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EL PAÍS cumple 50 años de gran periodismo

La historia del primer medio siglo de vida de este periódico es el relato de los profundos cambios políticos, económicos y sociales de un mundo convulso

La imagen es tan sencilla como certera. La atrapó con su cámara César Lucas y bien podría sintetizar lo que era España en los albores de 1976. Un hombre sostiene las riendas de un equino que tira de su carromato por una calzada, cuya acera de enfrente alberga vallas publicitarias con eslóganes bajo la cabecera de EL PAÍS. “No todos piensan igual”. “Es para ponerse a pensar”. “Va a ser de los que piensan”. Aquellas frases anunciaban el nacimiento de un periódico para “pensar” un país que dejaba atrás cuatro décadas de dictadura. EL PAÍS llegó para contar de otra forma —la forma era el fondo— lo que pasaba en una nación al sur de Europa ansiosa de libertad. Y, sobre todo, para mostrar lo que este país podía llegar a ser a partir de entonces.

Sucedió hace 50 años, que se cumplirán el próximo 4 mayo. El advenimiento fue posible gracias a un grupo de periodistas e intelectuales, espoleados por un nutrido grupo de inversores que apostaron su capital años antes de la primera edición para concebir un diario independiente y acorde con los tiempos que estaban por venir. Aquel “intelectual colectivo” que definió Aranguren se puso a la tarea bajo unos ideales verbalizados por el entonces presidente de Prisa (la compañía editora), José Ortega Spottorno, durante la primera junta general de accionistas celebrada en marzo de 1977: “EL PAÍS debe ser un periódico liberal, independiente, socialmente solidario, nacional, europeo y atento a la mutación que hoy se opera en la sociedad de Occidente”.

Muchos años después, el eco de aquella síntesis vertebradora permanece impreso en la sala de reuniones donde cada tarde se deciden los contenidos principales para el día siguiente en la web y la edición en papel. Cuando toma asiento en el centro de la larga mesa que ocupa la estancia, el director tiene a su espalda aquellas palabras del fundador Ortega Spottorno. Son el testigo imperturbable del rumbo a seguir, más allá de la multiplicación de formatos en los que este diario difunde hoy sus informaciones, opiniones y análisis claramente diferenciados. EL PAÍS se ha visto sometido a multitud de cambios durante cinco decenios para que sus principios fundacionales prevalezcan por encima de todo. Unos valores que en esencia consisten en no servir a nadie más que a la sociedad para la que trabajan sus profesionales. Cumplir con la renovación diaria de ese compromiso con los lectores ha supuesto el eje principal del éxito en la toma de decisiones.

Bajo aquellos valores, España empezó hace medio siglo a contar con un nuevo periódico creado para defender una democracia que aún no había nacido. Lo anunció su primer director y fundador, Juan Luis Cebrián, en la “tribuna libre” inaugural del primer número publicado el 4 de mayo de 1976: “Desde las fechas ya lejanas en que a un grupo de periodistas e intelectuales españoles se les ocurriera la idea de fundar EL PAÍS, éste se ha soñado siempre a sí mismo como un periódico independiente, capaz de rechazar las presiones que el poder político y el del dinero ejercen de continuo sobre el mundo de la información”. Cebrián explicó en aquel artículo el esfuerzo que supuso el lanzamiento: “La constante paciencia de medio millar de accionistas que durante tres años soportaron sin deserciones las negativas del Gobierno [de Franco] a conceder el permiso de publicación, y el entusiasmo de doscientas personas, que robándole horas al sueño y trabajando contra reloj desde hace solo tres meses pueden presumir sin reparos de haber puesto hoy un periódico en la calle”.

Aquel fue el inicio de una azarosa historia llena de avatares. Pero una constante ha permanecido inmutable a través de varias generaciones: mirar hacia el futuro con los ojos de hoy para contar lo que somos y lo que podemos llegar a ser. El resultado de este empeño deja una narración sobre el devenir de la humanidad durante el último cuarto del siglo XX y el primero del XXI, con un cambio de milenio que ha transformado el orden mundial hasta el incierto presente. EL PAÍS ha aportado desde su fundación a través de su extensa red de corresponsales y analistas una mirada global a los profundos cambios políticos, económicos y sociales de nuestro tiempo. Y lo ha hecho en el idioma español con el que se ha convertido en medio referencial para 700 millones de hispanohablantes.

