Jordi Sevilla: “No soy antisanchista. Quiero un cambio de rumbo para que el PSOE no se hunda como el ‘Titanic”
“Me ha sorprendido el silencio clamoroso de los críticos oficiales, están con el pie cambiado”, asegura el exministro socialista, que lidera un movimiento para dar un cambio de rumbo al partido


Jordi Sevilla (Valencia, 69 años) es un economista socialdemócrata clásico. Fue ministro con José Luis Rodríguez Zapatero, diputado, dirigente del PSOE y presidente de Red Eléctrica. Ahora encabeza un “movimiento” que bajo el manifiesto Socialdemocracia 21 pretende dar un giro al rumbo del PSOE de Pedro Sánchez para que se aleje de sus socios actuales y se acerque en asuntos de Estado al PP.
Pregunta. Una semana después de lanzarlo, ¿cuántos suscriptores tiene el manifiesto Socialdemocracia 21?
Respuesta. Hemos intentado huir de la idea de los abajo firmantes, que nos suena un poco viejuno. Desde el principio tomamos la decisión de sacarlo por redes sociales, y ahí eso no funciona. Hemos tenido mucho más éxito del que esperábamos y la repercusión ha sido muy superior a lo previsto. Lo que demuestra dos cosas: había una necesidad objetiva de escuchar este mensaje, y hemos acertado para una parte muy importante del militante, del ex militante y del votante socialista. De momento, unas 200 personas han enviado vídeos o links. Nunca hemos buscado la cantidad, porque queremos movilizar conciencias y debates, no tanto adhesiones.
P. Siguen sin decir nombres, ¿pero qué perfiles buscan?
R. La reacción del Gobierno, del presidente y de la portavoz del PSOE me ha parecido muy correcta y adecuada. Lo agradezco. Han entendido que nos movemos en el ámbito del PSOE y que, estaremos equivocados o no, lo que planteamos es, honestamente, un cambio de rumbo, porque creemos que será en beneficio del PSOE. Pero me ha sorprendido el silencio clamoroso de los críticos oficiales, que tengo la impresión de que, a pesar de que se les ha mantenido perfectamente informados de cada uno de los pasos que íbamos a dar, se han encontrado un poco con el pie cambiado. Yo busco a los militantes del PSOE, no quiero viejas glorias, estoy buscando gente que tenga más futuro que pasado. Este movimiento de regeneración y de vuelta a la socialdemocracia lo tienen que liderar las jóvenes generaciones. Los que ya tenemos más pasado que futuro político podemos y debemos ayudar, pero quien tiene que coger este testigo y tirar y organizarlo es la gente joven. Y la hay, pero están muy desorganizados, descoordinados y con mucho miedo de hacer pública su visión crítica.
P. ¿Se refiere a Felipe González o Emiliano García-Page?
R. Más bien a todo lo vinculado a la llamada vieja guardia, con los que yo tengo muy buena relación y mucho cariño. Algunos ven detrás de todo esto una cierta nostalgia del felipismo. Yo creo que no y no tengo nada en contra. Siempre he pensado que de la misma manera que en 1982 Pedro Sánchez no hubiera sacado 202 diputados, hoy Felipe González no ganaría las elecciones. Son momentos distintos y requieren visiones distintas.
P. ¿No es un poco brochazo acusar en el manifiesto a este PSOE de que no tiene ningún debate, no es autónomo, no reflexiona, no es honesto y no sirve al bien común?
R. Puede serlo, pero son brochazos que reflejan desgraciadamente bastante la realidad que estamos viendo. Hoy, en España, los dos grandes partidos y los únicos que celebran la Constitución y que representan al 70% de los ciudadanos, no son capaces de hablar, negociar y ponerse de acuerdo sobre nada de nada. La vivienda es un caso clarísimo, que solo se puede resolver pactando con comunidades y ayuntamientos, que la mayoría son del PP y del PSOE.
P. También cuestionan que sean progresistas los pactos con partidos nacionalistas e independentistas que representan el voto de muchos españoles
R. Yo estoy encantado de que Bildu esté en el Parlamento, es la demostración de la derrota de ETA. Ha dejado de ser una organización terrorista que mataba y ha pasado a ser un partido como los demás que se presenta a las elecciones y me parece legítimo. Creo que podemos perfectamente pactar con ellos. Y con ERC. Pero no puedo hacer todo eso al precio que sea porque me he autoimpuesto no hacer nunca nada con el PP, al que estoy lanzando cada vez más hacia la derecha.
