Huelva, desolada, afronta días de despedida: “Es lo más desgraciado de nuestra historia”
La ciudad y la provincia, con más de medio millón de habitantes, pierde a 28 vecinos en la tragedia ferroviaria de Adamuz, que deja 45 muertos. El Alvia siniestrado finalizaba su trayecto en la capital onubense


No hay ningún cartel. Todo el que cruza las puertas automáticas de cristal las ve. No hace falta preguntar qué hacen sobre el suelo. Los trabajadores de seguridad de la estación de trenes de Huelva se encontraron este martes por la mañana con una maceta y una pequeña bolsa de cartón con margaritas blancas en la entrada. Nadie sabe quién las puso. Hacía 48 horas que la noticia del trágico accidente estaba en todas las casas y pueblos de la provincia. El último tren del domingo, el Alvia procedente de Madrid, el que llega con retraso casi siempre y pasadas las diez de la noche, había sufrido un accidente en las vías que cruzan Adamuz, un pueblo de Córdoba de poco más de 4.000 vecinos.
Es el tren que todo onubense ha cogido, o conoce a alguien que se ha subido en sus vagones alguna vez. El que te trae de vuelta a casa tras pasar un fin de semana con los amigos en la capital. El del regreso al pueblo tras ver una obra de teatro o un partido de fútbol en el Bernabéu con los tíos. “Huelva vive conmocionada con la identificación de los fallecidos”, titulaba el diario local de papel Huelva Información la mañana en la que aparecieron las margaritas en la estación. “A última hora de la noche [por el lunes], ya eran 17 las víctimas onubenses con nombres y apellidos”, destacaban. Este jueves la cifra ascendió a 28. 28 de las 45 víctimas mortales de esta tragedia son de Huelva.
“Es lo más desgraciado de nuestra historia”, cuenta por teléfono su alcaldesa, Pilar Miranda (PP), de 58 años. Miranda estaba en su casa la tarde del domingo. Poco antes de las ocho de la tarde recibió una llamada de una concejal del Ayuntamiento. Le dijo que un familiar suyo le acababa de llamar llorando, que viajaba en el tren de Huelva y que había sufrido un descarrilamiento. Miranda llamó de inmediato a un consejero de la Junta de Andalucía, que se lo confirmó. Informó a su concejal de Seguridad. Le dijo que fuesen policías y sanitarios a la estación de trenes de la ciudad. Al llegar, se encontraron ya a algunos familiares de los pasajeros. Todos pedían información, pero no había mucha.

