Decenas de miles de portugueses siguen sin luz, agua y comunicaciones seis días después de la borrasca ‘Kristin’
El Gobierno amplía el estado de calamidad y moviliza a 2.500 millones de euros en ayudas para tratar de combatir las críticas por la lentitud de su respuesta


Portugal sufrió la semana pasada el peor temporal de las últimas décadas y ahora recibe la puntilla. Con miles de casas dañadas tras el paso de la borrasca Kristin, que incluyó picos de viento de más de 200 kilómetros por hora, los portugueses enfrentan un nuevo tren de adversidades con lluvias intensas, nevadas y vientos. Y eso, cuando han volado tejados, se han partido árboles gigantescos y hay calles inundadas por el desbordamiento de cauces, dispara el miedo, la preocupación y las críticas a la actuación del Gobierno de Luís Montenegro, cuestionado por la tibieza de su respuesta en los primeros momentos del temporal de la semana pasada que provocó seis muertes.
A ellas se han sumado en las últimas horas otras tres personas que se consideran víctimas indirectas de la tempestad. Dos perecieron al caer de sus tejados mientras hacían reparaciones, mientras que un tercer hombre murió intoxicado por monóxido de carbono del generador con el que suplía la falta de electricidad.
En Leiria, zona cero de la catástrofe, seguía hoy visible el impacto dramático de la borrasca. Centenares de personas hacían colas este lunes ante el pabellón municipal para recibir alimentos básicos y material de construcción para arreglar desperfectos. Además, el hospital local ha atendido en las últimas horas a medio millar de personas heridas durante las labores de limpieza y reconstrucción.
Desde el pasado 29 se registran datos que confirman la excepcionalidad del legado de la ciclogénesis asociada a Kristin. Para evitar inundaciones descontroladas, los embalses portugueses han tenido que descargar 500 millones de metros cúbicos de agua, que permitirían abastecer a tres millones de personas durante tres años. “Estamos casi en guerra”, aseguró el presidente de la Agencia Portuguesa de Medio Ambiente, José Pimenta Machado, al diario Público.

Seis días después del paso de la borrasca, todavía hay 180.000 personas sin electricidad debido a la lentitud en la reparación de torres de alta tensión, con el 7% de la red de distribución dañada. Tampoco las telecomunicaciones se han normalizado en todo el país ni los suministros de agua. Todo ello ha provocado una oleada de solidaridad con la recogida y el envío de alimentos y material de primera necesidad para las zonas más afectadas, aunque la ayuda no ha llegado de forma uniforme a todos los puntos. “Una vez más hemos visto al interior del país enfrentarse solo a la tempestad”, criticó en un comunicado la Asociación de Víctimas de los Incendios de Pedrogão Grande, creada tras los dramáticos incendios de 2017 en los que murieron 66 personas.
“Lo que más duele es comprobar que, incluso con alertas, la respuesta del Gobierno ha sido lenta, insuficiente y distante”, lamentan en el texto enviado a la agencia Lusa. Este domingo se celebró un Consejo de Ministros extraordinario para prolongar una semana más el estado de calamidad en las 68 localidades más afectadas y aprobar un paquete de ayudas de 2.500 millones de euros. Pero la oposición considera que se arrastraron los pies en las primeras horas y que eso contribuyó a multiplicar la devastación de la borrasca.
En las últimas horas se han movilizado un millar de militares para ayudar, pero hasta este domingo el apoyo de las fuerzas armadas había sido escaso. Las llamadas desesperadas de los alcaldes no cesan. Este lunes, el presidente de la Cámara Municipal de Alvaiázere, João Paulo Guerreiro, rogó por el envío de refuerzos de bomberos para suplir la labor de los efectivos de la localidad. “Nuestros bomberos voluntarios han sido ejemplares pero están exhaustos”, declaró a Lusa.

El primer ministro Luís Montenegro, que se sorprendió del alcance de la destrucción cuando visitó las localidades la semana pasada, se defendió de los reproches que ha recibido su ejecutivo. Aparte de la oposición, han sido muy críticos los alcaldes e incluso el presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, que sugirió la creación de una comisión técnica independiente para evaluar los fallos cometidos en la gestión del temporal. Unas quejas que Montenegro no asume. “Se hizo todo aquello que era posible para prevenir y colocar todas las fuerzas en alerta para enfrentar una adversidad cuya evolución no fue anticipada por nadie”, afirmó el domingo tras la reunión de tres horas y media del Consejo de Ministros.
Kristin también se ha llevado por delante la campaña electoral tal y como había sido concebida por los dos candidatos presidenciales, António José Seguro y André Ventura. Ambos han cancelado numerosos actos e improvisado agendas sobre la marcha para mostrar su solidaridad con las poblaciones. Seguro ha visitado a menudo las localidades por su cuenta y sin compañía de periodistas, mientras que André Ventura ha organizado campañas de recogidas de bienes esenciales en las que se ha filmado repartiendo alimentos. La votación para elegir al próximo Jefe del Estado se celebrará el domingo 8, aún con una parte importante del país bajo la declaración del estado de calamidad.
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