Gaspar Llamazares: “Si el planteamiento vuelve a ser que hay una izquierda valiente y otra cobarde, no tenemos solución”
El exdirigente de IU lamenta la retirada de Yolanda Díaz y cree que Rufián podría ser candidato a la presidencia de España


Cuenta Gaspar Llamazares, nacido en Logroño hace 68 años, pero criado en Asturias, que, “tras grandes broncas” con su partido, IU, que dirigió entre 2000 y 2008, hoy vive, como concejal en el Ayuntamiento de Oviedo, la etapa “más feliz y gratificante” de su trayectoria. “Me dedico a la reflexión y a la micropolítica, donde hay menos espuma y vanidad, y así me gustaría retirarme del escenario”.
Pregunta. Es médico de formación y ha declarado que la división es la “patología crónica de la izquierda”, pero, al tiempo ha escrito varios libros de recetas para su tratamiento. ¿Cree que llegaremos a ver la cura?
Respuesta. Espero que sí, pero los tiempos de las catástrofes favorecen la polarización. Lo que históricamente era una patología de la izquierda hoy es del conjunto, no de un partido o ideología concreta, y tiene mucho que ver con la digitalización de la política y las redes sociales. La política es diálogo, negociación y acuerdo, pero en los últimos tiempos el esfuerzo es el contrario y lo que aumenta es la sobreactuación. El modelo ya no es ni siquiera multipartidista, sino gaseoso.
P. De momento, el llamamiento a la unidad en el espacio a la izquierda del PSOE se ha manifestado en la convocatoria de dos actos por separado, uno en la sala Galileo y otro en el Círculo de Bellas Artes; en la renuncia de una de sus referentes a ser candidata y en el desmarque de Podemos. ¿Qué lee en la retirada de Yolanda Díaz? ¿A quién cree que beneficia o perjudica más?
R. Es un exponente de esa política gaseosa en la que ya no valen ni los resultados. Todo el mundo en la izquierda valora su gestión al frente del Ministerio de Trabajo, pero eso, que debería ser un aval, no lo es porque se considera al dirigente político material fungible y según eso, si se quiere abrir una nueva etapa, hay que separarse de la anterior en todos los términos: políticos y personales, lo que me parece un gran error.
P. ¿Entiende el movimiento de Gabriel Rufián?
R. Si tiene alguna virtualidad lo que plantea es que hace un llamamiento a la colaboración con el respaldo de Joan Tardà, es decir, se dirige a la gente joven, pero con la autoridad de quien tiene experiencia política. No hay proyecto político sin organización, tiene que haber partidos, experiencia y esperanza para dirigirse a sectores nuevos. Esos actos son un revulsivo frente a la decepción.
P. Tardà apoya a Rufián, pero Oriol Junqueras no tanto.
R. El partido está en su papel de esperar a ver qué pasa. Es más conservador que las personas que se han puesto al frente incluso al riesgo de quemarse planteando la necesidad de un proyecto de colaboración. Tenemos las bases de un programa y podemos maximizar resultados. Otro elemento muy importante es la llamada de atención democrática. De resistencia ante Vox, por lo que vemos en EEUU, pero también de apuesta por una alternativa. En el Ayuntamiento de Oviedo estamos pactando con el PP, diciéndole que no está condenado a negociar con Vox, y estamos orgullosos de que allí la influencia de Vox es nula.
P. ¿Se imagina a Rufián, que pertenece a un partido independentista, como candidato a la presidencia de España?
R. No me parece imposible. Formando parte de un proyecto compartido que dé esperanza e ilusión a la izquierda no lo veo extraño.
P. ¿A quién ve con más posibilidades de sustituir a Yolanda Díaz y quién es su favorito o favorita para ese puesto?
R. No sé, no tengo favoritos. Me sorprendió la decisión de Yolanda. En la izquierda y en la política en general desperdiciamos valores muy fácilmente. En este prescindir de Yolanda, prescinden de su gestión y me parecería un error que su sustituto surja al margen del Gobierno, de lo que han hecho ahí dentro. La izquierda se equivocará si esto lo hacemos por cuota de partidos.
P. ¿Por qué cree que se desinfló Sumar y por qué cree que se desinfló Podemos?
R. Podemos supo capitalizar un momento de indignación, pero no convertir esa rentabilidad política en transformaciones a medio plazo. Provocó cambios puntuales muy importantes, pero no logró ir más allá. Y Sumar ha quedado como un proyecto institucional desvinculado de los partidos y del movimiento social. Hay que reconciliar ambas cosas. Si el planteamiento vuelve a ser que hay una izquierda valiente y otra cobarde, entonces no tenemos solución.
