Una vuelta a caballo por el Lluçanès
Los pequeños campos huérfanos de trigo, colza y maíz se han convertido en grandes y cuidadas extensiones de hierba fresca


Toda mi vida quise montar a caballo, pero lo único que conseguí fue caerme de un burro, por no decir que me tiró una, dos y hasta tres veces antes de alcanzar por separado la meta del Revolt de la Corrida, el momento cumbre de La Candelera, un día de luz y gloria en Perafita, el pueblo seguramente más equidistante del Lluçanès. Las dos banderas que presiden el desfile de caballos y carruajes anuncian que no es una celebración cualquiera, sino que se trata de la fusión de la fiesta en honor de Sant Antoni Abad -estandarte amarillo- con la de la Candelera -el rojo-, después de unos años de litigio sobre la fecha en que se debía bendecir y homenajear a los animales con el popular Tres Tombs.
Algunos entendieron que para atraer a más público convenía desmarcarse de la festividad tradicional de enero organizada en cada pueblo y trasladarla a febrero con el argumento de ser catalogada como una feria desde 1954. La leyenda dice que durante un tiempo montaron su propia carrera de caballos para la Candelera, al tiempo que se mantenía la de Sant Antoni. La convivencia y la competencia de ambas explicaría mucho del carácter del pueblo y de la comarca de la misma manera que la confluencia final avala la posibilidad de llegar a acuerdos en un territorio descuartizado y que ahora camina de la mano del Consorci por la vía de la Mancomunitat, sin saber si llegará hasta el Consell Comarcal.
El Lluçanès es muy suyo, tan bello como puñetero, difícil de definir y de traducir, descrito por editores y escritores de la tierra - “Aquest país tan rost, tan quiet, tan clar…” subraya Lluís Vila desde Prats - y también por poetas –“Tenim el cos menut”-, remata brillante Pep Riera de Oristà. Los matices son muchos en un territorio calificado de altiplano y, como tal, lleno de contrastes, condicionado por la influencia mediterránea y la proximidad del Pirineo. No se vive igual en Alpens que en Olost. Tampoco se come lo mismo en Sant Agustí que en la Torre. La peculiaridad y también la pequeñez de cada pueblo complica la uniformidad administrativa que se requiere para dar forma a la comarca 43 de Cataluña.
Aunque los inviernos son fríos y los veranos cálidos, la temperatura no suele ser extrema y la niebla es tan diferente a la de la Plana de Vic que algunos la llaman “la lluçanesa”, por la misma razón que se habla del microclima del Lluçanès. No es fácil explicar sus características porque las opiniones son tantas como payeses, pastores y ganaderos hay en una zona condicionada por la C-62. Les trocitos –“les miquetes”- componen un mosaico variado de campos y bosques en que les pasturas se presentan como la mejor alimentación para las vacas, las ovejas y los caballos, presentes ya en 38 explotaciones, el 30% de un total (194) liderado por el sector porcino con 95 (49%) y el bovino de carne, 68 (35%).
“Una suma de factores climáticos, orográficos, geográficos, geológicos y seguramente también culturales hacen que el Lluçanès tenga unas pasturas no sé si perfectas, pero si muy favorables y apreciadas”, concreta Francesc Comes, que tiene muy bien estudiada la comarca, especialmente su pluviometría, como corresponde a un miembro de la familia Muntanyà, una referencia en el ámbito de la agricultura y la ganadería que hoy lidera Antonio, defensores de la vaca bruna y del caballo como animal de tiro, ocio o deporte -incluido el salto- e impulsores de varias de las rutas y actos ecuestres de la comarca, que son frecuentes en Prats o incluso en Sant Boi.
Los caballos de la Guardia Urbana de Barcelona acostumbran a veranear también en La Tria de Perafita, y especialmente conocido es el Raid Hípic de Olost. Los caminos ondulados y la calidad de los pastos favorecieron también la llegada del Juma’s Team, una empresa constituida en 2002 y que se ha expandido por la comarca de la mano de Jaume Puntí y María Álvarez, en su día campeones del mundo de Europa de raids. La mayoría de los cerca de mil caballos son propiedad de la familia Al Maktoum de Dubái y en menor medida del propio Puntí, que controla con cuidado el proceso de producción, desde la cría y reproducción hasta el entreno para la competición, instalado en la sede del Mas Tresserres.
“El microclima del Lluçanès provoca que los caballos sean más resistentes; sin querer, sufren”, afirmó Puntí a El 9 Nou. Los caballos de sangre árabe pastan y corren al aire libre desde las tierras de Olost hasta la Costa dels Gats. Juma’s ha comprado masías y tierras o las ha alquilado a cuantos payeses prefieren el dinero en mano al cultivo de cereales; y han sido muchos los vendedores si se mira a ambos lados de la carretera. Los pequeños campos huérfanos de trigo, colza y maíz se han convertido en grandes y cuidadas extensiones de hierba fresca, solo delimitadas por unos cercados diferentes a los de las vacas porque las estacas se alinean muy bien y la red es tan tupida como tersa, marca del modus operandi de Juma’s a expensas de las decisiones de Dubái.
Nunca me han dado ganas, en cualquier caso, de saltar la valla, seguramente porque en la adolescencia tiré mucho de las riendas de la mula de mi padre, y prefiero contemplar si acaso a los caballos que se recogen en Endurance Vilaltella, ya cerca de Perafita. Robert Diez dirige un centro de entrenamiento como el mejor de los gimnasios, incluido el solárium, para que los equinos afronten con garantías las pruebas de resistencia más exigentes o también las más próximas, una vez constatado que la meca de los raids hípicos está situada precisamente en la comarca vecina de Osona, reconocida internacionalmente desde la celebración de las pruebas olímpicas y mundiales de 1992 en El Muntanyà.
También se compite en El Lluçanès y, sobre todo, se desfila en la Candelera con Gabriel Rodenas a la cabeza por su condición de cuidador y herrador, tan reconocido que trabajó para la familia real de Jordania. Varios son los vecinos de la comarca que tienen su propio caballo y acuden cada primer domingo de febrero al pasacalle y a las carreras de Perafita. Apenas queda rastro ya de los pura sangre que mayormente llegaban de Santpedor, Berga, Puigreig e incluso Vilaseca para batirse en carreras de eliminación en el Revolt de la Corrida o Can Carbó. Hoy su participación se acota a los hipódromos, la movilidad animal está más regulada y la fiesta es mucho más local y también un poco más infantil -mandan los veteranos y los niños- con mucho protagonismo de los ponis.
Aunque han vuelto los burros, yo sigo sin montar, ni que sea para que no me tiren, ahora que ya llevo precisamente algunas carreras ganadas porque he aprendido a apostar y, ni qui sea por eliminación o poca participación, suelo acertar también el ganador de la Candelera, celebrada este año el pasado domingo día 1.
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