P. Habrá militantes y dirigentes del PSOE desconcertados también con que este manifiesto abra una brecha crítica contra un Gobierno progresista y sus medidas sociales.
R. Lo entiendo, pero tenemos que ser conscientes también de los riesgos que se están corriendo. Revalorizar las pensiones por el IPC supone un déficit muy importante el sistema de seguridad social y puede cuestionar el futuro de las pensiones de los más jóvenes. Subir el salario mínimo está muy bien, pero me parece más importante atender al 48% de trabajadores que están en situación precaria, lo que se llama trabajadores pobres, gente que está trabajando y no llega a final de mes. No podemos dejarnos deslumbrar por los fogonazos. Estamos siguiendo la derrota del Titanic. La solución no es forzar las máquinas. Vamos a una España en la cual la extrema derecha crece, el PSOE decrece y las minorías se están imponiendo. Con el actual rumbo político no podemos ir a las elecciones generales sin sufrir las mismas consecuencias y resultados que el hundimiento del Titanic.
P. ¿Por qué el sanchismo es el culpable del auge de la ultraderecha?
R. Una de las cosas que han emputecido el debate político en España y lo ha simplificado es lo de sanchismo. Yo no soy antisanchista, conozco a Sánchez, le tengo mucho aprecio, mucho respeto, simplemente no estoy acuerdo con algunas de las decisiones que ha tomado y que me parecen perjudiciales para el PSOE.
P. Le preguntaba sobre si no ha sido el PP el que ha abierto la puerta a gobernar a la ultraderecha.
R. En Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra dio una fórmula para que no entrara Vox en el Gobierno gracias al PSOE y ni lo contemplamos. La extrema derecha, como hace unos cuantos años la extrema izquierda de Podemos, surge cuando especialmente los jóvenes se sienten frustrados por el sistema democrático, porque no da solución a sus problemas: termino la carrera y no encuentro trabajo digno; quiero casarme y vivir en un piso y no puedo acceder a una vivienda; si quiero investigar me tengo que ir de España.
P. No sé si se entiende muy bien cuando en el manifiesto se declara heredero de la Transición y no nieto de la Guerra Civil.
R. Soy nieto de la República, pero hay una diferencia fundamental en dónde pones el foco. Estoy plenamente a favor de que quienes están en las cunetas tienen que dignamente ser desenterrados y enterrados por sus familias. Estoy por supuesto a favor de que se acaben con los símbolos del franquismo. Lo que digo es que ese no puede ser el centro de mi política de confrontación con la derecha porque yo prefiero tener una visión de la derecha con la que fuimos capaces de llegar a un acuerdo después del franquismo que nos ha dado la democracia y la Constitución que tenemos.
P. Lo malo del sanchismo me ha quedado claro, pero ¿habría algo bueno?
R. Yo hasta el abrazo con Pablo Iglesias estoy con él. Creo que con su recuperación demostró una cualidad y calidad personal fuera de toda norma. Creo que es un tipo excepcional, que entendió muy bien los nuevos tiempos y ganó dos veces las primarias contra todo el aparato oficial de sabios y listos expertos, grandes popes que se equivocaron radicalmente. Tuvo el acierto de renovar el partido. Otra cosa es que llegado a ese punto tuvo la tentación de apropiarse de los órganos del partido y de convertirse en el césar del partido.
P. ¿No cree que por parte de PP y Vox ha habido una obsesión por deshumanizarle?
R. Sí. De hecho yo digo muchas veces que el principal agente electoral de Sánchez es Alberto Núñez Feijóo. Cuando hablas con la derecha sensata te dicen lo mismo del PSOE. Algo falla. El PP está haciendo lo mismo que hizo contra Felipe y contra Zapatero, un ataque y derribo de la persona porque es consciente de que lo que de verdad mueve los resultados electorales en España es el nivel de abstención del votante del PSOE, como pasó en el 2000 y 2011, es decir en sus dos grandes mayorías absolutas. Y se está utilizando al poder judicial para el desgaste político de una persona. Me parece inaceptable. Pero no justifica la respuesta que está dando la dirección de mi partido.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.
Sobre la firma






























































