La batalla dentro de la extrema derecha se recrudece con el crecimiento de su espacio electoral
Nuevas fuerzas en disputa exacerban su radicalidad para diferenciarse. Aliança Catalana y grupos ultras españoles acusan a Vox de mano blanda con la inmigración latina


Acostumbrados a que sus rivales los comparen con falangistas, o con franquistas, lo que oyeron en Vox en diciembre en el pleno del Parlament debió de romperles los esquemas.
—Ja semblen el president Pujol —les soltó una diputada.
Es decir, “ya se parecen al presidente Pujol”.
¿Cómo se llegó ahí? Todo empezó con el diputado de Vox en Cataluña Sergio Macián defendiendo una moción contra la inmigración. Defensor de la falsa teoría según la cual hay un “reemplazo” de población española por africana, su intervención se ajustó a la plantilla habitual. Clamó contra la “delincuencia importada”, pidió más plazas en centros para encerrar extranjeros y metió en el mismo paquete para la “remigración” —término tomado del ultranacionalismo alemán— tanto a los sin papeles como a los extranjeros con residencia legal que quieran “vivir del esfuerzo de los españoles”. Parecía un discurso difícil de criticar por el flanco xenófobo, al menos por quedarse corto. Pero entonces subió a la tribuna Sílvia Orriols.
En vez de respaldar a Macián, la líder de Aliança Catalana volteó el debate al afear a Vox que critique la inmigración africana y musulmana, pero —a su juicio— se olvide de la latinoamericana. “Como hablan español —expuso—, no les importa que hayan formado bandas [o que] las drogas circulen por las calles como golosinas. Ya se parecen al presidente Pujol, que, como los marroquíes aprendían catalán, todo era jauja. Pues mire, no”.
La secuencia ilustra un fenómeno que va a más. La creciente diversidad de fuerzas está recrudeciendo la competición en el flanco ultraderechista. El cogollo de sus idearios es común, pero cada una marca territorio allí donde “ve una oportunidad, sea por contradicciones o falta de radicalidad” de las demás, explica el politólogo Héctor Sánchez Margalef, investigador del Barcelona Centre for International Affairs (Cidob). “Es un proceso habitual en la lógica del mercado político. Cuando la agenda ultraderechista se normaliza, se multiplica la oferta. Vox ha ensanchado tanto ese espacio que no puede abarcarlo y deja libres zonas para independentistas, antisistemas o neonazis”, añade Anna López, autora del ensayo La extrema derecha en Europa (Tirant, 2025).
Nacionalismos opuestos
El principal objeto de discrepancia es la inmigración, tema en el que Vox establece un drástico contraste entre su discurso para los llegados de África, a los que presenta como incompatibles con la cultura occidental, y para los llegados de Latinoamérica, que ve fáciles de integrar. Junto a las razones históricas, culturales, religiosas e idiomáticas que alega, el líder del partido, Santiago Abascal, tiene otros incentivos para usar una doble vara de medir.
En primer lugar, un discurso duro lastraría su apuesta estratégica por establecer alianzas en Latinoamérica. A esto se suma una motivación electoral. Los latinoamericanos, que solo necesitan dos años para la nacionalización por residencia, tienen por esta razón más fácil poder votar. Además, serán la mayoría de quienes obtengan la nacionalidad por ser descendientes de exiliados republicanos, una vía prevista por la Ley de Memoria Democrática. Han realizado gestiones para su obtención 2,4 millones de extranjeros.
Aunque la deferencia hacia los latinos ha generado tensiones y contradicciones en Vox, con el exvicepresidente de Castilla y León Juan García-Gallardo como el principal crítico con la posición oficial, de donde más presión le llega al partido no es de dentro, sino de otras fuerzas. El desafío más contundente se produce en Cataluña, donde Aliança ya supera a Vox y empata con Junts en la tercera posición, según la última encuesta de la Generalitat. Su ascenso se apoya en un discurso xenófobo que no hace excepciones con los latinoamericanos, a los que rechaza no solo alegando inseguridad, sino también por un retroceso del catalán frente al castellano del que ve como corresponsables a los llegados del otro lado del Atlántico.
