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Elsa, la pastora madrileña que ayuda a tejer una red europea de pastoreo

Ganaderas En Red, organización de mujeres ganaderas y pastoras de extensivo nacida en España, celebra su primer encuentro europeo en Madrid con compañeras de siete países

Elsa Fernández, pastora de la Sierra de Madrid durante el primer Encuentro Europeo de Mujeres Ganaderas y Pastoras, en Madrid.INMA FLORES

―¿Te gustan las cabras?

―Sí ―respondió Elsa sin pensarlo mucho

Para aquel entonces, en sus 48 años de vida, Elsa Fernández nunca se había hecho semejante pregunta. Aquellos animales le parecieron bonitos y por eso se quedó mirándolos cuando se cruzaron en su camino una mañana cualquiera mientras paseaba a sus perros. “Si las quieres, te las vendo”, le dijo el dueño de las cabras como quien hace un chiste. Elsa había llegado desde Ecuador hacía 16 años y aunque allí era serigrafista y costurera, en España había pasado “por todos los trabajos posibles”, excepto el de cuidadora de cabras. Pero justo en ese momento estaba desempleada. “Vale, te las compro”, le dijo al hombre. “Pero yo no sé nada, yo no soy pastora”.

12 años después, a Elsa, que ya cumplió los 60 años, el título de pastora no le queda grande. Con las tres cabras hembras que le compró a aquel señor y un macho que este le regaló fue creciendo su rebaño y hoy tiene una granja con hasta 300 cabezas en Fresnedilla de la Oliva (1.883 habitantes), un pueblo de la Sierra de Madrid, y se dedica por completo al pastoreo extensivo. “Fue muy duro al inicio, porque yo no sabía nada de animales, pero fui aprendiendo, haciendo cursos, investigando en internet, y poco a poco fui adquiriendo conocimientos”, cuenta.

Desde hace 12 años sus mañanas comienzan antes de que salga el sol, llevando a sus ovejas a pastar en terrenos que va rotando, y sus tardes terminan con la puesta, en medio del campo, en la íntima soledad que le dan sus animales y que ahora no cambiaría por nada en este mundo.

En aquella búsqueda de conocimientos se encontró con otras mujeres que, como ella, desarrollaban el oficio del pastoreo y la ganadería. Eran las miembros de Ganaderas En Red (GER), una organización que surgió hace más de 10 años, precisamente, por el interés de un grupo de mujeres a las que les era difícil conectar con otras que desarrollaran este oficio para compartir experiencias y resolver dudas. Pareciera ser un trabajo solo de hombres, pero las mujeres siempre han estado allí, invisibles.

Con ayuda de la Fundación Entretantos, aquel grupo logró organizarse y hoy ya cuenta más de 200 afiliadas a la red en toda España, entre las que se encuentra la propia Elsa. Es una organización gestionada e integrada por mujeres ganaderas y pastoras de todo el país, y su próximo paso será extenderla a Europa.

Este fin de semana ha llegado hasta Madrid una treintena de pastoras para comenzar a trabajar en ese sueño. Algunas cogieron el coche y condujeron desde Toledo o desde Huelva o un avión para llegar desde Baleares, pero otras tantas han venido desde mucho más lejos, desde Francia, Italia, Suiza, Hungría o Eslovenia para ponerle cara a esas compañeras con las que vienen hablando desde hace meses sobre cómo lograrlo. A pesar de que la mayoría se conoce desde hace menos de 24 horas, las participantes del primer Encuentro Europeo de Mujeres Ganaderas y Pastoras se llaman por el nombre y comparten anécdotas como amigas de la vida mientras comen palitos de pepino con hummus alrededor de la mesa del catering.

“A esta hora [pasadas las tres de la tarde], en Suiza ya habríamos comido y estaría frente al ordenador revisando papeles”, dice riendo y en perfecto español Julia Patzen, pastora de 46 años que reside en un pueblo de los Alpes suizos, donde tiene una granja con 28 vacas, 10 caballos y 20 ovejas con sus crías que crece mucho más cuando llega el verano. Las diferencias culturales no son las únicas que saltan en la conversación. También otras menos evidentes, como la importancia que se le da a la ganadería extensiva en cada país.

“Nosotros tenemos la suerte de tener un sistema que da mucho valor a la agricultura. [Me da] mucho orgullo”, comenta Julia. El terreno de los ganaderos, es de los ganaderos, dice, y “no hay manera” de que esas tierras se vendan a la industria. “El Estado también sostiene esto financieramente”, aclara. “Si tú haces todo bien, te dan bastante dinero [de subvenciones], porque tú cuidas al país”.

Uno de los grandes problemas a los que se enfrenta la ganadería en España, según varias de las participantes, es el poco interés que las Administraciones le prestan a la ganadería extensiva cuando es una actividad que podría llegar hasta a prevenir incendios. Los animales son capaces de consumir como parte de su alimentación el pasto seco que en muchos casos puede ser combustible de las llamas en el verano. Su paso sobre los terrenos también previene la erosión del suelo. Pero el sector cada vez recibe menos ayudas y menos facilidades para desarrollar su actividad.

El pastoreo es un negocio como cualquier otro que tiene que dar de comer a sus trabajadores. Lo sabe Ainoa López, onubense de 52 años que comenzó su vida como ganadera en una granja de La Granada de Ríotinto (244 habitantes) hace 22 años. “Hemos avanzado muchísimo, pero evidentemente tenemos problemas asociados muy gordos”, explica. En primer lugar, como el resto, señala la “burocracia excesiva”: “El trabajo en el campo demanda muchas horas de trabajo y luego te tienes que dedicar a ver papeles y eso nadie se lo imagina”.

A veces hasta es difícil encontrar un matadero cercano en el que sacrificar a los animales para vender su carne. Para Ainoa ―también para sus compañeras― el segundo problema es que no tienen la posibilidad de hacer ventas directas de sus productos, como la carne algo que, por ejemplo, en otros países de Europa sí está permitido. “Haría falta una normativa más flexible. Los animales que tú engordas, la leche que tú sacas, poder transformarla y poder hacer una venta local, una venta directa, que contribuya a la baja de huelle de carbono, a la soberanía alimentaria de tu territorio, a fijar población”, sostiene Ainoa.

En España, el negocio del pastoreo y la ganadería no siempre es tan lucrativo como pudiera. Elsa, por ejemplo, cría ovejas merinas, una raza muy valorada en todo el mundo por la calidad de su lana y que, sin embargo, en su granja no le aporta ni un céntimo. “Ahora mismo la lana es un estorbo”, asegura ella, que solo saca rentabilidad de la venta de carne porque no tiene un mercado interesado en aquella materia prima.

¿Se puede vivir del pastoreo en España hoy día? “Es un poco difícil porque los precios no están a lo que verdaderamente tendría que valer un cordero, un cabrito”, responde Elsa. A pesar de todo, no se plantea por ahora dejar el oficio, aunque cuando le llegue la edad de jubilación tendrá que pensárselo. “Ser pastora es lo que a mí me da vida. Es el trabajo que me gusta, que me apasiona”.

Al igual que a Elsa, tanto a Julia, que nació en medio de una familia ganadera y esto del pastoreo le “corre por las venas”, como a Ainoa, que entró a este mundo por “casualidades de la vida”, le es imposible no darle cierto romanticismo al oficio. “Te llena de una manera que ningún otro trabajo te puede llenar”, afirma la primera.

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