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Sentirse único tiene nueva banda sonora

El género rhythm & heat refleja la melancolía desde una perspectiva exhibicionista que nace desde el diván. Ejemplo: ‘Welcome to the Mood’, de Leisure

Cada cierto tiempo, la música consigue acuñar un nuevo enclave sonoro desde el que cobijar a quienes se sitúan a caballo entre su nueva realidad, el vacío, la desilusión o el hartazgo. Después del dream pop (surgido en la primera década de 2000 y abanderado por Beach House, entre otras bandas) y del bedroom pop (que impulsó de la habitación a la fama a artistas como Billie Eilish), el cañón de luz ahora se posa en un nuevo género musical: el rhythm & heat.

Este género es como la versión caucásica, milenial y hipster del casi puramente negro y noventero rhythm and blues que tiene leyendas como D’Angelo (fallecido recientemente), Mary J. Blige, Usher, Mariah Carey o TLC. Si el rhythm and blues es la continuación sofisticada, orgullosa y juguetona del blues —nacido en la primera mitad del siglo XX de los lamentos por discriminación racial y los trabajos forzosos—, este rhythm & heat nace casi directamente desde el diván de la consulta del terapeuta. Josh Fountain, teclista, productor y vocalista del colectivo neozelandés Leisure —que recientemente ha publicado su quinto LP, Welcome to the Mood—, reconoce que es algo “tramposo” llamar a su sonido soul electrónico: “Somos seis tíos blancos que viven en Nueva Zelanda, de casi 40 años, con hijos, tocando una especie de R&B que además tienen predilección por el reggae”, comenta entre risas.

En este álbum (cuyo título expresa la idea de adentrarse en un estado mental determinado) los sonidos son amables, introspectivos y poco profundos, sensibles y parecen acompañar amablemente la cotidianidad, pero, tal y como afirma Fountain, “quizá no es la música que pincharías en una fiesta”. Además de Leisure, bandas como Jungle, Parcels, Olivia Dean, Hermanos Gutiérrez, Tamino y Maro son otros de los exponentes que parecen estar poniéndole un velo musical a los quehaceres de la vida y los sentimientos encontrados derivados de las responsabilidades o la frustración. En este rhythm & heat el desasosiego vital se trata con calidez (heat) y con confort lo que preocupa o desequilibra.

Las temáticas de las canciones se abordan desde una perspectiva propia de la terapia Gestalt, esa que aboga por la percepción total del entorno para sumar experiencias que esclarezcan causas y síntomas de una situación. Para Frankie Pizá, crítico musical y creador de contexto en industrias culturales, “cada vez que el R&B se recupera o se reinterpreta desde la blanquitud hay que mirar qué tipo de relación establece con esa herencia: si es de empatía o de extracción. Cuando artistas blancos lo reinterpretan desde una conciencia de clase distinta (sin blanquear ni estetizar su sufrimiento) se puede generar un intercambio legítimo”. Y prosigue: “Sí tiene sentido pensar en este R&H como algo que se parezca a un síntoma generacional”.

Al fin y al cabo, la música pop ha ido desplazando su energía del hedonismo hacia el autoanálisis porque hay una necesidad de —se haga lo que se haga con groove, sin groove, más aquí o allá— sonar emocionalmente conscientes. En el libro Vida de consumo, el pensador Zygmunt Bauman hace referencia al concepto de melancolía desarrollado por el profesor de Filosofía Rolland Munro, el cual alude a poder sentir infinidad de conexiones sin anclarse en ninguna. Quizá, la indecisión ante la ley de la oferta y la demanda emocional y musical es el reflejo de lo que Bauman llamó vida líquida (esa flexible que fluye y cambia). Porque ya es todo un signo de los tiempos que el ombliguismo expanda sus fronteras hasta convertirse en un acto colectivo con su propia banda sonora y su cada vez más amplia paleta de grises.

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