El camino no ha sido fácil ni lo fue en los inicios de este periódico que, según Manuel Vicent —primer cronista parlamentario y escritor que ha publicado desde el principio en EL PAÍS—, nació libre del pecado franquista. Se lo contó Vicent a Juan Cruz, periodista de este diario, para la memoria personal que este último publicó en la editorial Random House Mondadori cuando EL PAÍS cumplió 20 años: “El periódico había nacido libre de pecado original, ya que el estigma de Franco no había dañado a su mancheta”. También supo aglutinar bajo su cabecera a una joven redacción acompañada de una pléyade de firmas, que incluían a integrantes de santuarios democráticos como Triunfo y Cuadernos para el diálogo. Juntos dieron forma al “intelectual colectivo” que contó con figuras capitales en la opinión como Javier Pradera. Entre aquellas primeras firmas periodísticas estuvo Soledad Gallego-Díaz, que compaginó en los primeros años sus colaboraciones con Cuadernos para el Diálogo, donde fue coautora de la publicación exclusiva del borrador de la Constitución. Gallego-Díaz se convirtió años después en la primera mujer en dirigir EL PAÍS y hoy mantiene su influyente columna dominical.

La primera redacción comenzó sus trabajos en la sede central de la madrileña calle de Miguel Yuste entre máquinas de escribir y laboratorios fotográficos donde se nutría la materia prima del diario, impreso en los ya extintos talleres aledaños. La apuesta tecnológica supuso desde el principio un eje de acción. Nació como un periódico en papel de 48 páginas en formato tabloide, impreso en offset y con la fotocomposición incorporada que dejaba atrás la composición en plomo. Pocos años después se incorporó la tecnología Atex para digitalizar los procesos en la redacción con ordenadores que sustituyeron el repicar de las máquinas de escribir. España avanzaba hacia una incierta Transición democrática y EL PAÍS albergó en sus páginas el impulso a las reformas en marcha. Entre los objetivos atacados entonces por defender las libertades públicas, este periódico sufrió un atentado el 30 de octubre de 1978.

Aquel aciago día en este diario, una bomba dirigida a un redactor jefe estalló dentro de la sede y acabó con la vida del joven conserje Andrés Fraguas, dejando heridos a Juan Antonio Sampedro y Carlos Barranco. Los trabajadores, reunidos en asamblea, elaboraron una nota que se publicó en primera página de la edición del día siguiente bajo el título El precio más alto: “Si los terroristas creen que una bomba podrá con nosotros, están muy equivocados”. Otra nota editorial de aquella primera página recogía estas reflexiones bajo el título No tenemos miedo: “Tres compañeros de EL PAÍS han sido víctimas de un atentado terrorista contra la libertad. Este periódico sale hoy a la calle porque quienes lo hacemos —trabajadores, empleados, periodistas y sociedad editora— sabemos que es nuestra obligación combatir el terror con la palabra y enarbolar la bandera del diálogo sobre la de la provocación. Pero también, y sobre todo, porque cientos de miles de lectores apoyaron desde el principio nuestro intento sincero de sumarnos a la defensa de las libertades”.

El mismo impulso llevó a sacar a la calle la primera de siete ediciones especiales durante la noche del 23-F de 1981 y la siguiente jornada. Con los golpistas dentro del hemiciclo, el compromiso de decenas de profesionales de todas las áreas de la empresa logró que aquellos ejemplares llegaran hasta el Congreso de los Diputados horas antes de la medianoche con este titular en primera página: Golpe de Estado. El País, con la Constitución. El editorial que también asomaba en aquella primera plana se tituló ¡Viva la Constitución! y dejó impreso negro sobre blanco una vez más el compromiso ante la opinión pública: “En la hora de un atentado alevoso contra el pueblo español a manos de unos hombres armados que pretenden por la fuerza sustituir la soberanía de los ciudadanos, EL PAÍS sale a la calle en defensa de la ley y de la Constitución”.

El periódico se dotó pronto de una estructura vigente de contrapesos internos. Desde el Libro de Estilo, sometido a diversas actualizaciones desde su primera edición en 1977, hasta el Estatuto de la Redacción, aprobado en la junta general de accionistas en junio de 1980 y donde se recogen los derechos de sus periodistas. El Estatuto dio pie al Comité de Redacción como órgano de representación profesional interno, que recientemente ha impulsado la presencia de una integrante de la redacción en el consejo administración de Prisa bajo la figura de “invitado permanente”. Los contrapesos internos culminaron en 1985 con la figura del Defensor del Lector, cuyos sucesivos nombramientos han dependido siempre de la dirección y una vez en el cargo cuenta con total independencia para realizar su labor.

