Llega la gran batalla europea: ¿cómo parar los pies a Trump?
Sánchez se prepara para un Consejo Europeo donde intentará arrastrar a más países al choque con el presidente de EE UU, pero Alemania se niega. La guerra y sus consecuencias económicas ocupan todo el espacio. El Gobierno prepara un alivio fiscal importante en energía


La guerra en Irán y sus consecuencias para el mundo lo ocupan todo. Desde la campaña en Castilla y León, que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, cerró en Valladolid entre gritos de “no a la guerra” de los militantes socialistas, hasta la discusión interna en el Gobierno sobre las medidas para paliar sus efectos. Los ministros del PSOE y Sumar debaten la profundidad de la respuesta, y negocian con los socios porque no pueden permitirse el lujo de que el PP, Vox y Junts les vuelvan a tumbar un escudo social. Este martes probablemente habrá un primer bloque de medidas, en el que trabajaban varios ministerios este fin de semana.
El alivio fiscal ―esto es, la bajada de impuestos energéticos en la que trabaja el Gobierno centrada en sectores afectados, en el campo, en el transporte, en las familias vulnerables― será muy importante, según distintas fuentes, aunque los detalles no están cerrados. Pero el grueso de las medidas vendrá con toda probabilidad después del martes, tras el decisivo Consejo Europeo del jueves, en el que Pedro Sánchez se está preparando para una batalla política muy importante.
El líder español ya no está tan solo como al principio en su rechazo a la guerra de Donald Trump y Benjamín Netanyahu. Poco a poco, varios países han girado hacia la posición española de oposición frontal a una guerra sin objetivos claros y con consecuencias desastrosas para la economía europea, con el riesgo además de una gran crisis migratoria si la situación se alargara y dejara un Irán destrozado, como sucedió con Siria. Sánchez encontrará algún aliado en esa batalla para que Europa plante cara a Trump, pero también tendrá un opositor radical y muy poderoso, el alemán Friedrich Merz.
La tensión entre Madrid y Berlín en este momento es muy evidente, como reconocen distintas fuentes del Gobierno. Sánchez y Merz se acercaron hace unos meses, para pactar grandes líneas de política europea como grandes referentes que son de los populares y los socialistas europeos.
Pero la guerra y la posición frente a Trump les han alejado mucho. “Esto no hubiera pasado con Merkel ni con Scholz. Nunca se ha visto una entrega así de un canciller alemán a Washington. Necesitamos que el país más importante de Europa vuelva a los valores europeos. Vamos a trabajar en eso”, sentencia un miembro del Gobierno. “En realidad, casi todos los países europeos están ya en nuestra posición, aunque no todos se animan aún a decirlo. Vamos a ver si en el Consejo del jueves se crea un estado de opinión claro en contra de la guerra”, señala otro. Los últimos movimientos de Trump, que ahora autoriza la compra de petróleo ruso obviando las sanciones europeas, también impulsan un creciente enfado en la UE con Washington. “Aún hay mucho miedo en algunas cancillerías, pero esto es insostenible. Trump va contra Europa. Todos sabemos que hay que hacer algo para intentar parar esto. El jueves se discutirá qué”, apunta otro miembro del Ejecutivo.
Sánchez, explican fuentes del Gobierno, viajará a Bruselas con un objetivo claro: lograr una posición nítida de “denuncia de esta guerra” por ilegal, por equivocada, por contraproducente. Pero teme que Alemania y algunos de sus satélites impidan esa condena rotunda a un movimiento que EE UU ni llevó al Consejo de Seguridad de la ONU ni consultó con sus supuestos socios europeos, al contrario de lo que hizo George Bush con la guerra de Irak, cuando estuvo cuatro meses buscando el apoyo de los grandes países europeos. Finalmente, solo logró el del Reino Unido de Tony Blair y la España de José María Aznar. Alemania y Francia no entraron. Pero al menos lo intentó. Trump, recuerdan en La Moncloa, ni siquiera ha hecho ese esfuerzo.
Sánchez también peleará en Bruselas, en una cumbre en la que podría tener un lugar muy destacado dado que es el primer ministro que más claramente se ha plantado ante Trump, que la UE haga una defensa cerrada del multilateralismo, la ONU y el mundo basado en reglas. En La Moncloa hubo mucho malestar por las palabras de Ursula von der Leyen, la presidenta de la Comisión, que se vio obligada a rectificar después de relativizar la idea de ese mundo basado en reglas. Distintas fuentes del Gobierno coinciden en que Von der Leyen actuó ahí influida por el canciller Merz. Pero en el Ejecutivo aplauden la marcha atrás de la alemana y confían en que ahora en el Consejo Europeo se pueda lanzar un mensaje claro de que la UE defiende un mundo completamente diferente al de Trump.
Distintas fuentes del Gobierno consultadas admiten la dificultad de sacar adelante algún mensaje rotundo si Alemania mantiene sus posiciones iniciales, pero también confían en que se puedan modificar. De la misma manera que Von der Leyen se vio obligada a rectificar ante las críticas de España y otros países ―la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, llegó a decir que era una “infamia” lo que dijo la presidenta de la Comisión y el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, la desautorizó al decir que España apoyaba a António Costa, que dijo lo contrario, y que “la alternativa al orden mundial es el desorden”―, en La Moncloa y en distintos sectores del Ejecutivo que tienen contacto permanente con varias cancillerías europeas sostienen que la opinión pública está girando y presiona a sus gobiernos para que planten cara a Trump: “Meloni es un claro ejemplo; después de unos días de silencio tuvo que girar y ahora está claramente en contra de la guerra”.
Ella siempre intenta hacer un bloque con Alemania frente a Sánchez o Macron, pero ahora su opinión pública no le deja tanto espacio. “En Italia hay casi la misma oposición a la guerra que en España”, sentencia un miembro del Gobierno. Sánchez es ya un referente absoluto en la política italiana, y la izquierda lo exhibe tanto que esta semana, en la habitual sesión del Parlamento italiano para fijar posición antes de los consejos europeos —en España se hace después, con lo cual se diluye mucho más—, casi le hizo más oposición a él, al que citó varias veces, que a la propia Elly Schlein, líder de los progresistas italianos.
Esta rivalidad llegará sin duda muy viva al Consejo Europeo, donde Meloni tendrá que hacer equilibrios entre el rechazo a la guerra en Italia y su interés por no dejar que Sánchez se convierta en un “héroe” en su país, como admitió quejándose su ministro de Defensa, Guido Crosetto.
Meloni quiere aislar a Sánchez, y en el Parlamento italiano presumió que ella está “donde están todos los aliados europeos, salvo España”, pero la fuerza que ha cobrado la posición del español en Italia, y no solo entre la izquierda, le complica cada vez más esa estrategia. Europa se prepara así para una gran batalla que tendrá consecuencias directas en la política española, que este domingo tendrá un nuevo aldabonazo con las elecciones en Castilla y León. También ahí será relevante ver qué consecuencias ha tenido una campaña en plena guerra de Irán y con la subida ya muy clara de los combustibles. Nadie sabe aún si esta guerra ha venido para quedarse o será pasajera, pero mientras dure, ya parece muy claro que la política española estará totalmente dominada por este gran cisne negro de consecuencias impredecibles.
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