La advertencia de Barcelona
Lula y Sánchez llaman a combatir el envite reaccionario y la traición de las derechas y apuestan por un renacer de la izquierda


¿Barcelona como testigo del resurgir democrático en un mundo que Trump consideraba suyo y se le está escapando de las manos antes de tenerlo atado? ¿Renace la socialdemocracia? ¿Declina el delirio autoritario que venía expandiéndose por doquier? A menudo, la realidad ofrece señales inesperadas que acaban poniendo en evidencia la precariedad del rumbo que parecían tomar las cosas. La democracia parecía haber entrado en fase de declive, el autoritarismo postdemocrático amenazaba con desplazar el eje de la política hacia la radicalidad y la extrema derecha. En este contexto Netanyahu arrastró a Donald Trump a la guerra de Irán y el inefable presidente americano llevó sus delirios al límite del nihilismo y la ignorancia. Su insolencia se desparramó por todas partes poniendo en evidencia la frivolidad del personaje.
Con el delirio bélico encallado, se produjo una inesperada señal de atención. Orban, fiel servidor de la fogosidad trumpista y del poder ruso, perdió con estrepito unas elecciones húngaras que debían validar la deriva autoritaria del régimen y descabalgaron a su promotor. Una derrota tan contundente que Orban ni siquiera osó optar por el golpe de Estado y que ha dejado mudos a sus padrinos. Hungría votaba Europa, las fabulaciones autoritarias recibían un serio aviso. Sorprendía la contundencia antitrumpista del Papa americano, León XIV que advertía, sin matices, de que “el mundo estaba siendo destruido por mezquinos tiranos”, en un momento en que Trump llevó su delirio al extremo de divulgar unas imágenes con su figura mutada en Cristo (hay indicios de que en Estados Unidos esta exhibición de indecencia ha dañado más la reputación del Presidente que la guerra). Y las encuestas empiezan a dar señales de retroceso de la extrema derecha en los países europeos después de haber estado acechando a unas derechas que daban repetidas señales de sometimiento a sus exigencias.
Y en este contexto, Lula de Silva y Sánchez dos presidentes que habían optado, en pleno apogeo bélico, por el ‘No a la guerra’, con la consiguiente irritación de Trump, han decidido dar un paso con una convocatoria que apunta a la posibilidad de capitalizar el desconcierto del momento en favor de la socialdemocracia que lleva demasiado años en letargo. Con la legitimidad de haber marcado las distancias con Trump y compañía desde el primer momento, llaman a combatir sin complejos el envite reaccionario y la traición de las derechas y apuestan por un renacer de la izquierda que había perdido la perspectiva de futuro y, por fin, parece despertar del letargo ante el empuje del autoritarismo postdemocràtico y el inquietante crecimiento de la extrema derecha entre sectores de las clases populares que no les deberían ser ajenos.
Y así ha llegado una primera convocatoria, modesta pero oportuna, escogiendo Barcelona como ciudad de partida. Una capital sin Estado, con un plus de libertad a la hora de expandir un mensaje al mundo: se ha abierto una brecha en los equilibrios de poder y hay que aprovecharla para la restitución de los valores democráticos. Hace tan sólo unas pocas semanas, cuando el presidente Sánchez empezó a trazar un camino a distancia del proceso bélico proclamando el ‘No a la guerra’, algunos querían darle ya por desahuciado. Y ahora, sin embargo, a la vista de lo ocurrido en Hungría y del fuera de juego en que están cayendo los más sumisos, su apuesta abre una cierta expectativa de futuro. Y su presencia internacional crece, justo cuando aquí el PP oficializa ya sin reparo su matrimonio con Vox.
El tiempo dirá quién ha interpretado mejor los indicios del presente. ¿Estamos realmente ante un cierto cambio de paradigma? ¿Ha tocado fondo el delirio reaccionario? Colombia, México, Uruguay y Sudáfrica son los países que acompañan a Brasil y España, en este encuentro barcelonés que sin duda provocara la indignación trumpista. Y que tiene el valor de una advertencia contra la ola creciente de impunidad antidemocrática que viene asaltando al mundo.


























































