La búsqueda fallida del dueño de la Primitiva de los 4,7 millones en A Coruña, en el juicio: “¿Cómo no vinieron a mirar la cámara?”
La propietaria del local que validó la apuesta señala agujeros en las pesquisas mientras exdirectivos de Loterías alegan que nunca sospecharon de los dos acusados de engañar para cobrar el premio

El último día de junio de 2012 Mercedes se sintió multimillonaria sin serlo. Recibió una llamada del delegado provincial de Loterías en A Coruña para comunicarle que un boleto de la Primitiva validado en su administración había sido premiado con 4,7 millones de euros. “Sentí una alegría… como si me tocara a mí”, ha contado este martes en la Audiencia Provincial de A Coruña. “Pero lo único que me trajo fueron disgustos”, ha continuado con voz temblorosa. Miguel Reija, el autor del telefonazo de enhorabuena, la escuchaba en la sala desde el banquillo, acusado junto a su hermano Manuel de intentar cobrar esa fortuna a base de engaños. Mercedes ha relatado cómo tuvo que atender a un sinfín de clientes que, también sin serlo, se creían agraciados. Ella les decía que el dinero ya había sido cobrado porque, aunque no era cierto, así se lo había asegurado Miguel Reija. La policía tardó nueve años en encontrar al legítimo propietario del boleto que, según la Fiscalía, fue estafado. Ya había fallecido.
Durante las pesquisas, dos agentes acabaron yendo a la administración de Mercedes a tomarles las huellas dactilares a ella, a su marido y a una empleada. Pero hubo algo que le “chocó” a la lotera. “Llevamos 14 años y no me sale de la cabeza”, ha admitido antes de preguntar: “Los de Madrid, que son los que mandan, ¿cómo no vinieron a mirar la cámara?”. La testigo se refiere a la Sociedad Estatal Loterías y Apuestas del Estado (Selae) y al aparato instalado en el exterior de su local, en el acceso a un hipermercado de Carrefour, que captaba a los clientes que entraban y salían. Se sabía la fecha y hora de validación de la combinación ganadora. “Tanto periodista por allí y a mí nadie me llamó de Madrid para saber si había alguna cámara”, lamenta Mercedes.
Cuando diversos aspirantes a cobrarlo le preguntaban por el premio millonario, la lotera que validó el boleto telefoneaba a Miguel Reija, que afronta hasta seis años de cárcel por supuestamente encubrir los manejos de su hermano. Ella afirma que el delegado provincial llegó a decirle que dejara de llamarlo: “Que la gente no te moleste. Si alguien quiere [información], aquí está la delegación para aclarar todo”. Cuando el responsable de Loterías en A Coruña le contó que un lotero había encontrado el resguardo tirado en su administración de la plaza de San Agustín de A Coruña y que lo había llevado a las oficinas de la Selae, Mercedes se emocionó con el gesto. Pensó que “una persona que encuentra ese boleto y lo devuelve es la mejor del mundo” y hasta le pidió conocerlo: “Me gustaría que me lo presentases porque esa persona se merece el cielo”. Reija nunca le confesó que aquel supuesto ángel era su hermano Manuel, sentado ahora a su vera en el banquillo, acusado de estafa o apropiación indebida por supuestamente ocultarle al dueño del boleto que estaba premiado con casi cinco millones. La Fiscalía le pide seis años de prisión.
Durante las casi cinco horas que ha durado la primera sesión del juicio, cuatro directivos de Loterías de aquella época han defendido que la entidad dependiente del Ministerio de Hacienda hizo todo lo que estaba en su mano para localizar al apostante. Han negado que se le diese a los hermanos Reija un trato de favor que beneficiase su supuesto plan para torpedear la búsqueda y hacerse con el dinero. José Miguel Martínez, entonces presidente del ente público, recibió a Miguel Reija a principios de julio en su despacho de Madrid por lo “excepcional” de la situación. Este le contó que su hermano Manuel había encontrado el boleto de los 4,7 millones encima del mostrador de su administración de loterías y que ignoraba de quién era. La Fiscalía sostiene que, en realidad, le ocultó el premio al cliente cuando descubrió su magnitud.
Martínez, que llegó a estar investigado en la causa, ha explicado que Reija podía haber ido sin más a reclamar el dinero en la delegación de Loterías o en un banco porque los resguardos “son títulos al portador” y, por tanto, permiten a su poseedor iniciar el proceso de cobro. “Una cosa es iniciarlo y otra culminarlo”, ha rebatido la fiscal, quien ha preguntado a Martínez por qué no se abrió un procedimiento de control de blanqueo de capitales, uno de los delitos junto al encubrimiento que se le imputan al exdelegado de Loterías en A Coruña. El expresidente de la entidad ha esgrimido que si no hay una reclamación del premio por parte de otra persona, prevalece la “presunción de buena fe” hacia el poseedor. La normativa, ha añadido, ni siquiera obliga a la Selae a investigar quién es el legítimo dueño de un boleto.
Otro excargo de la Selae adujo que el relato de los hermanos Reija coincidía con los registros de la máquina de comprobación de boletos y explica que los primeros meses se llevó el asunto con discreción para no revelar información que pudiesen utilizar otros para apropiarse del premio fraudulentamente. Juan Antonio Gallardo, director de Negocios de la Selae en 2012, alega que le otorgaron una “presunción de veracidad y de conducta incluso honesta” a Manuel Reija porque no constaban irregularidades en su historial de lotero. “De forma totalmente inusual”, avisaron a la policía para que intentara hallar huellas en el resguardo que revelaran la identidad de su dueño, y no hicieron un llamamiento público ya al principio con el fin de darle tiempo al legítimo propietario para que presentara una reclamación sin tener que competir con las más de 300 personas que acabaron aspirando a ingresar los 4,7 millones. “No entendimos que hubiera una sustracción. Si lo hubiéramos entendido, hubiéramos actuado de forma distinta”, sostiene Gallardo. No había un protocolo o un procedimiento reglado que tuvieran que seguir los delegados provinciales como Miguel Reija en un caso parecido. Sencillamente, han repetido los testigos, porque nunca había ocurrido algo así.
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