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El Port de la Selva recupera ocho bares cerrados tras el suicidio de sus propietarios

Empresarios locales han decidido ampliar sus negocios y gestionarán estos establecimientos en primera línea de mar

El Port de la Selva (Girona) tendrá abiertos esta Semana Santa prácticamente la totalidad de los ocho bares, restaurantes y chiringuitos que tuvieron que cerrar el pasado agosto, de repente, tras el suicidio de la pareja que los regentaba. El trágico desenlace, que conmocionó a esta pequeña localidad de un millar de habitantes del norte de la Costa Brava, afectó a más del 22% de su oferta gastronómica y dejó a un centenar de empleados en la calle e importantes pérdidas económicas a una veintena de empresarios locales, ha quedado atrás. Pocos meses después de este luctuoso episodio, gracias a la implicación de empresarios locales, prácticamente todos abrirán en Semana Santa.

Tras décadas veraneando en el Port de la Selva, y con una buena cartera de amigos, en 2018 José Andrés Bel, “Pepito”, se propuso regentar el restaurante de un vecino que se jubilaba, Ca l’Herminda-La Brisa. Fue el primero. Le siguieron el Cafè de la Marina, Ca la Maria, el Xiri, La Bámbola, Ave María y Can Rubiés, todos alquilados. Su buena reputación en los negocios —había sido director general de la cadena de calzado Castañer, de la compañía de bolsos y accesorios Misako, y director operativo de Stradivarius— hizo que al menos una veintena de personas confiaran en él e invirtieran en sus negocios. Reventó precios, si los alquileres estaban en unos 2.500 euros, los doblaba, lo mismo que hizo para ganar el concurso de los chiringuitos. Los propietarios de los locales estaban contentos y durante un tiempo los negocios, que mantenía abiertos de forma pionera en invierno, funcionaron. En 2024 algunos inversores sospecharon que la cosa no iba tan bien como hacía ver y cortaron vínculos profesionales con él.

El 16 de junio pasado se suicidó su mujer, Adela Esteban, de 68 años, y el 29 de julio, con 71, lo intentó él, pero acabó falleciendo el 20 de agosto en el Hospital Trueta. No hubo investigación policial. El Consistorio mostró “preocupación” por los empleados y los dueños de los locales, y se ofreció a ayudar a buscar soluciones. Como nuevo administrador único de la sociedad, con el 51%, quedó TQ MR Family II, que era el socio inversor. Prometió diligencia y en poco tiempo los dueños recuperaron sus locales y la maquinaria se puso de nuevo en marcha para revertir la situación.

Varios empresarios locales valoraron regentar estos establecimientos, tanto por la oportunidad de negocio, como para actuar en beneficio del pueblo. El primero fue un empresario de Figueres afincado allí desde hace años al que Bel había alquilado un local, la Bámbola. A pesar de no dedicarse a la restauración, decidió llevar el local. Lo bautizó Blaus y, una vez restaurado, fue el primero en abrir. Ofrece desayunos, tapas, algunos platos y meriendas y le ha asesorado en la carta el reconocido chef de Llançà, Paco Pérez. “Una vez recuperado el local decidí que, por los beneficios que nos iba a dar, ya que este no es el negocio principal al que nos dedicamos, prefería que lo gestionara la familia, así se podía dar un servicio de calidad y además dar trabajo a varios vecinos”, detalla. Abrirá todo el año, algo que, hasta que llegó Bel, era inaudito.

Cristina Perelló y su hija Anna, de familia de pescadores, hace muchos años que se dedican a la restauración de productos de proximidad. Actualmente, regentan el único restaurante ubicado en el puerto pesquero. Aunque no se habían planteado ampliar el negocio, después de que los propietarios de Ca la Maria —el histórico bar España— no llegaran a ningún acuerdo con sus “pretendientes”, se pusieron en contacto y, “tras hacer números, decidimos dar un paso adelante”, explica Perelló. Modernizará el local y abrirá a finales de febrero. Ofrecerán tapas de autor.

Otra familia de restauradores del Port también ha decidido aprovechar esta ocasión y regentar Ca l’Herminda, el que fue mucho tiempo uno de los restaurantes de más calidad de la localidad. Abrieron hace meses.

Se encargará de Can Rubiés (antigua hamburguesería), una empresaria muy vinculada a la localidad y falta que encuentre gestor El Cafè de la Marina. Del Ave María, lejos del centro, en la carretera de Cadaqués, no se sabe nada. En cuanto a los dos chiringuitos, “Xiris”, el de la Platja Gran y el del de la Platja del Pas, su licitación se aprobó en la junta de gobierno del 19 de enero y se abrió el plazo para presentar solicitudes y proyectos. “Esperamos licitar a finales de febrero”, apunta la alcaldesa, Lidia Ferrer. La concesión será por cuatro años y las bases estipulan un mínimo de 5.000 euros por año para el primero y 6.000 por el segundo.

“Desde el Consistorio estamos muy contentos que la gente del pueblo, los que conocen el territorio, el tipo de turismo que viene aquí, la meteorología y la temporalidad, se pongan al frente de estos negocios”, afirma Ferrer. Advierte: “Aquí puedes tener una terraza, pero si te pillan dos semanas de tramontana, los números no serán los esperados”. Tanto Ferrer como Josep Maria Cervera, alcalde hasta hace dos años, creen que es una nueva oportunidad. “Una desgracia puede convertirse en oportunidad y ahora se está diversificando, que no estén todos los negocios en las mismas manos te asegura que uno puede ir mal, pero difícilmente pasará lo del agosto pasado”.

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