El padre de Lola Beltrán, de 36 años, que viajaba en el vagón número cuatro, fue quien alertó por teléfono al Huelva Información tras recibir una llamada de su hija. El director del periódico, Javier Ronchel, de 51 años, envió de inmediato a tres redactores a Córdoba. “Es que este tren, el de Huelva, es nuestro tren. Es raro que no se haya cogido alguna vez”, cuenta por teléfono. Horas más tarde, los fallecidos no eran un número. En la redacción hay compañeros que han perdido a algún familiar. Incluso él mismo era amigo del periodista Óscar Toro, de 58 años, y de su mujer, la fotógrafa María Clauss, de 53. Clauss fue compañera suya en el periódico. Ambos dejan una hija.
Clauss había escrito unas horas antes del accidente por WhatsApp a Manolo Espaliu, de 55 años y también fotógrafo. “Me dijo”, cuenta el propio Espaliu por teléfono, “que acababa de ver una exposición de fotografía en la fundación Mapfre de la capital y que me la recomendaba”.
La tragedia ha golpeado con fiereza a muchos pueblos de la provincia, con historias durísimas y desgarradoras. A Gibraleón regresaba José María Martín, de 37 años, un cofrade y amante de las motos. A Lepe, Míriam Alberico, de 27, una profesora de inglés que volvía a casa tras pasar un fin de semana con su novio en la capital. A Aljaraque, Pepe Zamorano, de 43 años, su mujer, Cristina Álvarez, de 37, su hijo Pepe, de 12, y su sobrino Félix, de 22. Sobrevivió Cristina, la hija pequeña. A Huelva, Ricardo Chamorro, de 57 años, que había ido a Madrid a acompañar a los alumnos que preparaba para las oposiciones a funcionarios de prisiones del domingo.
Su amigo, el onubense Juan Hernández, de 68 años, y exdirector del centro penitenciario de Ceuta, le llamó en cuanto se enteró de la noticia por otra alumna. No hubo respuesta. Hernández aún se emociona desde su casa de Huelva cuando recuerda la Nochevieja que pasó con Ricardo, su mujer, Reme, y su hijo, ya hace unos años. “Siempre iba con los alumnos a Madrid. Los llevaba. Los traía. ¡Qué tragedia!”. No hay otro tema en la ciudad. Da igual a quién se pregunte. Comercios. Restaurantes. Cafeterías. Gimnasios. Bancos. Plazas. Colegios.
Aquí, por ejemplo, Conso Toscano, de 46 años y orientadora de la zona de Punta Umbría, convocó una reunión virtual el martes donde se reunieron hasta 400 participantes, con maestras de la provincia como Míriam Gómez, de 37 años, y también algunos familiares. La charla iba sobre el duelo. Quería que la reunión fuera cuanto antes porque los niños en los colegios e institutos demandaban esa atención. Toscano llamó a Alma Serra, una especialista en la materia y autora del libro Hacia el agradecido recuerdo.
La charla, de poco más de una hora, abordó con preguntas cómo explicar el duelo a los niños que han perdido a algún familiar. Les dijo que hay que recordarles que el funeral es un ritual para despedir a quienes se quiere, para rememorar las cosas buenas que les han aportado. Que es muy importante cómo nos despedimos de aquellos a quienes queremos. Que dependiendo de la edad se hace de una forma o de otra. Que nunca hay que hacer como que no ha pasado nada. Que si el pequeño es de infantil, se le explica que se ha ido a una estrella mágica, para que no se asocie a un objeto real. Que lancen globos en el patio. Que, si son de primaria, como ya tienen más capacidad, se les diga de una manera más natural. Que ir al cementerio o al tanatorio no tiene que dar miedo, sino que es un último adiós al compañero. Que tampoco hace falta ir si no quieren. Que si son adolescentes es muy importante mantener al compañero presente. Que se deje el pupitre y su taquilla. Y que escriban, que escriban para recordar a los compañeros.

“Si es que aquí nos conocemos todos”, recuerda por teléfono Gabriel Cruz, de 62 años y alcalde socialista de Huelva entre 2015 y 2023. “Toda la ciudad y los pueblos están conmocionados. Hay un descarrilamiento y resulta que el tren que venía bien se choca con otro. Cuesta mucho trabajo entenderlo”.
Concha Sánchez, de 72 años, jubilada, viajaba en el coche 3. “Al lado de un muchacho que se me cayó encima y después lo he visto en la televisión”, cuenta ahora por teléfono. Sánchez viajó a Madrid con seis miembros más de su familia. Su hija Rocío, de 40 años, su hermano, la mujer, su hermana, el marido, y su sobrina. “Fue el viaje que nos regalamos todos por Reyes”. Fueron a ver el musical de La Cenicienta. Todos estaban en la misma zona del vagón. “Sentí un pumm y de momento como un terremoto. Esto hay que vivirlo. Un estruendo horroroso”. Su cuñada María José fue la peor parada. Tiene dos vertebradas tocadas. “A mí me dolían las costillas”. A Córdoba llegó en ambulancia. Hoy dice que enmarcará el billete de tren: “Me ha puesto Dios la mano encima”.

A casi 50 kilómetros de aquí, de Huelva, en Isla Cristina, muchos vecinos también se preguntan cómo ha sido posible esta tragedia. En el tren viajaban sus vecinas Ana Martín, de 28 años, y la madre de esta, Pepi Sosa, de 53, que la había acompañado para presentarse a las oposiciones de funcionario de prisiones.
Este jueves, a las once de la mañana, dos coches fúnebres negros llegaban a la parroquia de Nuestra Señora del Mar. Cientos de vecinos llenaron la iglesia y los exteriores, en silencio. La misa duró poco más de media hora. Al salir, Carlos Martín, marido y padre de Ana y un auténtico maestro de la petanca, pidió a su agrupación carnavalera que cantara una canción para despedirlas. Los vecinos se sumaron a viva voz:
Tengo un trocito de mar
dentro de una caracola
que cuando la escucho suena
musiquilla celestial...
Al terminar, Carlos Martín, muy emocionado, agradeció este gesto a sus paisanos.
Este sábado, en la estación de Huelva, se han sumado ramos de rosas blancas a las margaritas. Y Renfe ha comunicado que han llegado los equipajes personales recuperados de la tragedia.

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