Así murieron 1.041 aves por gripe aviar a orillas del Manzanares: “Necesitamos que recojan cadáveres”
EL PAÍS accede a las comunicaciones internas y análisis de la crisis sanitaria que afectó este invierno a cigüeñas, gaviotas o garzas en una decena de municipios de Madrid

“Alta patogenicidad”. “Alta patogenicidad”. “Alta patogenicidad”. Como una señal de alarma que no cesa, la frase se repite una y otra vez en los informes del laboratorio central de veterinaria correspondientes al análisis de un grupo de aves. Corre finales de 2025, y esos test buscan la causa que explique por qué hay cientos de aves muriendo a orillas del madrileño río Manzanares. La ciencia pronto le pone nombre a ese asesino silencioso: gripe aviar. Hasta 1.041 aves acaban siendo sus víctimas en menos de tres meses a lo largo de una decena de municipios de la Comunidad de Madrid, según documentación a la que accedió EL PAÍS. “Necesitamos que recojan cadáveres”, se lee en las comunicaciones internas del dispositivo encargado de afrontar una crisis sanitaria que provoca momentos de tensión política y laboral.
“Aquello era dantesco”, describe un agente forestal que participó en los trabajos y pide el anonimato por temor a represalias laborales. “Era encontrarse cadáveres por doquier, agrupados por la rivera del río”, recalca. “Era tal el volumen que no reparábamos en cómo estaban. El principal objetivo era retirar los cadáveres. Un día 150, otro 70... no dábamos abasto. Caían y caían las cigüeñas y tuvimos que ir improvisando, porque no había protocolo. Fue ir acumulándolas a nuestro buen entender. Creo que se nos estuvo ocultando que era gripe aviar para no alarmar a la población”, admite. Y reprocha: “Nos sentimos abandonados en esas semanas”.
Los primeros casos llegan en noviembre. Poco a poco, y a lo largo de diciembre y enero, la enfermedad va dejando su huella por más y más municipios, llenando de aves muertas los márgenes del río Manzanares. La gripe aviar llega así, por ejemplo, a Getafe, Arganda del Rey, Leganés, Madrid, Pinto, Rivas-Vaciamadrid, San Martín de la Vega o Velilla de San Antonio. Para entonces es ya frecuente la estampa de todos esos operarios vestidos con un mono blanco, mascarilla y guantes para enfrentarse a la incertidumbre de lo que ha matado a esos animales: hasta mediados de diciembre, cuando ya van muchos días de recoger cadáveres, no se oficializa el diagnóstico.
El balance estadístico es desolador: 1.041 aves muertas que se desglosan en 1.003 cigüeñas blancas, 16 gaviotas, siete palomas, seis busardos ratoneros, dos garzas, dos garcillas, un ánade, un milano, un ganso, un andarríos, y un gallo. Pero la realidad es mucho peor que cualquier número, porque está hecha de barro y mal olor, de bolsas negras de plástico llenas de animales infectados, y de un camión que recorre las carreteras de la Comunidad de Madrid a modo de coche fúnebre, recogiendo y llevando los cadáveres. En total, los trabajos suponen un coste de 6.759,23 euros para la Comunidad de Madrid.
“Necesitamos que nos recojáis mañana por la mañana a partir de las 10 unos cadáveres de aves en el Laboratorio de Sanidad Animal”, se lee en un correo electrónico del 3 de diciembre del departamento de Sanidad Animal de la Comunidad de Madrid. “Necesitamos que recojan cadáveres de cigüeñas en Getafe en la siguiente ubicación”, se amplía en otro email del día siguiente. “Por favor (...) organiza la recogida de aves del mismo punto que ayer para hoy mismo. Viendo el volumen de aves que se están obteniendo, incluid la recogida en la ruta de mañana”, se añade el 9 de diciembre.
En las tareas de retirada de cadáveres de la zona participan operativos del cuerpo de agentes forestales, de la Patrulla Fauna de la Dirección General de Biodiversidad y Gestión Forestal y del cuerpo de bomberos de la Comunidad de Madrid. Sus efectivos viven la intervención con tensión. Tanta, que acaba en una protesta formal.
“El malestar fundamental fue por haber ido a la intervención sin conocer toda la gravedad del asunto”, lamenta un portavoz del sindicato de bomberos federado en CSIT Unión Profesional. “Hubiera sido bueno transmitirlo para que todos los intervinientes se protegieran adecuadamente. Y también por el tratamiento de las aves, que hubo muchas quejas por dónde quedaban depositadas: cerca del río, que es un punto de transmisión”, añade. “Lo conveniente hubiera sido retirarlas a sitios sectorializados, con sudarios, para evitar la contaminación cruzada, porque había también, por ejemplo, buitres. La transmisión a la cadena alimenticia era muy fácil”.

Así, el sindicato de bomberos califica de “esperpento” la gestión de la crisis, por la tardanza en la comunicación oficial del brote. Considera que no se notificó a tiempo a la plantilla del “riesgo biológico” que suponían los trabajos. Y que no se tomaron las suficientes medidas para proteger a los profesionales.
Tampoco el frente político se resolvió con facilidad. “Hubo falta de información, y no hubo ningún tipo de coordinación”, se quejan en uno de los ayuntamientos afectados.
Por ejemplo, Sara Hernández, la alcaldesa socialista de Getafe, envió una carta de protesta el 5 de diciembre. “Te escribo para trasladarte la inquietud del Ayuntamiento de Getafe ante la elevada aparición de cigüeñas fallecidas en el entorno de Perales del Río durante los últimos días”, se leía en aquel texto. “Sin conocer a estas horas los motivos de dichas muertes, comprenderás la preocupación existente”.
Tras contestarle (“entiendo tu inquietud”, escribía, conciliador, el consejero Carlos Novillo), la Comunidad de Madrid convocó a los alcaldes de los municipios afectados a una reunión informativa.
Finalmente, cuando los laboratorios confirmaron la enfermedad, Madrid declaró la presencia del virus en la Red de Alerta Sanitaria Veterinaria (RASVE) y publicó el 15 de diciembre una Resolución en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid en la que se reconocían 20 focos de gripe aviar desde septiembre. También se adoptaban medidas, como restringir la cría de aves en 18 municipios de la región. Sin embargo, lo peor estaba por llegar: quedaban largas semanas de recoger cadáveres, hasta que a mediados de enero la situación se empezó a dar por estabilizada.
Así lo refleja un email del 14 de enero. “El conductor del camión para recogida de cadáveres, especialmente de cigüeñas, se ha puesto en contacto con nosotros los últimos días informando de que no existen bolsas con cadáveres para recoger”, se lee en la comunicación. “Lo adecuado (...) en la que el servicio pase a ser a demanda de necesidad, basado en la aparición de cadáveres”.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.


























































