Un colectivo de más de 100 católicos califica de vergonzosas las declaraciones del arzobispo de Oviedo sobre los inmigrantes
Los firmantes acusan a Sanz Montes de aproximarse a las voces extremistas


“Señor arzobispo de Oviedo: deje de avergonzar a esta Iglesia”. Así se encabeza el contundente comunicado suscrito por un centenar de personas y colectivos vinculados a círculos eclesiales y a movimientos de base y de acción social de la Iglesia asturiana, muchos dedicados a la atención a los inmigrantes que llegan a la región como respuesta al discurso del arzobispo Jesús Sanz Montes, sobre el proceso extraordinario de regularización de inmigrantes del que se estima que podrán beneficiarse algo más de medio millón de personas extranjeras en situación de vulnerabilidad que viven y trabajan actualmente en España.
El colectivo Cristianos de Asturias por una Iglesia Sinodal, encabezado por el profesor de sociología de la Universidad de Oviedo y Doctrina Social de la Iglesia en el Seminario, José Manuel Parrilla, asegura que “las manifestaciones públicas del arzobispo de Oviedo usan argumentos y expresiones que se alejan de los mandatos bíblicos y se aproximan mucho más a las voces extremistas que tratan de presentar al inmigrante como sospechoso, delincuente, invasor…“. En el texto se recuerda el mandato bíblico de ”acoger y ayudar al extranjero", exigiendo un posicionamiento firme en defensa de los derechos humanos de los migrantes y piden al prelado que “deje de avergonzar reiteradamente, con sus manifestaciones impropias, a esta Iglesia de Asturias“.
En concreto, se refieren a las declaraciones de Sanz Montes en las que asegura que “todos no caben”, expresión absurda para los firmantes, entre otras cosas porque los que serán regularizados ya están aquí. “Y siembra de nuevo la sospecha con la frase: descartando a cuantos se nos cuelan”.
En el texto se cuestiona también las declaraciones del arzobispo de que, “en otras ocasiones, ha sugerido la invasión demográfica musulmana planificada o que algunos traen carné de terrorista”. Unas palabras que, a su juicio, “traslucen una visión del inmigrante alejada de los valores cristianos y de la doctrina católica, insistentemente reiterada desde antiguo por el magisterio de la Iglesia y actualizada con gran empeño por el papa Francisco y ahora por León XIV”.
Y los firmantes van más allá, recordando al arzobispo “que el ministerio sagrado no le confiere competencia alguna para dilucidar la capacidad (y necesidad) que tiene un país, en este caso España, o una región, en este caso Asturias, para incorporar población inmigrante. Se trata de una valoración que corresponde a los técnicos en la materia y que, más allá del recurso de las regularizaciones (usado varias veces por gobiernos de diferente signo en las últimas décadas), debería ser establecida políticamente mediante leyes adecuadas”.
Así que, “en vez de sembrar sospechas y reticencias”, sugieren a Sanz Montes que haga “una llamada a todos los políticos para buscar un acuerdo cuanto antes que proporcione un marco legal estable y generoso a las migraciones en España; sería mucho más constructivo y propio de su ministerio eclesial, en lugar de apuntarse al bombardeo tendencioso, usando argumentos extremistas que ofenden a la inteligencia, faltan a la misericordia e insultan a las personas extranjeras, en su inmensa mayoría gente honrada y trabajadora, que están entre nosotros buscando una vida mejor”.
De manera gráfica, los firmantes del comunicado preguntan al prelado: “¿Ha visto el arzobispo a los grupos de trabajadores senegaleses recogiendo las manzanas en las pumaradas de Asturias este pasado otoño? Pues ahí han estado, ganándose apenas la manutención del día. Con su humildísimo trabajo están aportando a esa ‘Cultura de la Sidra’, orgullo de Asturias y Patrimonio de la Humanidad; pero lo hacen en condiciones de gran precariedad. Y muchos nos alegramos de que, ahora, ellos y otros muchos hombres y mujeres trabajadores vayan a tener una vida algo mejor, puedan trabajar legalmente y tener los derechos que corresponden a la dignidad de toda persona (repase, por favor, ‘Dignitas Infinita’, del Papa Francisco)”.