P. Ese es el argumento de Vox frente al PP: la derechita cobarde.
R. Sí. Y ese planteamiento lleva a la desunión. Hay una izquierda con más experiencia de lucha y otra con más experiencia de gobierno y eso hay que aunarlo en un proyecto. No puedes desperdiciar lo mejor que has hecho, que es transformar el programa en realidad, lo que representaba Yolanda, ni la capacidad de recoger el movimiento social, que es de lo que había que aprender del 15-M y del propio Podemos. Hay que acabar cuanto antes con ese puritanismo de la izquierda pura y la impura.
Ahora lo antisistema son ‘ninis’ machitos que se consideran agraviados por los derechos de las mujeres
P. Cuando Alberto Garzón pactó la fusión con Podemos usted dijo que aquello era un acto de “disolución” de Izquierda Unida en la marca que entonces abanderaba Pablo Iglesias. ¿Lo sigue pensando?
R. Izquierda Unida sufrió una especie de complejo de inferioridad con lo nuevo, que era Podemos, cuando podía haber sido el complemento desde la experiencia histórica. Esa renuncia a lo propio se ha notado en el orgullo de la organización, en la capacidad de movilización...
P. ¿Es IU la marca que tira ahora de Podemos en los territorios?
R. Claro, esa es la cuestión. Si uno baja a los pueblos, a las ciudades intermedias... en general, lo que está organizado en los barrios es Izquierda Unidad o en la capital, Más Madrid. Ni Podemos ni Sumar. Carmena [Manuela, exalcaldesa de Madrid] siempre se quejaba de lo difícil que era bregar con partidos. Y yo le decía: “¡A mí me lo vas a decir!”. Pero no se puede prescindir de ellos.
P. ¿Cree que el miedo a la extrema derecha basta para compensar electoralmente el desencanto y la abstención?
R. No. El desgaste del Gobierno no se recompone únicamente con el miedo. Se recompone, por un lado, relanzando y controlando la agenda política en torno a lo que más interesa, pasar de lo que fue la prioridad laboral a la prioridad de la vivienda, y por otro, además de la resistencia frente a Vox, tener un revulsivo de proyecto compartido, con raigambre. Si no, el desgaste llevará a un periodo de oposición más o menos largo. Y conviene recordar que la alternativa no es menos inestable -Castilla y León lleva cuatro prórrogas presupuestarias- y además es mucho peor porque la actitud de Santiago Abascal dentro de su propio partido prefigura el modelo social de purga que tiene Vox.
P. ¿Por qué ha dejado Vox de dar miedo? Es el partido que más crece en estimación de voto desde las elecciones y lo hace sin grandes propuestas programáticas y con candidatos prácticamente desconocidos, según muestran las encuestas.
R. Un factor fundamental es hacia dónde está yendo la derecha. Hay una profunda crisis de las clases medias, de su poder adquisitivo, y una parte de la sociedad que no estaba en política y que emergió con la indignación del 15-M vuelve a emerger ahora, pero en este caso lo antisistema son ninis machitos que se consideran agraviados por los derechos de las mujeres. Otro factor que no apreciamos lo suficiente es el digital. En el libro Los ingenieros del caos se muestra cómo entre los jóvenes, sobre todo los hombres, la vinculación a la política es como a los videojuegos: violentos, muy machistas y muy racistas. Esos son los factores que están detrás de Vox, que no hace política porque su objetivo es otro: cargarse las conquistas democráticas, como hicieron a principios del siglo XX. Los fascismos hoy tienen otra cara. Se llama trumpismo y se llama Vox.
P. ¿Y en ese ascenso de Vox hay algún demérito de la izquierda?
R. Sí. A veces, abandonar la política y convertirse en agitadores puritanos ha favorecido a la ultraderecha. Hemos agitado tanto el modelo de Estado que ha surgido algo a favor de España una, grande y libre. Eso favoreció primero a Ciudadanos y luego a Vox. También nos hemos pasado de frenada en otros elementos. Por ejemplo, con el feminismo y la izquierdita valiente dando lecciones a todos los que no eran suficientemente feministas. No es monopolio de ninguna fuerza política y entre los nuestros hay machistas y machistas incluso violentos. Un poco más de humildad. Uno puede ser feminista como proyecto político, pero la organización sigue siendo heredera de la cultura machista. No baja el espíritu santo y te convierte en feminista. Habernos considerado lo que no éramos ha sido un error, y excluir de esa posibilidad a sectores de la derecha, otro. ¿Por qué no van a poder ser feministas? El feminismo no debe ser una posición partidista.
