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Los obstáculos que quedan por delante en el pacto comercial de la UE con Mercosur: ajustadas mayorías en la Eurocámara y votación en los Parlamentos nacionales

El proceso de ratificación del histórico acuerdo todavía tiene que superar pruebas difíciles y debe ser aprobado individualmente por los países latinoamericanos

Una protesta agrícola en Milán contra el acuerdo comercial entre la UE y Mercosur. Foto: MATTEO CORNER (EFE)

Las negociaciones entre la Unión Europea y Mercosur se prolongaron durante más de 25 años. Fue un proceso largo y difícil que tuvo, incluso, un cierre en falso en 2019 que requirió un lustro más hasta 2024. Pero eso, no le ha garantizado un camino fácil hasta llegar a ese momento, para el que todavía falta mucho a pesar del voto clave de este viernes en el que el Consejo de la UE ha dado el visto bueno para que el presidente del Consejo Europeo, António Costa, y la de la Comisión, Ursula von der Leyen, viajen a Paraguay para firmar el pacto el próximo 17 de enero.

El acuerdo consta, en realidad, de dos patas: una comercial y una política. Y la primera puede aprobarse y entrar en vigor antes de que la segunda cuente con todos los beneplácitos. Desde el lado europeo, como explica un informe publicado este mismo viernes por la consultora española LLYC, la votación de este viernes consiste principalmente en la autorización para firmar los textos, cuya traducción jurídica se prolongó durante meses después del principio de acuerdo alcanzado en diciembre de 2024.

Una vez se haya dado este paso hará falta que llegue el consentimiento del Parlamento Europeo. No será nada fácil lograrlo. Los partidos de ultraderecha han mostrado un rechazo rotundo, sin matices. También La Izquierda (los grupos de izquierda minoritaria) está en esa posición. En el resto, los que forman la coalición europeísta, que suele respaldar las iniciativas de la Comisión, habrá fugas previsiblemente. Los intereses nacionales y las opiniones públicas de cada país operarán en las votaciones parlamentarias mucho más que en otras ocasiones y es probable que en todos los grupos haya deserciones significativas.

Por ejemplo, es muy probable que una gran mayoría de los 84 eurodiputados franceses voten en contra, independientemente de su adscripción extrema derecha, conservadora, socialista, liberal, verde o izquierdista. En cambio, en el grupo ultra Conservadores y Reformistas Europeos es probable que haya una gran división entre los eurodiputados polacos −en Polonia, como en Francia, el rechazo concita un gran consenso− y los italianos, que forman parte de Hermanos de Italia, el partido político de la primera ministra, Giorgia Meloni, cuyo apoyo ha sido clave para llegar hasta aquí.

Además, el acuerdo comercial debe votarse una vez más en el Consejo de la UE. Esta vez se votará el acuerdo en sí y no la autorización de la firma. No obstante, es de esperar que las capitales mantengan la posición expresada en el proceso anterior.

Más compleja todavía resulta la ratificación de la parte política, que como explica el documento de LLYC, precisa de la aprobación en cada Estado miembro según las disposiciones constitucionales de cada uno, lo que en la mayoría de casos supone una votación en sus parlamentos nacionales. La parte política del pacto también contempla ayudas al desarrollo o transferencias de fondos.

Hay que aclarar que no es necesario que se haya recorrido esta última parte para que el pacto comercial entre en vigor. Los intercambios comerciales pueden entrar en vigor de forma provisional o interina antes. Hay precedentes de esto. El tratado con Canadá todavía no cuenta con la aprobación de todos los Estados miembros, pero, en cambio, está en vigor desde 2017.

Lo que sí resulta ineludible para que se aplique la parte comercial del acuerdo es la aprobación por parte de los cuatro países que integran Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay). En este caso, no se esperan tantos problemas políticos como en el lado europeo y el proceso es bastante menos farragoso, puesto que no existe el conglomerado institucional supranacional que sí tiene la UE. Esto último hace que, en realidad, el tratado se aprueba de forma individual por cada uno de los cuatro países del bloque. Si uno de los parlamentos lo rechaza, no entraría en vigor en el lado sudamericano.

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Sobre la firma

Manuel V. Gómez
Es corresponsal en Bruselas. Ha desarrollado casi toda su carrera en la sección de Economía de EL PAÍS, donde se ha encargado entre 2008 y 2021 de seguir el mercado laboral español, el sistema de pensiones y el diálogo social. Licenciado en Historia por la Universitat de València, en 2006 cursó el master de periodismo UAM/EL PAÍS.
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