Respecto a las declaraciones de Sanz Montes sobre que “no todos caben”, los firmantes del documento se cuestionan: “¿Quiere decir que hay ya más de los que caben? ¿Se está apuntando a la política de las deportaciones? ¿Va a desautorizar a las organizaciones de Iglesia que apoyaron esta medida de regularización y a su propia Cáritas?”. Y concluyen: “¿Cuántos caben? Lo que está claro y es de notorio sentido común, es que cada vez van a caber más, dada nuestra evolución demográfica y el contexto de nuestro mercado laboral. Por ello, en lugar de preocuparse por cuántos hay o cuántos vienen, al ministerio pastoral corresponde la tarea de enseñar e implementar la doctrina católica que manda ‘acoger, proteger, promover e integrar’ al migrante (repase ‘Fratelli Tutti’ de Francisco) y que recuerda, en palabras de León XIV (‘Dilexi Te’), que la misión de la Iglesia es construir puentes, no muros, ver hijos donde otros ven amenazas y descubrir que cada migrante rechazado es Cristo llamando a la puerta de la comunidad”.
Grieta diocesana
Este último escrito agranda la grieta que existe en la Diócesis de Asturias por las posturas manifestadas por el arzobispo de Oviedo sobre inmigración y otros asuntos. Primero fue el colectivo Cristianos de Asturias por una Iglesia Sinodal, con un duro comunicado el que le recordó el mandato bíblico de “acoger y ayudar al extranjero”, exigiendo un posicionamiento firme de la Iglesia católica en defensa de los derechos humanos de la población inmigrante. Luego fue el Secretariado Diocesano de Pastoral de Migrantes y Movilidad Humana de la Diócesis de Oviedo quien pidió moderación en el debate y advirtió que, en el caso de los inmigrantes, la “dignificación y mejora de sus condiciones de vida, en tantísimos casos inhumanas, deben ser el principal objetivo para alcanzar”.
Con anterioridad, el arzobispo asturiano redujo el beso de Rubiales a Jenni Hermoso al título de la zarzuela La leyenda del Beso y lo consideró una maniobra para desviar la atención sobre las negociaciones de gobierno con políticos como Puigdemont. “¿Dónde quedan las frivolidades teledirigidas durante días y días en noticias amañadas para distraer la atención, eclipsar las vergüenzas o manejar bajo cuerda pretensiones y apaños a cualquier precio y con la habitual mentira como arma política?“.
También desde el púlpito cuestionó el feminismo utilizando con la historia de Irina, una mujer ucraniana que conoció y que perdió a su esposo y a uno de sus hijos durante el bombardeo de Kiev. “Su testimonio cristiano llegó a conmoverme profundamente por la hondura de una mujer no manipulada en su condición femenina, cuando tiene que afrontar los zarpazos más hirientes no dejándose arrastrar por tanto postureo, tanto empoderamiento y tanta zafia mediocridad”.
No salió mejor tratado en su discurso el movimiento ecologista y la Agenda 2030. Como entremés para su argumento, citó la actitud del millón y medio de jóvenes reunidos en Portugal durante las Jornadas Mundiales de la Juventud. “En aquel millón y medio de jóvenes no se dieron borracheras, ni destrozos urbanos, ni violaciones en manada, ni toneladas de basura tras su marcha. Tratamos de tantas cosas. También de la ecología de la que tantos hablan, pero sin la carga ideológica de la Agenda 2030, ni el paseíllo manido por las pasarelas de tanta monserga vacía, aunque tan bien subvencionadas que terminan siendo subversivas”.
Y ya de paso, el arzobispo empleó la ecología para volver a arremeter contra leyes como la del aborto o la de la eutanasia. “Porque hablar de ecología es hablar de que nos importa la vida, toda la vida, evitando caer en la trampa engañosa de salvar sólo algunas floras y faunas clasificadas por ciertas corrientes ecologistas que acaban siendo ecolojetas, mientras dejamos al pairo la vida humana más vulnerable, la no nacida aún, o la que precipita su final con la ayuda matarife de una eutanasia letal sin la asistencia paliativa censurada, o la vida de quien sigue su camino con mil dificultades al perder el trabajo, al no estrenarlo todavía o al extraviar el sentido de las cosas hermosas como es el amor que no caduca, el perdón que no claudica o la paz que no trafica con inconfesables intereses y clandestinas divisas”, sentenció Sanz Montes.
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