Siempre le echamos la culpa de las insuficiencias de la democracia a la Transición, pero en la Transición fueron muy valientes. Cuando no lo fuimos fue después
P. ¿Cuál fue la última propuesta o idea de la izquierda que le ilusionó?
R. En los últimos tiempos, las que más me han gustado han tenido que ver con la solidaridad con Palestina. Y la reforma laboral o los cambios en materia de consumo. Una medida que me hubiera ilusionado mucho es la reforma de la ley mordaza. ¿De verdad que por una discrepancia sobre cómo se sustituye un material [las pelotas de goma] no vamos a poder cambiarla?
P. ¿Ha encontrado lo que esperaba en la desclasificación del 23-F? ¿Echa algo en falta?
R. Todo. Creo que hay una parte que no está ahí y eso deja insatisfechos a los historiadores, pero, sobre todo, la desclasificación se hace en defecto de una ley de secretos oficiales democrática.
P. ¿A qué cree que se debe el retraso en aprobar una ley de secretos oficiales que sustituya a la actual, franquista?
R. Siempre le echamos la culpa de las insuficiencias de la democracia a la Transición, pero en la Transición fueron muy valientes. Cuando no lo fuimos fue después. Por ejemplo al hacer la reforma de la justicia, el acceso a la carrera, que sea la fiscalía la que instruya... en todo eso estamos aún lejos de Europa. Y la ley de secretos oficiales es otra deuda histórica.
P. Después de decir que la desclasificación era una “cortina de humo”, Feijóo la ha presentado como el motivo que debe reconciliar a los españoles con el rey emérito. ¿Debe volver?
R. El principal problema de la monarquía son los cortesanos. El Rey puede volver cuando quiera. El problema es que no quiere en las condiciones de un ciudadano con responsabilidades fiscales. La derecha está utilizando al Monarca en la batalla política y deberían ser más prudentes porque ha sido la propia Casa real la que ha desmentido a Feijóo: el rey emérito se fue porque quiso y no vuelve porque no quiere.
P. Es republicano, pero ¿cómo valora la actuación del rey actual, Felipe VI?
R. Ha intentado distanciarse de la degradación de la institución que habíamos vivido con Juan Carlos I y en ese sentido tiene aprecio por parte de la gente. Yo sigo siendo republicano y creo que la república es un proyecto que se hurtó a los españoles, pero desde el punto de vista de su responsabilidad, creo que [Felipe VI] está intentando rectificar la degradación que supuso Juan Carlos.
P. ¿Qué otros documentos desclasificados le gustaría ver?
R. Todos. El 11-M, la negociación con ETA, el GAL... Vi a Felipe González decir muy lanzado que había que desclasificarlo todo. En eso estoy de acuerdo.
P. Podía haber cambiado él la ley de secretos oficiales cuando gobernó.
R. Y no lo hizo, pese a que se lo propusieron. Igual que con la memoria histórica: tuvieron que ser los nietos de aquella generación los que recuperaran la memoria.
P. Felipe González ha dicho públicamente que votará en blanco si Pedro Sánchez repite como candidato de su partido, el PSOE. ¿Alguna vez ha votado a otro partido que no fuera IU? ¿Lo anunciaría en público?
R. No. Cuando se produjo la ruptura y creamos Actúa, voté a Actúa, pero siempre he votado lo mismo: en su época al PCE y ahora a IU. La actitud de Felipe en los últimos tiempos me parece incomprensible. Lanzar esa idea de que se va abstener no es una llamada a no votar al PSOE, sino a votar a la derecha. Debería estar agradecido a su partido, que le ha dado mucho más de lo que le dio él, como a mí el mío.
P. ¿Y cree que él es consciente que puede estar llamando a votar a la derecha con ese tipo de declaraciones?
R. Perfectamente consciente. Sabe que está segándole la hierba debajo de los pies a su partido y a su presidente del Gobierno. Se ha quedado en la nostalgia del bipartidismo, pero es otro momento. Ahora no tener presupuestos en muchos países no es motivo de disolución. Y hay que asumir la vejez también. Saber que todos somos contingentes (ríe).
P. O sea, cree que lo de Felipe González es vanidad.
R. Sí, hay mucho de vanidad.
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