Queda mucho por hacer
Ahora más que nunca hay que explicar lo que realmente ocurre y hacerlo de forma honrada y valiente


EL PAÍS cumplirá el próximo 4 de mayo sus primeros 50 años. Medio siglo en el que, día a día, este periódico se ha mantenido firme en la defensa de la democracia, la libertad de expresión y la pluralidad. Nacido en un momento decisivo de la historia de España como un proyecto periodístico inseparable de la aspiración democrática, EL PAÍS asumió desde su fundación un compromiso con los lectores basado en la independencia, el rigor y la transparencia. Defenderlo no ha sido ni es tarea fácil. La independencia incomoda; y el buen periodismo, más. Pero el empeño vale la pena.
A lo largo de todo este tiempo, EL PAÍS ha desarrollado un enorme esfuerzo a ambos lados del Atlántico que ha dado pleno sentido a su definición como “periódico global” y le ha proporcionado un lugar entre los diarios de referencia del mundo. España, América Latina y Estados Unidos forman hoy un espacio informativo compartido en el que millones de lectores, sin los cuales esta aventura sería imposible, encuentran una mirada rigurosa y plural. Han sido décadas de cambios para llegar hasta aquí. De aquel periódico de papel en blanco y negro a la vertiginosa multiplicidad de soportes y canales que lo conforman hoy han pasado muchas cosas, pero la identidad se ha mantenido intacta: la pulsión por hacer un periodismo honrado, basado en la búsqueda de la verdad y el contraste.
Esa identidad se ha sostenido, contra viento y marea, gracias a la Redacción, un colectivo intelectual, palpitante y abierto, donde los principios éticos están sólidamente asentados, no solo en el Libro de Estilo y en los mecanismos internos de control —el más reciente, la incorporación de una representante de la Redacción al Consejo de Administración—, sino en una larga tradición que nos define.
Ahí radica la fórmula que nos ha permitido ser líderes durante décadas. Su clave principal ha sido pensar no en los intereses del poder ni en la confirmación de nuestros propios prejuicios, sino en los lectores: diversos y plurales. Es tan importante comprender qué esperan de su periódico como que ellos sepan qué pueden esperar de nosotros. Para ello resulta necesario asumir la crítica, por dura que sea, y reconocer los errores. La aceptación de la falibilidad, que da sentido a la obligación de contrastar, es una fuente esencial de confianza y credibilidad.
Hemos cometido errores y hemos atravesado altibajos. Pero el balance es positivo. EL PAÍS, con el apoyo de sus lectores y el sostén de su sociedad editora, se ha mantenido a la vanguardia de los avances sociales y ha defendido el progreso y la igualdad. Esa tarea la hemos asumido siempre con las armas del buen periodismo: separando opinión de información y anteponiendo los hechos contrastados a cualquier ideología.
Mantenernos alerta
Con este compromiso llegamos a los 50 años. Estoy seguro de que cumpliremos otros tantos, aunque hemos de mantenernos alerta. Vienen desafíos formidables. La inteligencia artificial es uno de ellos. Su propia naturaleza dificulta su encaje en nuestras categorías habituales de pensamiento. Tardaremos años en aprender a manejarla con responsabilidad. Mientras tanto, será a la vez una herramienta extraordinaria y un instrumento capaz, en malas manos, de multiplicar hasta el infinito la mentira.
Aún más acuciante es el desafío político. Una nueva barbarie llama a la puerta. Los autoritarismos avanzan, se debilitan las instituciones creadas para salvaguardar la paz y las democracias sufren la triple embestida de la desinformación, el desencanto y la intolerancia. El resultado es un tablero mundial cada vez más inestable, donde prima la ley del más fuerte y el riesgo de guerra ya es perenne.
En este horizonte, los periódicos tenemos un trabajo que hacer: contar la verdad, denunciar los abusos y defender la razón frente a la fuerza bruta. Ahora más que nunca hay que explicar lo que realmente ocurre y hacerlo de forma honrada y valiente. Esa es nuestra tarea para el futuro. En ella, al igual que en los últimos 50 años, nos encontrarán siempre nuestros lectores. Que nadie lo dude.
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