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Financiación autonómica
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Los perros del hortelano

No estaría mal que por una vez tanto el PP como Junts dejaran de comportarse como el que ni hace, ni deja hacer

¿Se atreverá Alberto Núñez Feijóo a rechazar un modelo de financiación que beneficia a todas las comunidades autónomas, y particularmente a las gobernadas por el PP, solo porque Pedro Sánchez lo ha pactado con ERC? ¿Se atreverá Junts a rechazar una mejora sustancial de la financiación de Cataluña y una reforma que implica un mayor control de los ingresos por parte de la Generalitat solo porque Sánchez lo ha negociado con ERC? A la vista de las primeras reacciones, parece que sí, pero veremos si pueden sostener una posición tan poco racional.

Con el nuevo modelo propuesto, el 70% de los 21.000 millones que el Gobierno prevé inyectar a la financiación autonómica irá a parar a las comunidades gobernadas por el PP. La más beneficiada será Andalucía. Y, sin embargo, el PP se ha lanzado contra la propuesta con un discurso tremendista que habla de pecado original por haberlo pactado con Oriol Junqueras. Como si el hecho de que se haya negociado con los republicanos, uno de los socios de la investidura de Pedro Sánchez, fuera un motivo intrínseco de deslegitimación, sin entrar a considerar siquiera su contenido.

Por su parte, Míriam Nogueras, la portavoz de Junts, repite estos días que votará en contra de todo lo que no sea un concierto económico, pero lo hace con la boca cada vez más pequeña porque no le va a ser fácil sostener esa posición cuando la alternativa es quedarse sin nada y abrir la puerta para que accedan al gobierno quienes se oponen de forma sistemática a que Cataluña pueda mejorar su autogobierno. El concierto económico nunca ha estado en el rango de los acuerdos posibles. No lo estuvo en 2012 ni 2017, menos ahora.

Una vez más, el PP y Junts entran en una sinergia política en la que el discurso de uno alimenta el del otro y, pese a sus posiciones aparentemente antagónicas, se legitiman mutuamente. Los dos alimentan el mismo marco mental: lo que le va bien a Cataluña no puede irle bien a España y viceversa. Para el PP, todo lo que sea una mejora para Cataluña implica necesariamente un perjuicio para el resto de las comunidades autónomas. Aunque los números digan lo contrario. Y para Junts, todo lo que no sea bilateral y exclusivo, es café para todos y no puede ser bueno para Cataluña. Lo presenta como un expolio a los catalanes.

Este tipo de discursos sirven para contentar a la propia parroquia y justificar una incapacidad política que no solo no mejora las cosas, sino que conduce a la parálisis. Al nuevo modelo de financiación autonómica le queda una larga tramitación. Sería bueno que, por debajo del ruido y los truenos del partidismo más beligerante, alguien empezara a hacer números y sacara las cuentas de lo que todos podemos perder si se deja pasar esta oportunidad de mejora. Los periódicos están llenos cada día de noticias sobre las nefastas consecuencias de no tener una buena financiación de los servicios públicos. El nuevo modelo servirá para inyectar recursos a la sanidad, la educación y los servicios sociales, además de actualizar inversiones de todo tipo. El vigente modelo lleva doce años caducado y el PP no se atrevió nunca a hacer una propuesta de revisión, ni siquiera cuando tenía mayoría absoluta y la hubiera podido aprobar con el rodillo con el que impuso tantas contrarreformas sociales.

No estaría mal que por una vez tanto el PP como Junts dejaran de comportarse como el perro del hortelano, que ni hace ni deja hacer.

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