro el día de la apertura de la línea 7b de Metro de Madrid, en noviembre de 2025, tras tres años cerrada.Comunidad de Madrid

Más de tres años estuvo cerrada la línea 7B del Metro de Madrid entre las estaciones Barrio del Puerto y Hospital del Henares por obras de rehabilitación de las infraestructuras. 73 viviendas fueron derribadas en ese tiempo en el municipio de San Fernando de Henares debido a que los túneles que pasaban debajo del suelo cedían y otras 260 se han mantenido en vigilancia por posibles afectaciones. 171 millones de euros se invirtieron para poner en marcha el servicio otra vez. A poco más de cuatro meses desde que, el 22 de noviembre de 2025, la Comunidad de Madrid abriera nuevamente la línea, se han registrado 3,3 millones de usuarios, según el Ejecutivo.

El Ejecutivo autonómico resume con un baile de cifras la hazaña de recuperar un servicio que se consideraba casi perdido: 20.600 metros cuadrados de suelo tuvieron que ser estabilizados, 5.575 metros de trazado fueron rehabilitados estructuralmente y se hicieron inyecciones en el túnel con un total de 1.279 toneladas de mortero. Sin embargo, la propia Comunidad de Madrid reconoce que las labores de mantenimiento, conservación y supervisión geotécnica a día de hoy “continúan activas”. Al total de millones de euros invertidos en recuperar las infraestructuras de la Línea 7B todavía habrá que sumarle otros 2,7 millones para la certificación final del contrato de las obras de impermeabilización y consolidación del terreno y para reparaciones de la superestructura del drenaje del túnel, gasto que, señalan, se aprobará en el próximo Consejo de Gobierno.

“Gracias a estas actuaciones, ejecutadas por la Dirección General de Infraestructuras, la línea cumple con los más altos estándares de seguridad y calidad exigidos por la red”, destaca el Gobierno autonómico, que subraya “la importancia estratégica de la movilidad en el Corredor del Henares, un eje clave para la cohesión territorial y el desarrollo económico de la región”.

Todo comenzó con una decisión política. El Gobierno de Esperanza Aguirre (2003-2012) construyó a toda prisa la línea 7B para llegar justo a las elecciones autonómicas de 2007. El hito se celebró con paellas y conciertos gratuitos. Pero la semilla del mal acababa de ser plantada. Se denomina karstificación. Había agua que entraba en contacto con sal y terrenos solubles. Mala combinación: el subsuelo de San Fernando se hundió, moviendo los cimientos de los edificios, y con ellos también los túneles del metro, que por eso ha permanecido cerrado, o parcialmente cerrado, más de 5.000 días desde su inauguración (alrededor de siete años en total).

Para lograr la apertura de la Línea 7B, el Gobierno ha tenido que utilizar 179 dispositivos topográficos llamados miniprismas en el interior del metro, para medir los movimientos del terreno: 15 se colocaron en el túnel del tramo Hospital del Henares-San Fernando; 74, alrededor del pozo clave en las filtraciones del agua; y 90 en el túnel que une las estaciones de San Fernando con Barrio del Puerto. También ha vigilado lo que ocurre en el subsuelo comparando imágenes captadas por satélite y trabajadas por especialistas de la Universidad Politécnica. Y en las zonas más complejas del túnel y la plataforma de la vía ha dejado puestos tres sensores tilt con láser que enviarán información a diario.

Que la línea 7B haya reabierto tras más de tres años cerrada parcialmente, entre otras cosas, por provocar el derribo de las 73 viviendas y el desplazamiento de cientos de vecinos, no quiere decir que el problema esté solucionado. Los afectados aún luchan en los tribunales por una compensación económica mayor, que les permita rehacer su vida con las mismas condiciones que tenían antes de que el suburbano arrasara con todo y se llevara por delante sus pisos. Muchos siguen recibiendo atención psicológica, pues la situación les provocó crisis de ansiedad, insomnio o tendencia a las autolesiones, mientras sus prestaciones en el trabajo y los estudios disminuían drásticamente. Es más, sus vecinos con casa siguen mirando con aprensión sus paredes, temerosos de que aparezca una grieta que sea el prolegómeno de un problema mayor.

De hecho, hace ahora un año, en abril de 2025, la Comunidad de Madrid inició de oficio el procedimiento para indemnizar a los dueños de unas 260 viviendas de San Fernando de Henares con “alguna patología de orden estético y/o funcional”, en definición de la administración. Es decir, el número de casas afectadas por el Metro supera las 300. Hasta el momento, según el Gobierno regional, se “ha asumido de manera responsable” la tramitación y abono de 86 expedientes por un importe total de 13 millones de euros.

Como consecuencia, desde hace casi 20 años hay cientos de personas en San Fernando de Henares que viven con el miedo a las grietas de las paredes de su casa; intranquilos por los crujidos de sus viviendas y las vibraciones; ensordecidos por las obras continuas para salvar el Metro; espantados por la posibilidad del desalojo, o los cortes continuos de luz, agua o gas; y horrorizados ante la evidencia de que si al vecino le han derribado la casa, la siguiente puede ser la suya. El Metro vuelve ahora a circular, pero eso no quiere decir que las vidas de los afectados no sigan paradas. Todo lo contrario: siguen a la espera de rehacer sus vidas, mientras el suburbano vuelve a rugir por las tripas de San Fernando.

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