El camino vivido Avui-El País
La excelente exposición del 50 aniversario evoca a los muchos periodistas de referencia que han salido del diario, cantera de profesionales, y también a los que continúan de manera firme a pie de obra

La tarde que me despedí del diario Avui rompí a llorar como un niño sin que nadie me hiciera demasiado caso, seguramente porque a la mañana siguiente me presentaba entusiasmado en la redacción de El País. El dolor y la alegría eran perfectamente compatibles por aquel entonces, octubre de 1986, porque me sentía igual de agradecido con dos periódicos cuyas relaciones no eran precisamente cordiales desde su fundación en 1976. Hoy, como jubilado que se activa para escribir, me siento igual de añorado y complacido con aquel cambio después de visitar la exposición AVUI 50+ Des de 1976. Noticies, llengua i país, que los comisarios Jordi Panyella, Toni Brosa y Carles Sabaté han montado hasta el 24 de mayo en el Palau Robert.
Brosa fue el compañero que me sustituyó en el Avui después que Emilio Pérez de Rozas me propusiera integrarme en la sección de deportes de El País. Todavía recuerdo que llegué a la redacción de la Zona Franca con un diccionario y un libro de gramática de la lengua española porque hablaba y escribía en catalán desde que me inicié en El 9 Nou (1978), empecé a colaborar en Catalunya Ràdio (1983) y me formé en el Avui (1980-1986). Mi vínculo con el castellano se remitía a las crónicas que como corresponsales de Osona enviábamos con mi amigo y compañero Salvador Sala a Mundo Diario y Europa Press en tiempos de alumnos de la UAB.
Tuve la suerte que el director de El 9 Nou y al mismo tiempo el jefe de deportes del Avui fuera Ramon Serra, periodista de Taradell y colaborador de TVE en Sant Cugat. Apostó por mí cuando aquel diario todavía mantenía la ilusión y la fiebre de muchos de los miles de catalanes que apoyaron su salida el 23 de abril de 1976, día de Sant Jordi, en pleno postfranquismo después de vencer las muchas trabas que puso el Ministerio de Información y Turismo. Unos 36.000 suscriptores aportaron cada uno entre 1.000 y 100.000 pesetas que permitieron reunir los 60 millones necesarios para publicar el primer periódico catalán desde la guerra civil (1936-1939). La recaudación estuvo acompañada además de un fondo cultural excelente con obras de Dalí, Miró y Tàpias.
La deficiente gestión empresarial, decisiva ante la falta de solvencia económica, y la inestabilidad en la dirección jugaron en contra de la popularidad de un diario cada vez más señalado políticamente, sostenido sobre todo por el voluntarismo de muchos profesionales y sin que sus noticias tuvieran demasiado eco en los demás medios editados en Cataluña. El desdén reforzó el sentido de pertenencia y orgullo del colectivo del Avui de la misma manera que el compromiso con la lengua fue inequívoco desde un inicio marcado por la presencia de un equipo de una decena de editores dirigidos por Joan Fortuny.
Nada sorprendente si se tiene en cuenta que el desafío era mayúsculo porque se trataba de crear un léxico periodístico, actualizar y modernizar una lengua que había sido muy rica antes de la dictadura en diferentes medios, ayudar a una mayoría de redactores enseñados en castellano y, por tanto, de tener como libro de cabecera la obra de Pompeu Fabra. Muchos, incluso los que procedíamos de una publicación catalana, no olvidaremos jamás la ayuda que tuvimos de un maestro corrector como Ricard Fité. La militancia en el oficio y en el diario se aprendía con Maria Favà y la referencia del saber estar era Pep Playà.
La profesionalización y la especialización llegaron más tarde con Ángel del Castillo y amigos de la talla de Jaume Pujol-Galcerán, Eloy Rendondo y, sobre todo, el querido Robert Álvarez. La intervención de Del Castillo fue capital para que yo pudiera continuar en el Avui. Me había ido a Valladolid para cumplir el servicio militar con la certeza de que me guardaban la plaza cuando a mi regreso me encontré con que Jordi Maluquer había sido sustituido en la dirección por Jaume Serrats. Me quedé en el limbo, sin viaje de novios -Montse se conformó con tres noches en Mallorca- y atado a una máquina de escribir, pendiente de la decisión del jefe de sección, que se apiadó de mí y me dio vuelo hasta que en diciembre de 1986 me incorporé al diario El País, feliz y también contrariado porque tuve que abandonar la colaboración diaria con Catalunya Radio, emisora a la que llegué en 1983 gracias a Santi Carreras y Lluís Canut.
No he tenido un mejor amigo que Carreras ni nadie me ha tratado con más cariño que mi capitán Emilio Pérez de Rozas. Todavía sigo en El País y me invitan a la tertulia del Matí de Catalunya Ràdio. El Quadern del diario y los programas de la radio -también participo en el Que t’hi jugues de Ràdio Barcelona- me permiten escribir y hablar hoy en la misma lengua materna con la que empecé en el Avui.
La excelente exposición del 50 aniversario evoca a los muchos periodistas de referencia que han salido del diario, una excelente cantera de profesionales, y también a los que continúan de manera firme a pie de obra desde la unión con El Punt en 2011 (El Punt Avui). El recorrido invita a la nostalgia y al agradecimiento de muchos periodistas que han seguido un camino parecido y también, por tanto, de un chico de pueblo llegado a la capital que supo que quería ser periodista cuando pisó el Avui.
Imposible no volver a llorar e insistir ahora, y a diferencia de entonces, en la necesidad de reforzar mi catalán y de esforzarme en no cometer barbarismos cuando escribo en castellano, propio por otra parte de los que nos manejamos en el bilingüismo, como a veces me recuerdan los queridos lectores de El País, el diario que precisamente también celebra este año sus 50 aniversario con diferentes actos en Barcelona, razón de más para certificar y celebrar la suerte que tuve de elegir la Zona Franca.
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