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Rajoy se enfrenta en el juicio de Kitchen a las acusaciones de su extesorero Bárcenas

El expresidente testifica en la vista oral tras negar su implicación en la trama: “No di ninguna instrucción sobre algo que no conocía”

Mariano Rajoy, expresidente del Gobierno, y Alberto Núñez Feijóo, actual presidente del PP, durante la presentación de un libro del antiguo líder conservador, en noviembre de 2025.Claudio Álvarez

El exdiputado popular y abogado Jorge Trías, pieza clave para que salieran a la luz los llamados papeles de Bárcenas (esa “libretita” que tanto traía de cabeza a María Dolores de Cospedal), solía recordar una frase que le dijo Mariano Rajoy para resumir su visión sobre la política. “Mira, Jorge”, le espetó el entonces presidente del PP: “La política es como un junco, cuando viene el ciclón hay que inclinarse, y cuando pasa, vuelves otra vez a tu lugar habitual”. Una metáfora que Rajoy, jefe del Gobierno durante la operación de espionaje activada en 2013 en el seno del Ministerio del Interior contra Luis Bárcenas, vuelve a practicar desde que comenzase el juicio sobre el caso Kitchen a principios de abril. Después de que su partido lo exhibiese hasta el mes pasado, cuando se sumó a la campaña de las elecciones de Castilla y León, el antiguo líder conservador se ha inclinado ahora para dejar pasar la tormenta que supone la vista oral. Sin embargo, este jueves tendrá que asomar la cabeza: está citado a declarar como testigo.

El expresidente del Ejecutivo, que siempre ha negado su implicación en Kitchen, aterriza en un proceso que quedó marcado esta semana por la declaración de Bárcenas. El exresponsable de finanzas del PP desbordó los límites impuestos al juicio y, frente a la tesis de que la trama se gestó exclusivamente en Interior, apuntó contra los antiguos dirigentes orgánicos de su formación. “Esta operación se inicia por los responsables del partido y luego tiene un traslado al Ministerio del Interior, si eso se acredita. Pero empieza en el partido”, sentenció, en clara referencia a la dirección que encabezaba Rajoy, y con la que trata de marcar distancias la cúpula de Alberto Núñez Feijóo.

El extesorero, al igual que otras acusaciones (como la Fiscalía Anticorrupción), no creen que un espionaje de esta magnitud se pudiese gestar desde el departamento que dirigía entonces el ministro Jorge Fernández Díaz, hombre de confianza del presidente, sin la connivencia de las altas esferas del PP. “[No puede] descartarse la intervención de otras personas”, escribió el ministerio público al solicitar las penas para la decena de mandos de Interior y la Policía que se sientan en el banquillo. De hecho, el PSOE, personado como acusación popular, pidió sin éxito al inicio del juicio que se devolviera la causa a la fase de instrucción para reabrir las pesquisas, volver a imputar a Cospedal y ahondar en la llamada “conexión política”, que ponía la diana en los cargos orgánicos populares —una línea de investigación que el juez Manuel García-Castellón decidió cerrar por falta de indicios, para lo que contó con el respaldo posterior de la Sección Tercera de la Sala de lo Penal, que avaló sus resoluciones—.

El gran beneficiario de Kitchen, inciden Bárcenas y su entorno, era la entonces dirección del PP y su presidente. La Fiscalía añade que la trama buscaba documentos “comprometedores” que el contable podía tener aún en su poder. “Por parte de los encausados se sospechaba y creía que en el local [de la esposa del extesorero] podían encontrarse los archivos de audio correspondientes a conversaciones mantenidas con dirigentes del PP, como su presidente Mariano Rajoy o Javier Arenas”, afirma Anticorrupción. Un material que Bárcenas asegura que le “robaron”.

“Yo tenía tres grabaciones. Una mía, donde yo explicaba una serie de cosas relacionadas con el procedimiento y con la contabilidad extracontable del partido y cómo funcionaba. Una grabación cortita con Rajoy; y otra grabación con Javier Arenas”, repitió el extesorero durante su declaración ante el tribunal, cuando volvió a describir el contenido del supuesto audio que implicaba al líder conservador: “Yo subo al despacho de Rajoy [...] Le entrego la última hoja de esos movimientos donde figura el saldo. Él se da la vuelta en el sillón (eso se oye en la grabación) y lo introduce en el destructor de papeles. El papel, que era una fotocopia, queda destruido”.

