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Los maquinistas de Rodalies, hartos de trenes viejos y vías sin revisar: “Siempre que llueve caen objetos sobre las vías”

Los profesionales denuncian que la falta de inversión en la red “está degradando los estándares de seguridad”

La muerte de un conductor en prácticas en el accidente de un tren de Rodalies, el martes, ha desatado la indignación de los maquinistas, que llevaban tiempo alertando de los problemas de seguridad en la red ferroviaria por la falta de mantenimiento en trenes y vías. Renfe y Adif revisan tanto la red como el material rodante periódicamente y de forma exhaustiva. Sin embargo, el malestar de los profesionales viene de lejos y discurre en paralelo al de los usuarios, hartos unos y otros de las incidencias recurrentes en un servicio básico al que recurren diariamente más de 360.000 viajeros en Cataluña.

La caída de objetos en las vías, que puede suponer un riesgo para la circulación, es un problema frecuente. Se pudo ver con claridad el martes, en pleno temporal. Pasadas las 20.00, una piedra caída en la vía provocó el descarrilamiento de un tren (sin heridos) de la R1 entre Tordera (Barcelona) y Maçanet (Girona). Dos horas más tarde, un muro de la autopista AP-7 cayó sobre la cabina de un tren de la R4 en Gelida (Barcelona) y mató a Fernando Huerta, de 27 años; otras 37 personas resultaron heridas.

De los problemas en ese tramo de la R4 da fe Elisabet Ramos, de 34 años, que trabaja desde hace cuatro como maquinista en Rodalies. Ramos, de la CGT, solía transitar por el punto del accidente como conductora de trenes de mercancías. “Siempre ha habido incidencias en el tramo desde que hicieron las obras en Castellbisbal”, dice en alusión a unos trabajos para adaptar un tramo al corredor mediterráneo y permitir la circulación en triple vía. La maquinista denuncia que no se contempló entonces adaptar los sistemas de bloqueo (el mecanismo que permite evitar alcances y choques frontales) y que el problema de seguridad es persistente. “Se están degradando los estándares de seguridad, y después esa responsabilidad recae sobre nosotros”, apunta.

Las incidencias, sostiene Ramos, se repiten a diario en casi todas las líneas, pero destaca dos: la R3, que une el área metropolitana con el Pirineo; y la R1, que recorre el litoral en dirección norte. “Siempre que llueve caen objetos a las vías, especialmente árboles, y suelen inundarse los raíles. En esos casos, como en el tramo de Gelida donde la velocidad de los trenes puede llegar a los 120 kilómetros por hora, es imposible que el maquinista pueda frenar a tiempo”, relata.

La formación pone énfasis en la seguridad pero, aunque existe la “obligación de comunicar las incidencias inmediatamente a Adif”, en la práctica la comunicación falla. “En muchos casos se nos ignora desde las centrales”, añade. Un ejemplo es la carta que, el mismo martes, horas antes del doble descarrilamiento, envió el sindicato Semaf a Renfe advirtiendo de riesgos para la seguridad. Fue ignorada. “Los que vemos las cosas somos nosotros, que estamos en primera línea. No podemos jugar con la seguridad. No hay que sacar ningún tren si se ve que no es seguro”, insiste Ramos, que lamenta las “presiones” del Govern para lograr la reanudación del servicio: “Pagamos nosotros el enfado de los usuarios”.

“Estos trenes ya estaban aquí cuando empecé”

La falta de inversión es una de las quejas más habituales. “Si los pasajeros pudiesen ver lo que vemos nosotros desde la cabina todos los días, no subirían al tren”, explica este jueves una pareja de maquinistas, en la estación de Francia, a la espera de saber si había acuerdo con la Generalitat (lo hubo) y debía volver al trabajo.

Los dos maquinistas llevan 30 años en la empresa, están a punto de jubilarse y prefieren no dar su nombre. Pero describen una flota envejecida y un sistema de mantenimiento que ha empeorado con el paso del tiempo. “Estos trenes ya estaban aquí cuando empecé en Renfe”, afirma uno de ellos.

Ambos insisten en que la falta de mantenimiento no puede explicarse por la ausencia de recursos. “No entendemos a quién interesa la falta de mantenimiento: no es falta de dinero, tampoco de tecnología”, agrega. Según comentan, existe un libro en el que se anotan las principales incidencias y quejas detectadas durante el servicio diario, pero advierten de que ese registro no siempre tiene consecuencias prácticas. “A veces se queda olvidado”, lamentan.

El deterioro no se limita a los trenes. “Si hay falta de mantenimiento de los trenes, ni te imaginas en las vías”, subrayan. Recuerdan que antes había personal responsable de inspeccionar periódicamente la infraestructura ferroviaria, pero ya no: “Hoy la gestión del mantenimiento es muy difusa”.

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