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El Partido Laborista de Starmer sufre otro golpe electoral y queda detrás de los verdes y la ultraderecha

La elección parcial celebrada en la circunscripción de Gorton y Denton agrava la situación del primer ministro

La candidata de los verdes, Hannah Spencer, junto al líder del partido, Zack Polanski, en la madrugada de este viernes en Manchester.Temilade Adelaja (REUTERS)

El primer ministro británico, Keir Starmer, sufrió la peor de sus pesadillas a medida que los resultados del recuento llegaban, en la madrugada de este viernes. La candidata del Partido Verde en la elección parcial de la circunscripción de Gorton y Denton, Hannah Spencer, una fontanera (de profesión; nada que ver con el término que se usa en la jerga política) con enorme energía personal y gran vocación pública, ha logrado una victoria arrolladora y ha conquistado un escaño que el Partido Laborista había retenido con comodidad en los últimos 15 años.

El desenlace de estos comicios confirma tres presagios que colocan al borde del precipio al primer ministro británico. En primer lugar, los electores ya no ven al Partido Laborista como el voto útil para frenar el ascenso de la ultraderecha, que en estas elecciones ha quedado en segundo lugar. El renovado Partido Verde de Zack Polanski, que practica un populismo de izquierdas que llama a las cosas por su nombre en asuntos como Gaza, Donald Trump o la desigualdad social, se ha convertido en una alternativa real y con posibilidades. El voto progresista ha hecho algo más que fragmentarse: se ha dividido, hasta el punto de que ha surgido la posibilidad real de un sorpasso al laborismo.

Nada nuevo bajo el sol. El Reino Unido empieza a sufrir la convulsión política que ya experimentan otros países europeos. Porque si el laborismo teme ahora ser reemplazado por una fuerza de nuevo cuño, más extrema, más a la izquierda y más populista, el Partido Conservador hace ya mucho tiempo que sufre de lo mismo. El Partido ultraderechista Reform UK de Nigel Farage, vaticinan todas las encuestas, lleva camino de sustituir por completo a los tories en el corazón de los votantes británicos de derechas.

Los resultados de Gorton y Denton han supuesto un aviso serio del vuelco general que está por llegar. El Partido Verde ha obtenido la primera posición, con un 41% de los votos; Reform UK ha logrado un 29%; el Partido Laborista, un 26%. En el caso de los conservadores, su presencia y apoyo han sido residuales, con un 2% de los votos.

Pero la gran tragedia para el laborismo es que hace apenas dos años conquistó sin apenas dificultad esta circunscripción obrera al sur de Manchester. En estas elecciones parciales ha perdido de golpe 25 puntos porcentuales.

Un termómetro alarmante

Las elecciones parciales se celebran cada vez que un diputado renuncia a su escaño, sea por enfermedad, por circunstancias personales, por fallecimiento o porque un escándalo fuerza su dimisión. Los votantes de la circunscripción acuden de nuevo a las urnas, y esos comicios son siempre interpretados como un termómetro de la realidad política general. En el caso de Gorton y Denton, tras la renuncia de Andrew Gwynne −quien alegó razones de salud, aunque había sido apartado del Partido Laborista por la filtración de unos comentarios despectivos hacia los votantes en un grupo de Whatsapp–, el resultado ha sido el de una fiebre alta y preocupante para la principal fuerza británica de izquierdas.

“No solo es que estos resultados vayan a hacer mucho más difícil la vida a Starmer. Es peor que eso, porque el Partido Laborista ha perdido de una manera terrible. Ha quedado 15 puntos por detrás de los verdes”, ha señalado en la BBC el sociólogo John Curtice, una voz imprescindible para entender los resultados electorales del Reino Unido de los últimos años.

La amenaza por la izquierda

La irrupción en la política británica de Zack Polanski, un político de 43 años que apenas lleva unos meses al frente del Partido Verde, ha supuesto todo un vuelco en la izquierda tradicional británica. Su llamado “ecopopulismo”, un modo directo y fresco de defender propuestas de izquierdas como un aumento de impuestos a las grandes fortunas, ha sido abrazado por gran parte de un electorado progresista harto de la tibieza de Starmer. Sus críticos acusan a Polanski de no tener bien hechos los cálculos y de jugar con planteamientos económicos poco realistas, pero eso no parece preocupar mucho a sus votantes.

“Si vemos un giro igual en las próximas elecciones generales, habrá una marea de nuevos diputados verdes. Cuando fui elegido líder del partido, dije que estábamos aquí para reemplazar a los laboristas. Y lo decía en serio”, ha proclamado esta madrugada Polanski, que ha acusado además a la formación de Starmer de hacer una campaña sucia con una estrategia equivocada. “Sabían que no podían ganar, y se han arriesgado a fraccionar el voto de la izquierda y permitir la entrada de Reform UK. La gente ha entendido ahora que [los verdes] son la solución para frenar a la ultraderecha”, ha dicho.

El candidato ultra, Matt Goodwin, ha aprovechado la celebración de su sorprendente segunda posición para agitar el espectro de la izquierda radical y de la islamofobia tan del agrado de los votantes de Reform UK.

“A los progresistas les han adoctrinado sobre cómo votar. Hemos visto a una coalición de islamistas y de progresistas woke que se han aliado para conquistar la circunscripción", ha pretendido señalar.

El espectro de Andy Burnham

Cuando se abrió la posibilidad de combatir por el escaño de Gorton y Denton, el alcalde de Manchester, Andy Burnham, muy popular entre las bases laboristas, quiso pelear por ese puesto. La sombra de un rival amenazante, con serias posibilidades de arrebatarle el liderazgo del partido, llevó a Starmer a maniobrar, con los estatutos en la mano, para frenar ese intento. Argumentó que Burnham no podía abandonar sus responsabilidades en una alcaldía de tanto peso, y que su reemplazo supondría una nueva elección y muchos gastos electorales para la formación.

La realidad, como ha quedado demostrado esta madrugada y como reconocían incluso los candidatos de las formaciones rivales, es que solo Burnham tenía serias posibilidades de frenar una debacle del laborismo como la que finalmente se ha producido. Porque en Gorton y Denton apenas han votado 37.000 electores, pero el brusco giro de su resultado ha generado una ola interpretativa que pinta nefastos augurios para el laborismo de Starmer.

La candidata de la formación, Angeliki Stogia, ni siquiera ha comparecido ante la prensa para admitir su derrota. Lo ha dejado en manos de la presidenta del Partido Laborista, Anna Turley, que ha echado mano del argumentario de excusas que se utiliza en estas ocasiones: sabían que iban a ser unos comicios duros, ha dicho, y que el electorado aprovecharía la ocasión para castigar al Gobierno. Pero las políticas de división que propugnan los verdes y la ultraderecha, ha añadido, no solucionarán los problemas de los ciudadanos.

Los diputados laboristas, sin embargo, saben que con ese bálsamo ya no se cura la herida. La percepción general de las últimas semanas, después de la grave crisis interna que provocó el escándalo Mandelson-Epstein (que a punto estuvo de llevarse por delante el liderazgo de Starmer), es la de una tregua. Saben que los electores castigarían un estado continuo de guerra como el que sufrieron los conservadores durante años.

Pero la situación sigue siendo de temporalidad y de prórroga para Starmer. Los próximos comicios amplios serán el 7 de mayo. Se celebrarán municipales en Inglaterra y autonómicas en Escocia y Gales. Las encuestas pronostican otro hundimiento laborista, y pocos creen que Starmer tenga fuerza y apoyos para sobrevivir esa nueva arremetida.

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