Ese es un mensaje que Vox, defensor a toda costa del castellano, no puede compartir, lo que permite a Aliança diferenciarse en este terreno crucial para la extrema derecha y “capitalizar el malestar de quienes sienten que los catalanes y el uso del catalán están perdiendo espacio, tanto en las calles como en los comercios, restaurantes...”, señala el periodista Xavier Rius Sant, autor de Aliança Catalana: els nostres ultres (Icaria, 2025). La crisis venezolana también está sirviendo a Aliança para llevar más lejos su discurso, reclamando a “Occidente” que actúe para que “todos aquellos que se han visto obligados a marcharse puedan regresar pronto” a Venezuela.
No es la única diferencia que marca Aliança. Otra es obvia: al acerado nacionalismo español de Vox, Orriols opone un acerado nacionalismo catalán. Además, ha desarrollado más que Vox el llamado discurso “feminacionalista”, el que se dirige al electorado femenino y LGTBIQ+ subrayando la amenaza que para la modernidad occidental encarna —a su juicio— el islam. Un detalle: Orriols cuelga la bandera arcoíris en el Ayuntamiento de Ripoll (Girona), donde es alcaldesa, un gesto impensable en Vox.
Si hasta ahora ambos partidos habían mantenido una especie de entente cordiale, creciendo cada uno por su carril sin enfrentarse, la ofensiva con la cuestión latina de Orriols, que acusa a España de querer hacer pagar a Cataluña sus “deudas coloniales con Sudamérica”, ha provocado la respuesta de Vox, que reprocha a Aliança la “persecución” del castellano por sus denuncias contra establecimientos que no atienden en catalán.
Aunque el separatista se vista de seda, separatista se queda.
— VOX Cataluña (@VOX_Cataluna) December 28, 2025
Mientras ellos quieren continuar con las multas lingüísticas y la discriminación al español, nosotros seguimos defendiendo la libertad y las dos lenguas propias de Cataluña: el español y el catalán. https://t.co/yumGCH5Bsw
Puja antisistema
Además de Vox, el otro partido de ámbito estatal con representación parlamentaria, en concreto en la Eurocámara, es Se Acabó la Fiesta (SALF). A pesar de los problemas con la justicia de su líder, Alvise Pérez, la formación mantiene un hilo de vida en las encuestas, rondando el 2% de estimación de voto tanto en 40dB. como en el CIS. En Aragón, el 8 de febrero, el partido se probará por primera vez en unas autonómicas.
Al igual que Abascal, Alvise excluye a los “hermanos” latinoamericanos de su obsesión antiinmigración. En realidad, sus diferencias de contenido con Vox son casi anecdóticas. Alvise es antitaurino y se muestra algo más irreverente con algunas instituciones nacionales —la Corona— o internacionales —la OTAN—, aunque sin cuestionamientos radicales. La singularidad de SALF reside en otra parte, según la politóloga Anna López. ¿Dónde? “En la naturaleza de la organización, que determina la estrategia”, explica.
@alviseperez He votado NO a subvencionar el espectáculo del toro de lidia, pese al apoyo total que PP y VOX han dado a dicha financiación pública. Y no solo porque no me guste que el dinero público se tire en financiar espectáculos privados, sino porque la acción política de “Se Acabó La Fiesta” no permitirá financiar públicamente nada en donde un solo animal sea maltratado por mero ocio. Se puede ser anti-izquierdista y proteger a los animales a la vez.
♬ sonido original - Alvise Pérez
“Mientras Vox es una estructura partidista con origen en una escisión del PP, SALF parte del grupo de Telegram de un influencer. Mientras Vox propone una reforma autoritaria desde dentro del sistema, SALF aboga por una ruptura desde una visión de la política nihilista, basada en el escándalo y la teoría de la conspiración”, explica.
Sánchez Margalef, del Cidob, subraya que la vocación de Pérez es encarnar “una alternativa antisistema más pura” que Vox. No es raro, de hecho, que Alvise presente a Vox como un partido de políticos acomodados, incapaces de impugnar el sistema porque viven de él a cuerpo de rey. Justo para evitar la erosión de discursos así, Vox reaccionó tras la irrupción de SALF en las europeas de 2024 rompiendo con el PP en las comunidades, añade el investigador.
Derecha extraparlamentaria
También vive momentos de agitación la derecha extraparlamentaria, algo que no sorprende a Adrián Juste, analista en el laboratorio de ideas Al Descubierto. “Si siembras conspiranoia y bulos, pero luego no pasas de cierto punto, es fácil que surjan otras fuerzas que sí pasen ese límite. Lo vemos incluso en el mundo de los streamers, cuyas comunidades acaban siendo más radicales que ellos. Los radicalismos siempre acaban quedándose cortos”, afirma. Es lo que, a su juicio, le ha pasado a Vox con la inmigración: ha extremado el discurso xenófobo, pero ahora no es capaz de satisfacer a un sector de la audiencia al que toda aversión al extranjero le parece poca.
