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sanidad pública
Opinión

SOS por la sanidad pública

Si permitimos que la sanidad pública se descapitalice de profesionales y tecnología, pondremos en peligro el mayor factor de equidad social

Huelga de médicos Cataluña

Parece claro que lo que ha ocurrido con Rodalies es que la falta crónica de inversiones y la sobrecarga de las infraestructuras han hecho que el servicio petara, como una costura que ya no aguanta más presión. El desencadenante han sido unas lluvias excepcionales, pero sin los otros dos factores no se hubiera producido una crisis que ha llevado al colapso. ¿Puede repetirse la situación en otros sectores igualmente faltos de inversión y muy sobrecargados? Debería preocuparnos lo que ocurre en el sistema sanitario público, porque está llegando un temporal que lo va a desestabilizar.

Entre la pandemia y 2027 se habrán construido seis hospitales privados en el área de Barcelona. El hospital Vithas en Esplugues (101 millones de inversión); el hospital Marina de Sanitas y Mapfre en Poble Nou (77 millones); el nuevo centro de HM Hospitales en Sant Cugat (50 millones); la Clínica HLA de La Bonanova (24,8 millones) y el hospital de Quirón Salud en Badalona (40 millones), estos dos últimos ya inaugurados. Entre todos suman más de 600 camas y todos prometen alta tecnología.

Están ocurriendo cosas que no deberíamos minimizar. Desde la crisis de la covid, la contratación de pólizas de seguros privados no ha dejado de crecer: el 34% de la población catalana tiene ya doble cobertura y en el área de Barcelona ese porcentaje supera el 42%. La sanidad pública sigue teniendo un gran prestigio para los casos complicados y graves. En eso no tiene rival. Pero las demoras para pruebas diagnósticas e intervenciones quirúrgicas no urgentes generan un gran malestar que arroja a los brazos de la privada a quienes pueden permitírselo. Se está fraguando una peligrosa dualidad sanitaria.

Si la sanidad pública no se pone las pilas y corrige las esperas, caerá la valoración ciudadana y con ella la legitimidad del sistema. Ya lo estamos viendo en las encuestas de salud del Ministerio de Sanidad. Los recursos de la sanidad pública no han crecido al ritmo que lo ha hecho la población y eso, además de listas de espera, provoca una sobrecarga profesional que ha llegado al límite. También la sanidad privada está acusando el desajuste entre los recursos y el aumento de población, hasta el punto de que está perdiendo algunos de los rasgos diferenciales que la hacían atractiva, con demoras y una presión por controlar los costes que los pacientes notan con desagrado. Pero los grandes inversores han visto en la saturación de la pública una gran oportunidad de negocio y toman posiciones.

Lo primero que eso va a provocar es una dura batalla por los profesionales. Todos esos nuevos hospitales privados necesitan especialistas, cirujanos, anestesistas, enfermeras… que no hay. ¿De dónde los van a sacar? De la medicina pública. En estos momentos, uno de cada tres médicos (unos 15.300) realiza actividad para la privada. El 60% de forma exclusiva y el 40% como complemento de su trabajo en la pública. Pero ahora faltan profesionales y eso coincide además con un cambio cultural relevante: hasta ahora, los médicos preferían la sanidad pública porque en ella tenían opciones de carrera y prestigio profesional y muchos de ellos redondeaban ingresos prolongando la jornada laboral en la sanidad privada, que se beneficiaba de sus conocimientos y su prestigio. Eso está cambiando: los médicos que salen del MIR quieren un salario digno sin tener que trabajar 14 horas diarias. Y muchos ya se van directamente a la privada.

La competencia por los médicos será la primera batalla. La siguiente será la tecnológica. Si permitimos que la sanidad pública se descapitalice de profesionales y tecnología, pondremos en peligro el mayor factor de equidad social, la joya de la corona del Estado de Bienestar.

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