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Meloni desbloquea el acuerdo con Mercosur: del freno político al sí con condiciones

La primera ministra italiana ha jugado un papel clave para fraguar la creación de la mayor zona de libre comercio del mundo

El sí de Italia al tratado de libre comercio con Mercosur —in extremis, en la recta final de unas negociaciones que han durado más de un cuarto de siglo— ha sido fundamental para allanar el camino para la firma oficial del pacto en Paraguay, el próximo 17 de enero. Roma, bajo el liderazgo de la ultraderechista Giorgia Meloni, ha pasado de ser un actor reticente a convertirse en una de las piezas clave para desbloquear el consenso europeo hacia la creación de la mayor zona de libre comercio del mundo, con un potencial de más de 720 millones de consumidores. Firmarán el acuerdo los 27 países de la Unión Europea con cuatro países de América del Sur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay).

El visto bueno de Meloni estaba condicionado a la obtención de garantías europeas clave para el sector agrícola italiano, como la creación de un mecanismo de protección para los productos sensibles, un fondo de compensación ante posibles desequilibrios del mercado, un refuerzo de los controles fitosanitarios en las fronteras europeas, la reorganización del gasto de los fondos de la Política Agrícola Común (PAC) o el bloqueo de los precios de los fertilizantes. Aunque, tal y como ha explicado la primera ministra, Italia sigue viendo con recelos el acuerdo comercial con el bloque sudamericano y ha advertido de que permanecerá “en alerta” y vigilará de cerca que se cumplan los compromisos alcanzados. “No podíamos decir sí al Mercosur en detrimento de la excelencia de nuestros productos”, explicó Meloni el viernes en su rueda de prensa anual. Y agregó: “Siempre hemos dicho que estamos a favor del pacto, pero solo cuando haya garantías suficientes para nuestros agricultores. A la luz de las garantías que hemos conseguido, hemos dado nuestro apoyo al acuerdo”.

El Gobierno italiano recuerda que no es un apoyo sin reservas, sino que está sujeto a que las salvaguardias funcionen de verdad, no solo sobre el papel. E insiste: no basta con promesas; exigen “controles estrictos” y cumplimiento riguroso de los estándares sanitarios y fitosanitarios para que los productos importados no entren en competencia desleal con la producción nacional.

Giorgia Meloni, además, ha enmarcado el debate dentro de una reflexión más amplia sobre la política comercial de la UE. A su juicio, el problema no es optar simplemente por el libre comercio o el proteccionismo, sino la contradicción de imponer normas cada vez más estrictas dentro del mercado europeo mientras se firman acuerdos con socios que operan bajo marcos regulatorios mucho menos exigentes. “Esto podría ser suicida”, ha advertido la primera ministra italiana. Y ha aclarado que su gobierno es favorable a los acuerdos de libre comercio, pero acompañados de una revisión de las cargas regulatorias internas.

Durante buena parte del proceso de negociación con Mercosur, sobre todo en los últimos tiempos, el Gobierno italiano ha mantenido una posición de cautela, escéptica en ocasiones, alineada con las preocupaciones de su sector agrícola y de la industria alimentaria, que tienen un gran peso en el país transalpino tanto desde el punto de vista económico como cultural. Roma advertía de que una apertura rápida del mercado podría incrementar la competencia de productos sudamericanos con menores costes y estándares diferentes, lo que afectaría especialmente a ganaderos y productores de bienes con denominación de origen.

Sin embargo, lejos de limitarse al “no” político, Meloni optó por una estrategia de negociación que consistía en condicionar el apoyo italiano a la incorporación en el pacto de determinadas exigencias para tutelar la producción nacional.

Esta postura, que en parte han compartido otros socios como Francia, aumentó la presión política en Bruselas y forzó a la Comisión Europea a revisar algunos capítulos del principio de acuerdo.

Papel de bisagra

En lugar de ejercer un veto frontal, Roma se decantó por utilizar su peso político para sentarse a la mesa y modificar el contenido del acuerdo. Su sí final permitió alcanzar la mayoría cualificada de Estados miembros necesaria para respaldar el acuerdo comercial con el bloque sudamericano. Meloni ha desempeñado un papel clave de bisagra y ha transformado las reservas italianas en capacidad de influencia en Europa. Su estrategia ha permitido obtener concesiones relevantes para la agricultura europea y, al mismo tiempo, desbloquear un acuerdo importante para la economía y la geopolítica de la Unión Europea.

