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Ayuso y la “ley del silencio” del ministro más expuesto

Puente ha dado horas de ruedas de prensa y una quincena de entrevistas en cinco días

El luto político oficial por el drama de Adamuz se acaba y se nota que a algunos partidos y dirigentes les está costando aguantarse. A otros no. Vox desde el primer minuto apuntó contra la mafia de Pedro Sánchez y su corrupción como los culpables de las muertes. El PP ha navegado sus instintos mucho peor. Sus dos almas se han expuesto de nuevo encontradas. Este jueves aún les costaba un mundo a los miembros del equipo más próximo a Alberto Núñez Feijóo exigir siquiera responsabilidades y dimisiones políticas al Gobierno de Sánchez, aunque su portavoz en el Congreso, Ester Muñoz, lo justificara con que el PSOE sí lo habría hecho y el PP no es lo mismo. Depende de qué PP. La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, sigue su curso por libre, no está a gusto con esa contención e interpreta que en España se ha impuesto una “ley del silencio” que se supone se refiere al Gabinete de Sánchez y no al de Feijóo.

En una hora de entrevista en la emisora pública madrileña Onda Madrid, a Isabel Díaz Ayuso le da tiempo de explayarse, calentarse y expresar lo que realmente piensa. No hizo falta tirarle mucho de la lengua. A esa misma hora, en el programa de Ana Rosa en Tele 5, el vicesecretario de infraestructuras del PP, Juan Bravo, a lo máximo a lo que llegó, con su tono pausado de inspector de Hacienda, fue a exigir al ministro Puente “transparencia absoluta y no dar información parcial que genera incertidumbre” porque concluyó que en su extensa comparecencia del miércoles el ministro demostró su ”facilidad para hablar" pero no dio explicaciones. La portavoz parlamentaria abundó en esa idea minutos más tarde en el Congreso cuando informó de que con responsabilidad pedirán que comparezcan Sánchez, Puente, los responsables de Adif y Renfe y registró más de 60 preguntas aclaratorias.

No parece que Puente vaya a tener problemas en acudir al Congreso. Ni a prácticamente ningún medio de comunicación. Ni a responder a las preguntas sobre las que tiene ahora algo qué aportar. El domingo, en la medianoche del siniestro, atendió a varios medios y dio una rueda de prensa desde la sala de emergencias en Atocha. Desde entonces ha concedido 15 entrevistas a todo tipo de televisiones, radios y periódicos. Y en la tarde del este miércoles protagonizó otra conferencia de prensa de dos horas y media de duración en el Ministerio, en la que se dio la palabra a 18 periodistas que plantearon más de 50 preguntas. Contestó lo que sabía y reconoció las lagunas que aún imperan en el caso. También mantiene su presencia en las redes, algo que ya hizo durante la dana, y ha prometido no entrar al trapo de las provocaciones que se le plantean. A ver si lo cumple.

El PP vuelve a enfrentarse ante este crisis con sus distintas velocidades. Feijóo, que en Galicia cuando era líder de la oposición, en 2007, sí utilizó a cuatro víctimas de un incendio contra el bipartito autonómico de Emilio Pérez Touriño, ahora ha seguido la doctrina marcada por el presidente andaluz, el candidato Juan Manuel Moreno, sobre que con lealtad y unidad institucional se llegará antes y más lejos en la resolución de este desastre. Por ahora. A Ayuso no le convence nada esa apelación al consenso. Cree que en este caso y con este Gobierno es algo malo. La presidenta madrileña acusó al Gabinete de Sánchez y a los “medios del régimen” de querer imponer con miedo la ley del silencio y puso en solfa la seguridad de todo el sistema ferroviario: “Subes a unos trenes que no sabes en qué circunstancias se encuentran”.

El Gobierno de Sánchez y la Junta de Andalucía de Moreno han cerrado ya la celebración de un funeral de estado para las víctimas de Adamuz el sábado 31 de enero, en Huelva, porque es de donde son la mayoría de los fallecidos. Ayuso informó este jueves en Telemadrid que pedirá al arzobispo de Madrid su propio funeral, en la capital de España, para que “no se olvide” y “no se divida como si fuéramos 17 naciones”. El equipo de Feijóo no se atrevió a desautorizarla en nada.

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