El Estatuto de la Redacción también supuso el inicio del fin de la guerra accionarial de la empresa editora que convulsionó los primeros años. Un conflicto cuya resolución consolidó la figura del consejero delegado, Jesús de Polanco, hacia la consiguiente presidencia de la compañía. Como recuerda Mercedes Cabrera en su biografía Jesús de Polanco: capitán de empresas (Galaxia Gutenberg), el hasta entonces presidente José Ortega Spottorno destacó la figura de su sucesor en 1984 como visionaria para el impulso de EL PAÍS y trascendental para el futuro del Grupo Prisa. Ortega Spottorno definió a Polanco como “un temperamento empresarial de primer orden”. Así ejerció en los años sucesivos hasta su muerte en 2007, incluso frente a diversos ataques que incluyeron un prevaricador intento de encarcelarle.

La estructura informativa por secciones del origen permanece. Si bien, a lo largo de los años se han incorporado nuevos espacios para abordar la diversidad evolutiva de ámbitos de interés. La narración de los hechos siempre empezó por la sección de Internacional, en un afán de competir con los grandes diarios del planeta. Los conflictos internacionales han tenido reflejo en sucesivas coberturas, desde Latinoamérica (donde el fotógrafo colaborador Juantxu Rodríguez fue asesinado a tiros en 1989 por tropas estadounidenses que invadieron Panamá para capturar al dictador Noriega) hasta el continente africano; desde el horror de los Balcanes hasta las Guerras del Golfo Pérsico; desde la guerra eterna en Oriente Próximo hasta las hostilidades en el subcontinente asiático o incursiones con la guerrilla Tamil en Sri Lanka; desde la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento de la Unión Soviética hasta la invasión rusa de Ucrania; desde el auge de China hasta la caída de las Torres Gemelas que dieron la violenta bienvenida a los cambios en el orden mundial del Siglo XXI o la exclusiva sobre los Papeles del Departamento de Estado de Estados Unidos, en colaboración con otros medios internacionales… Son solo algunas de las muchas historias, llenas de intrahistorias, en las que EL PAÍS ha dejado su impronta al contar el mundo que nos rodea.

Los sucesos nacionales han pivotado desde los años de plomo de los atentados perpetrados por ETA hasta su disolución como banda terrorista; el ingreso de España en las instituciones europeas, del que se cumplen ahora 40 años; las sucesivas citas electorales a partir de las primeras en 1977, tras la Ley Para la Reforma Política; la mancha negra del Prestige en la costa gallega, los estragos del atentado terrorista del 11-M en Madrid, el procés soberanista catalán o exclusivas como la de Los papeles secretos de Bárcenas… La economía ha sido narrada desde las intervenciones de Rumasa y Banesto hasta las sucesivas crisis y la Gran Recesión o el grave problema de la vivienda en España… Los asuntos sociales han tenido reflejo desde conquistas legislativas como el divorcio o el matrimonio igualitario hasta la cobertura de la violencia machista, los avances científicos, los profundos cambios tecnológicos, las investigaciones sobre la pederastia en la Iglesia Católica española o la cobertura sobre la pandemia de covid-19 en la que participaron todas las secciones y donde resultó esencial una premiada narrativa digital que explicó a miles de lectores cómo se contagiaba el coronavirus… Los hitos culturales, críticas de diversos géneros artísticos y éxitos deportivos de un país que avanzaba hacia la modernidad sin vuelta atrás… Es vano el intento de plasmar en unas pocas líneas la formidable cantidad de informaciones, análisis y opiniones desarrollados en todo este tiempo por periodistas, escritores, editores, correctores, fotógrafos, editores gráficos, ilustradores, confeccionadores, técnicos, secretarias, bedeles y tantos otros oficios que han conformado el “intelectual colectivo” de EL PAÍS.

En su aproximación geopolítica, el continente americano —y en especial la región latinoamericana— ha estado siempre en el punto de vista informativo, como lo está ahora tras el ataque de Estados Unidos a Venezuela y la captura de Nicolás Maduro para su posterior traslado hasta Nueva York junto a su esposa. Como ante tantos otros acontecimientos extraordinarios, EL PAÍS puso en marcha desde las primeras horas del pasado 3 de enero la maquinaria periodística que alimentan las redacciones de México y Washington y su red de corresponsales en coordinación con la sede central en Madrid para informar en tiempo real sobre las consecuencias de la operación militar estadounidense en suelo venezolano. Las piezas informativas, de opinión y análisis, complementadas con fotografías y contenidos audiovisuales conformaron durante la jornada un denso despliegue informativo digital que culminó con la edición en papel del día siguiente para sintetizar las últimas 24 horas en la vida del mundo. Esa es la misión siempre rumbo al futuro a la que este periódico se ha comprometido durante el último medio siglo.

