Los astilleros clandestinos, el otro suculento negocio del narco de Galicia
Las redes que fabrican narcolanchas gracias a expertos transportistas de cocaína cuentan con viejos aliados en Portugal y una potente clientela en las bandas que operan en el Estrecho

Desmantelar los medios de transporte de los narcos es un objetivo tanto o más inabarcable que la contención de alijos. Desde las épocas del contrabando de tabaco, las organizaciones que mayoritariamente dieron el salto al narcotráfico ya medían su potencial con la construcción de planeadoras para escapar de las persecuciones de patrulleras de Aduanas o de la Armada. Acostumbrados a ganar con lanchas más veloces, el salto a la cocaína multiplicó la demanda de experimentados transportistas gallegos y de barcos con dimensiones nunca vistas hasta entonces. Así surgió otro suculento dividendo: la fabricación de barcos en astilleros clandestinos de Galicia y Portugal que tiene como uno de sus principales clientes las redes que operan en el Estrecho con la cocaína, el hachís y la inmigración ilegal.
En la era de los narcosubmarinos, la multiplicación de bandas y superproducción de cocaína, la logística náutica de las organizaciones no ha parado de crecer y perfeccionarse, lo cual recorta aún más las expectativas de que estos medios puedan ser requisados. Estos sumergibles operan como los clásicos barcos nodriza, así que requieren de lanchas rápidas para la descarga de los cargamentos que llegan constantemente a las costas, el mismo método de siempre. A pesar de la superioridad de esta narcoinfraestructura, desde 2008, tras la primera gran operación policial del que entonces era número uno del transporte de cocaína, Abal Feijoo, Patoco, la incautación de lanchas se cuenta por centenares y son decenas los astilleros clandestinos descubiertos. Pero es una batalla que no tiene fin. Las bandas llegan a abandonar o hundir sus costosos barcos tras una descarga, lo que da una idea de la capacidad de reemplazo de esta potente flota.
Desde 2022, han caído cuatro potentes redes de fabricación de narcolanchas. Una de ellas, con 11 acusados y una empresa de transportes de O Porriño (Pontevedra) implicada, se enfrenta a penas que suman cerca de 60 años de cárcel y multas de 80 millones de euros. La red, que operaba en Vigo y el norte de Portugal, fue descubierta en la Operación Endurance desplegada por la EDOA de la Guardia Civil.
El juicio contra sus 11 presuntos integrantes tenía que comenzar este mes de febrero, pero ya va por el quinto intento frustrado del tribunal. El pasado jueves, la vista se retrasó esperando la conexión por videoconferencia de uno de los acusados que, según su abogado, una ciática le impedía desplazarse a ningún sitio con internet para poder declarar. La Fiscalía considera que los encausados formaban una estructura dedicada a construir lanchas semirrígidas de alta velocidad para operaciones de narcotráfico y se estima que en apenas dos años fabricó un mínimo de 19 narcolanchas, algunas de las cuales participaron en descargas de alijos en el sur de la península. La celebración del juicio se volverá a intentar el próximo 9 de abril y está previsto que dure siete días.
Otra investigación en curso que se instruye en Cambados (Pontevedra) tiene en el punto de mira a otra presunta red que cayó en la Operación Ceira, en octubre de 2024, también con detenciones en Galicia y Portugal. Su manufactura se extendía a la provincia andaluza de Huelva y las pesquisas acaban de concluir con seis procesados que serán llevados al banquillo.
En el operativo se intervinieron cuatro narcolanchas, tres vehículos caleteados, material informático y dos naves, una en la localidad de Sanxenxo (Pontevedra) y otra en A Illa de Arousa (Pontevedra), donde se realizaba el ensamblaje de las embarcaciones que luego se utilizaban en la introducción de estupefacientes en la península.
En abril de 2024 cayó otra organización asentada en Galicia que proporcionaba lanchas y motores fueraborda a los clanes que operan en las aguas del Estrecho de Gibraltar, tanto para traficar con drogas como con seres humanos, según la investigación. Las ocho embarcaciones capturadas de 12 metros de eslora, que alcanzaban los 60 nudos de velocidad, estaban equipadas con la última tecnología y se emplearon para introducir dos alijos, uno de 4.300 kilos de cocaína y otro de 4.500 de hachís que finalmente fueron aprehendidos en el contexto de este operativo denominado Vozka.
Los seis detenidos en Ourense, Pontevedra y Valença do Minho (Portugal) contaban con un entramado societario a nombre de testaferros para lavar los beneficios de la venta de narcolanchas, que se estiman en torno al millón de euros mensuales. Pese a la magnitud de las operaciones, los investigadores creen que solo ha aflorado una mínima parte de la logística marítima y quedarían otras todavía mayores en manos de otros grupos.
De Sito Miñanco a trabajar para la policía lusa
Las nuevas redes del negocio naviero del narco trabajan como una empresa de servicios y emplean discretas naves con acceso a la desembocadura de los ríos. El astillero donde José Ramón Prado, Sito Miñanco, fabricaba sus propias lanchas en Cambados (Pontevedra) fue el que más tiempo estuvo activo y no fue intervenido hasta la tercera y última detención del capo gallego por narcotráfico en 2018. Las primeras planeadoras de la marca Sipra (acrónimo de Sito Prado) y toda la logística de Miñanco marcaron un hito en la historia del contrabando.
Otro de los capos de la cocaína, Ramiro Vázquez Roma, también fabricó sus barcos. Comenzó comprando moldes en una pequeña nave cerca de Cambados pero acabó con un potente astillero en Viana do Castelo (Portugal), donde, además, atendía encargos de un cartel colombiano (una lanzadera de 25 metros) que en 2007 ya contaba con un almacén de cocaína en Guinea Bissau (África). La empresa de Roma, Vianapesca, tuvo incluso a la Policía Judicial portuguesa como cliente, a la que vendió lanchas para perseguir a los narcos.
Tras la detención de Vázquez cuando dirigía el desembarco de cuatro toneladas de cocaína en 2007, tomó el relevo Manuel Abal Feijóo, alias Patoco, que llegó a ser el mayor transportista hasta que falleció en un accidente de moto un año después. Abal tenía varios escondites en la desembocadura del río Ulla, donde ponía a punto las planeadoras que también fabricaba. Construyó en Italia la mayor lanzadera que ha operado en el narcotráfico en Galicia, pero la policía logró apresarla bloqueando con azúcar los siete motores de la embarcación cuando, cargada de víveres y combustible, iba a salir cargar un alijo.
Juan Vidal Padín, alias El Burro, detenido en abril de 2024 por la descarga de más de tres toneladas de cocaína que transportaba el Poseidón, el segundo narcosubmarino apresado en Galicia en 2023, es otro ejemplo del potencial marítimo de los narcos. A pesar de ser uno de los objetivos policiales desde hace más de dos décadas como uno de los jefes del narco, las pruebas no han resultado incriminatorias para relacionarle con el sumergible que apareció vacío y medio hundido a pocos metros de la rampa de su astillero, donde se sospecha que se descargó la droga.
El registro de su empresa náutica de Vilagarcía (Pontevedra) sí abrió la puerta a una posible acusación de contrabando de embarcaciones ilegales, ya que allí se comprobó que Vidal no solo comercializaba yates de lujo. Los agentes incautaron cuatro lanchas, una en construcción y otra de 16 metros preparada para navegar, provista de cuatro motores de 420 caballos cada uno. Unas planeadoras y moldes tamaño XL que no tienen nada que ver con las embarcaciones de recreo, motores y elementos electrónicos y de navegación que supuestamente vendía este astillero.
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