Durante su interrogatorio en el juicio sobre Los papeles de Bárcenas, al que fue citado como testigo en 2021, Rajoy negó esa escena: “Yo no he triturado lo que no ha estado en mis manos”. “A mí no me ha entregado ninguna contabilidad. La primera vez que vi [los papeles de Bárcenas] fue publicados en un diario nacional, [EL PAÍS], el 31 de enero de 2013. Por tanto, es metafísicamente imposible que los destruyera”, manifestó. En esa comparecencia, el expresidente del Gobierno negó, incluso, la contabilidad paralela del PP que ya han dado por probada los tribunales: “No hay ninguna caja b del PP. Habrá unos papeles del señor Bárcenas, que tendrá que explicar”, esquivó. A esa interpretación también respondió el extesorero el pasado lunes en la Audiencia Nacional: “Los papeles que se llamaron de Bárcenas, eran del PP”.

El guion marcado

Rajoy nunca declaró en la investigación del caso Kitchen: ni como imputado ni como testigo. Más allá de que era uno de los supuestos beneficiarios de la operación y de que las pesquisas se dirigieron contra dos de sus principales colaboradores (Fernández Díaz y Cospedal), el documento más comprometedor que incluye el sumario es un informe de Asuntos Internos confeccionado al arrancar las pesquisas en 2018 que, en base a unos audios intervenidos al comisario José Manuel Villarejo, concluía de forma preliminar que una persona apodada El Asturiano tendría “conocimiento” de la trama. El inspector jefe Gonzalo Fraga, principal investigador de Kitchen, señaló la pasada semana que ese era el mote usado por algunos implicados para referirse a Rajoy.

Más tarde, en 2021, Villarejo añadió que informaba al presidente del Gobierno por teléfono de los avances del espionaje a Bárcenas. Un testimonio que rechazó el juez García-Castellón. “Ninguna diligencia que se ha practicado hasta el momento permite sostener que tuviera comunicación directa con ningún presidente o primer ministro”, reiteró el magistrado en una resolución, que achacó al comisario un “afán desmedido por ganar notoriedad y repercusión” para desviar la atención. Mariano Rajoy lo negó igualmente en la comisión de investigación abierta en el Congreso sobre Kitchen: “No conozco a Villarejo y ni siquiera me consta haberlo visto en sitio alguno. Por tanto, no me reuní con Villarejo nunca, no hablé con él nunca, no me consta que me haya mandado ningún mensaje y jamás en mi vida le he contestado a un mensaje”.

Las partes no esperan que Rajoy se salga este jueves del guion marcado durante los últimos años: es decir, que creen que negará cualquier conocimiento de la trama o de las maniobras que hubo en el seno de su partido contra Gürtel. De hecho, en esa cita del Congreso de 2021, el expresidente siguió esa línea y afirmo que ni siquiera Cospedal le informó de las reuniones que mantuvo con Villarejo cuando ella era secretaria general del PP, pese a que se celebraron en la propia sede de la formación. Entonces, además de defender la inocencia de Fernández Díaz, remachó que “nunca” supo nada de los espionajes a Bárcenas: “Yo no he conocido nunca la existencia de esa operación. Por tanto, no he dado ninguna instrucción sobre algo que, evidentemente, no conocía. No sé lo que buscaban. Francamente, no lo sé. Yo, desde luego, no buscaba absolutamente nada”.

—Se referían a usted como El Barbas o El Asturiano. ¿Usted tenía conocimiento o se reconoce en esos motes? —le preguntó también la diputada Sofía Fernández (Podemos).

—Mire, yo estuve casi 40 años en política y de mí se ha dicho de todo. A mí, que me digan El Barbas o El Asturiano, comprenderá que no me genera ningún problema. De repente, aparece El Barbas. Como si dicen El Chino, me es igual —esquivó Rajoy.

Otros testigos

Además de a Mariano Rajoy, el tribunal prevé interrogar este jueves a otros cinco testigos: a María Dolores de Cospedal, ex secretaria general del PP y exministra de Defensa; a Juan Ignacio Zoido, ministro del Interior de 2016 a 2018 (tras Jorge Fernández Díaz); a José Luis Ortiz, quien fuera jefe de gabinete de Cospedal; y a Ignacio Ulloa y José Antonio Nieto, que fueron secretarios de Estado de Seguridad (el primero, antes de Francisco Martínez, también acusado; y Nieto, después).

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