La amplitud de formatos y diseños empezó pronto. Desde su primer suplemento, El País Semanal, que nació en color pocos meses después del lanzamiento de EL PAÍS mientras que este permaneció en blanco y negro hasta empezar a abandonarlo en su primera y última página en septiembre de 1998. La crónica y el gran reportaje encontraron un espacio de largo recorrido en esta revista dominical para cumplir la máxima de Bernard Shaw sobre el periodismo convertido en “la forma más alta de la literatura”, así como las entrevistas en profundidad a los grandes personajes de nuestro tiempo. En este y otros espacios dejaron también su huella literaria escritores latinoamericanos, desde los Nobel Vargas Llosa y Gabriel García Márquez hasta cronistas como Alma Guillermoprieto, Martín Caparrós o Leila Guerriero. Y tantos otros españoles, como los fallecidos Umbral, Marsé, Vázquez Montalbán, Javier Marías o Almudena Grandes. Sin olvidar a prestigiosos hispanistas como Hugh Thomas y Paul Preston, que tuvieron espacio en estas páginas desde sus inicios. Las columnas y las piezas de opinión, claramente diferenciadas de las informativas, han dado voz a grandes firmas en español del último medio siglo. La escritura ha convivido siempre con la fotografía, que en EL PAÍS aspira a la búsqueda documental de los hechos. Y la ilustración ha tenido su espacio privilegiado con viñetistas como el infalible Peridis, presente desde el primer día.

Los suplementos y espacios informativos crecieron con la incorporación de la edición catalana, el desarrollo de las sucesivas delegaciones y las ediciones internacionales. Deportes, Educación, Ciencia y Tecnología, el Quadern de Cataluña, Babelia, Domingo (posteriormente Ideas), Negocios, El Viajero... Los ya extintos Futuro, Ciberp@ís, Educación, Propiedades, Mi País, Pequeño País, En Cartel, El Espectador, Tentaciones… La incorporación de revistas como SModa e Icon, formatos de más reciente creación como Planeta Futuro, Clima y Medio Ambiente, Ciencia y Salud, Tecnología, Gastro, El Motor Treinta años después del nacimiento de su primera versión de la página web, EL PAÍS engloba hoy a una plataforma digital de contenidos que cuenta con más de 430.000 abonados, que han ido sumándose desde el lanzamiento de su modelo de suscripción en mayo de 2020 y suponen más del doble de los que tiene la siguiente cabecera española.

El liderazgo en la prensa generalista también se refleja en la edición en papel desde 1982. Ahora acaba de alcanzar su mejor cifra de difusión desde 2021 con un aumento del 15% en su audiencia durante el último año, sumando más lectores que El Mundo y Abc juntos, según la última ola del Estudio General de Medios. El diario que nació como “independiente de la mañana” es hoy “el periódico global”, con ediciones internacionales como EL PAÍS US —la voz de los latinos en Estados Unidos—, EL PAÍS América y EL PAÍS in English, además de otras específicas en México, Colombia y Chile. Las newsletters han superado el millón de usuarios registrados, y la cabecera cuenta tanto con el exitoso podcast Hoy en EL PAÍS como con una división audiovisual que ha superado los tres millones de suscriptores en Youtube. En total, la comunidad de seguidores de EL PAÍS en todas sus redes sociales alcanza los 27 millones en todo el mundo.

El actual director, Jan Martínez Ahrens, es el octavo de su historia. En su primera comparecencia pública fuera de la sede, defendió el “compromiso” con los lectores a lo largo del último medio siglo. Para mantener ese “vínculo profundo con una audiencia fiel y exigente”, Martínez Ahrens apuesta por estos tres ejes: el respeto “a la verdad, a la independencia y a la pluralidad”; “buscar los hechos por encima de nuestros prejuicios, separar la información de la opinión y reconocer errores con claridad y transparencia”; y “no dar rienda suelta a cualquier mentira de distinto signo o ser equidistante, sino escuchar a quien razonablemente tiene algo que decir”. Bajo estas premisas y sus principios fundacionales, este periódico inicia la andadura de sus próximos 50 años.

Sobre la firma

Quino Petit
Es redactor jefe de Comunicación y Medios en EL PAÍS. Antes fue redactor jefe de España y de 'El País Semanal', donde ejerció como reportero y publicó crónicas y reportajes sobre realidades de distintas partes del planeta, así como perfiles y entrevistas a grandes personajes de la política, las finanzas, las artes y el deporte
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