El resultado de las negociaciones ha sido un paquete de compromisos que ha permitido a Italia levantar su resistencia y, tras ese giro, dejar a Francia como el principal gran país en minoría dentro del bloque crítico con el acuerdo con Mercosur.

Entre las concesiones que reclamaba Italia se encuentran las medidas para abaratar abonos y fertilizantes suspendiendo temporalmente aranceles a las importaciones de estos productos; la implantación de mecanismos de emergencia para frenar las importaciones si algunos mercados agrícolas y ganaderos, como el de la carne o los lácteos, sufren perturbaciones graves cuando entre en vigor el pacto; una mayor exigencia en estándares sanitarios, fitosanitarios y medioambientales, con procedimientos de control más estrictos para los productos importados; o el compromiso de destinar recursos financieros a compensar a productores eventualmente afectados por la apertura del mercado, para garantizar un “colchón” financiero ante el posible impacto de las importaciones sudamericanas. A esto se suma el adelanto y refuerzo de pagos de la PAC, a partir de 2028, para los agricultores.

“Italia ha conseguido que la agricultura y los agricultores vuelvan a ser el centro del debate tanto en Italia como en la Unión Europea. Hoy vuelven a ser reconocidos como guardianes del territorio y del medio ambiente, y garantes de nuestra soberanía y seguridad alimentaria”, ha celebrado el ministro italiano de Agricultura y Soberanía Alimentaria, Francesco Lollobrigida. Y ha insistido en la necesidad de garantizar el “principio de reciprocidad”, que según él “debe aplicarse a todos los intercambios comerciales con terceros países”, no solo con Mercosur. “Jugar con las mismas reglas es la base de la competitividad de nuestras empresas”, ha apuntado el ministro.

Para Meloni, estas garantías han resultado clave para presentar el acuerdo como un compromiso equilibrado entre apertura comercial y protección de la producción nacional. Sin el giro italiano, el pacto difícilmente habría reunido el respaldo de los países y el peso demográfico necesarios para superar la oposición de otros Estados como Francia, Polonia, Hungría o Irlanda.

Una recepción con escepticismo

En Italia, la adhesión a última hora de Meloni al acuerdo no ha sido recibida con particular entusiasmo, ni dentro de la coalición de Gobierno, ni en la oposición, ni tampoco por los agricultores, que se quejan del riesgo de consolidar “una evidente asimetría”. “Mientras que a las empresas agrícolas italianas y europeas se les exige el cumplimiento de normas muy estrictas en materia de sostenibilidad medioambiental, seguridad alimentaria y derechos de los trabajadores, las mismas normas no se aplican a las importaciones procedentes de los países del Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay)”, ha señalado Confagricoltura, una de las principales asociaciones de agricultores del país transalpino.

La Liga de Matteo Salvini, socio de Meloni en el Gobierno, ha anunciado que mantendrá su histórica posición contraria al acuerdo. “No vamos a derrocar al Gobierno por esto, pero nuestro no es rotundo, por nuestra parte hay una gran insatisfacción”, ha señalado el senador de la Liga y exministro de Agricultura Gian Marco Centinaio, que se ha manifestado junto a los agricultores en las calles de Milán.

Algunos partidos de la oposición, como el Partido Democrático, acusan al gobierno de convertir la negociación en un logro político, pero sin garantías suficientes para la industria y los sectores vulnerables.

En cambio, gran parte de las organizaciones industriales y manufactureras como Confindustria han mostrado su satisfacción por la aprobación del acuerdo. También lo han aplaudido varias voces del sector agroalimentario, especialmente del mundo vitivinícola.

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Sobre la firma

Lorena Pacho
Licenciada en Periodismo por la Universidad de Valladolid. Colabora con EL PAÍS desde Italia. Aprendió en Castilla y León Televisión, RTVE y la Agencia EFE. Máster en Periodismo en Televisión Instituto RTVE / URJC y Máster en Periodismo Internacional UNED / EFE Escuela.
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