Ahí ha visto una oportunidad Núcleo Nacional, una asociación neonazi que ha logrado protagonismo y captado a jóvenes defendiendo la pureza racial española. Ello implica rechazar no solo a los africanos, también a los latinoamericanos, por muy cristianos que sean. Aunque ha habido múltiples especulaciones, Núcleo no ha confirmado que tenga pretensiones de convertirse en partido y presentarse a elecciones. Sus líderes afirman estar centrados en movilizar a la juventud.
Democracia Nacional (DN), anfitrión de una cumbre internacional en Madrid en noviembre que sirvió como altavoz de Vladimir Putin, también aprovecha el terreno que deja libre Vox para subir la puja. El partido que lidera Pedro Chaparro, que se ha referido a los latinoamericanos como “panchitos”, ridiculiza lo que considera mano blanda de Vox con los latinos y se opone a la “sudamericanización” de España. Tras el ataque de EE UU a Venezuela, DN ha celebrado las opciones abiertas para que “los inmigrantes venezolanos y de otros países sudamericanos se marchen”. Coincide ahí con Aliança.
Estos grupos, que son solo dos en el enjambre de fuerzas esmeradas en hacerse fuertes en el segmento más radical del creciente espacio radical ultraderechista, se ciñen al guion de las históricas formaciones extraparlamentarias. Este libreto incluye rechazo a la monarquía borbónica, un antieuropeísmo más marcado que en Vox — piden la salida de la UE— y una rotunda oposición tanto a Estados Unidos como a Israel, en contraste con el alineamiento de Abascal, sobre todo con Donald Trump y Benjamin Netanyahu gobernando. Todos estos frentes les valen para hacer oposición a Vox.
Un fenómeno internacional
“Al haberse normalizado postulados ideológicos antes marginales, surgen nuevos actores o se revitalizan otros que ya existían”, explica el politólogo Sánchez Margalef. Y añade: “Es un proceso que no se limita a España”.
No hay dos casos iguales. En Francia, Reagrupamiento Nacional —el partido de Marine Le Pen— ha contenido la amenaza de Reconquista, que sobrevive agarrado al tirón mediático de su líder, el polemista Eric Zemmour. Hermanos de Italia, de Giorgia Meloni, domina la política nacional tras superar —pero sin laminar— a La Liga, de Matteo Salvini. En Polonia, años de exaltación ultranacionalista de Ley y Justicia han abonado el terreno para partidos aún más duros, como Confederación. Tras la extinción de la organización neonazi Amanecer Dorado, que llegó a ser tercera fuerza en el Parlamento, en Grecia han rivalizado Espartanos, Niki y Solución Griega.

En EE UU no hay alternativa partidista al Partido Republicano, tomado por el trumpismo, pero la eclosión del movimiento MAGA ha permitido el surgimiento de múltiples grupos, subgrupos, corrientes y cabecillas, cada uno con sus posiciones, a veces incompatibles entre sí. En Reino Unido, al margen de los brexiters de Reform UK, han surgido figuras de gran popularidad en la extrema derecha como el agitador Tommy Robinson, que en verano exhibió su capacidad de movilización con una multitudinaria protesta en Londres. Con especificidades en cada país, la pauta se repite: la consolidación de un gran partido ultraderechista, sea como gobierno o alternativa creíble, no agota sino que multiplica el repertorio de grupos en acción.
La pujanza de la extrema derecha también alumbra fundaciones, centros de pensamiento y todo tipo de asociaciones para la batalla de ideas y la influencia política. En España, tras la eclosión de Vox han aparecido marcas en posiciones críticas con el partido dominante, como Atenea, el think tank ultraliberal del exportavoz de Vox, Iván Espinosa de los Monteros. En un punto entre Vox y el ala más dura del PP se sitúa NEOS, la red antiabortista y españolista liderada por Jaime Mayor Oreja. Y hay otras entidades vinculadas a Vox, como el ISSEP, la delegación española del centro de pensamiento que amadrina en Francia Marion Maréchal, la joven promesa del clan Le Pen. Aunque no compiten electoralmente, se trata de organizaciones que, señala Sánchez Margalef, aportan “cuadros, discurso y conexiones” al campo ultraderechista, que conforme crece en dimensiones gana también en número de teloneros, competidores y emprendedores.
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