Por la estepa central de Mongolia: un viaje que no olvidarás
¿Quieres un viaje que mezcle cultura, naturaleza e historia? Mongolia es explorar un país fascinante con una gran variedad de enclaves únicos y maravillosos


Mongolia, el decimonoveno país más grande del mundo, es una aventura a lo desconocido. Sin duda, una apuesta segura para aquellos viajeros que han visto mundo y andan buscando rutas diferentes, menos turísticas y masificadas, donde la sorpresa está garantizada. Esta nación, cuyas raíces se asientan en el antiguo Imperio Mongol, que dominó gran parte de Asia durante el siglo XIII, es una tierra predominantemente nómada. De hecho, es uno de los pocos países en el mundo donde aún hay tribus nómadas. Por ello, uno de los principales atractivos para muchos viajeros es acercarse a este estilo de vida, que hoy nos resuena a los urbanitas, tan lejano.
Esta cultura se puede disfrutar en muchos lugares, pero tanto el Parque Nacional de Gorkhi-Terelj como el Área Estrictamente Protegida Bogd Khan Uul cuentan con buenos senderos para excursiones de medio día o de día completo a caballo, el medio de transporte de las tribus nómadas mongolas. También se pueden realizar este tipo de expediciones de varios días en el Parque Nacional Khuvsgul Nuur que rodea su extraordinario lago azul; y los lagos volcánicos de la Reserva Natural Khuisiin Naiman Nuur también son populares para explorar a caballo.

Mongolia es, además, un país con mucho contraste paisajístico, porque presenta ríos y lagos salvajes de agua dulce y salada como Uvs Nuur, que tiene 3.350 kilómetros cuadrados, pero también desierto. El gran desierto de Gobi es otra de sus joyas naturales que comparte con China, ya que abarca más de un millón de kilómetros cuadrados. Las colosales dunas de Khongoryn Els, en el Parque Nacional Gurvan Saikhan, son unas de las más famosas para visitar en el desierto de Gobi. También lo son las de Moltzog Els, que alcanzan los 12 metros de altura en una región que es el yacimiento más rico del mundo en fósiles de dinosaurios.
Para más aventuras en el desierto, están los cañones de Khermen Tsav, los grabados rupestres de 10.000 años de antigüedad de Khavtsgait, la observación de la fauna en Ikh Nartiin Chuluu y la garganta helada de Yolyn Am.
Además de la cultura nómada, los viajeros que visiten Mongolia van a encontrar un país con profundas raíces espirituales, sobre todo, con el budismo. Uno de los legados de Gengis Kan y el Imperio Mongol fue la introducción del budismo tibetano. Hoy en día, existen unos 130 monasterios budistas repartidos por todo el país que albergan a unos 5.000 monjes.

Nos adentramos por la estepa central de Mongolia gracias a uno de los itinerarios que propone EL PAÍS Viajes para este 2026. Tesoros naturales y culturales de Mongolia que guiará el experto en el país Álvaro Planchuelo, saldrá de España el 15 de agosto durante 13 días, los suficientes para adentrarse en la idiosincrasia de un país rico en historia pero también en gastronomía y cultura.
En palabras de Álvaro, cuando le preguntamos por el viaje —que ya se ha realizado con anterioridad—, señala lo siguiente: “Este viaje visitará las partes más históricas de la antigua Mongolia, principalmente su capital, Karakorum, que fue la capital del imperio de Gengis Kan en el siglo XIII y después lo fue de sus sucesores. Hoy en día hay monasterios budistas que se construyeron con los restos de la antigua ciudad y es un lugar patrimonio de la humanidad muy interesante de ver. El viaje en su conjunto lo que hace es recorrer la estepa central de Mongolia, para visitar todos sus ecosistemas, desde las dunas de Bayan Gobi, pasando por las grandes estepas llenas de caballos y otros herbívoros, zonas de volcanes, lagos…hasta llegar a la Taiga, en el norte, ya en la zona de influencia del bosque boreal siberiano. Ahí está el lago Khövsgöl, próximo a la frontera con Rusia, donde vive la etnia de los tsaatan o “pastores de renos”, que están en extinción, e intentaremos verlos también en el viaje”.
En los trece días, los traslados se harán en vehículos 4x4, en etapas muy bien pensadas, alguna larga, pero todas cómodas. Y añade el fotógrafo y arqueólogo: “Es una gran expedición. Se duerme en gers o yurtas bien acondicionadas, es una maravilla porque Mongolia es, además, muy grande —tres veces España y la mitad de la población está en la capital Ulán Bator—. Al estar tan despoblada, con muchas cabezas de ganado, caballos, camellos…, cuenta con un paisaje que te deja sin palabras”.

Mongolia con EL PAÍS Viajes: las paradas imprescindibles
Ulán Bator, la capital de Mongolia, es el punto de partida del viaje. Fundada en 1639, es la ciudad más poblada del país, además de su centro neurálgico. Aunque en sus inicios estuviera cubierta de monasterios budistas, la etapa soviética dejó un legado arquitectónico importante y visible en la actualidad. Entre sus atracciones turísticas se encuentran la Plaza de Sukhbaatar, el monumento de Chinggis Khaan y el Museo de Historia Nacional. El monasterio Gandan es también un lugar muy importante para la ciudad, que sigue recibiendo a peregrinos y en el que viven alrededor de 900 monjes durante el año.
A partir del tercer día, el itinerario ya se centra en la estepa central de Mongolia, en la parte nómada, seguramente la que más gustará al viajero. Las dunas de Bayan Gobi son el primer escenario con el que se toparán. “Allí visitaremos a una familia nómada para interiorizarnos de su vida cotidiana y podremos también montar camellos con dos jorobas para disfrutar de un paisaje increíble”, comentan desde EL PAÍS Viajes.
El quinto día de travesía se conduce hasta Karakorum, donde se encuentra el primer monasterio budista del país llamado Erdene Zuu, que fue construido en 1586 y destruido posteriormente durante las purgas de 1937 quedando, actualmente, poco de su esplendor; tan solo las murallas y tres templos importantes.
También se conserva la estatua “Boovon Khad”, un símbolo fálico creado en el siglo XVIII por los monjes del monasterio para avergonzar a los monjes jóvenes que no cumplían las normas, así como una roca con forma de tortuga que perteneció a la antigua capital, Karakorum. Asimismo, el museo sobre la antigua capital Karakorum es testimonio de los restos de esta antigua capital del siglo XIII.
Las aguas termales de Tsenkher, protagonistas del sexto día de viaje, son un manantial sulfuroso que aflora con una temperatura de 85ºC a 1.860 metros sobre el nivel del mar. La zona posee una gran diversidad de rocas del Mesozoico. Mucha gente acude para someterse a un tratamiento médico tradicional. A esa relajante parada, le sigue una más trepidante en el Parque Nacional del lago Terkhiin Tsagaan, cruzando varias cordilleras en dirección norte. Se trata de un accidentado complejo volcánico, actualmente inactivo, que alberga uno de los lagos más atractivos de Mongolia. Por su riquísima fauna de aves ha sido registrado en la Convención de Ramsar. Se ascenderá —en la medida de lo posible— al cráter del volcán Khorgo. En el camino se para en Zayiin Khuree Khiid, que fue un monasterio budista y hoy en día es el museo local de la provincia de Arkhangai. En la ruta se podrá ver el cañón del río Chuluut y la gigantesca roca Taikhar que se relaciona con las creencias mitológicas locales.
Como no podía ser de otra forma, en este viaje habrá que conocer los lagos de Mongolia. En este caso, la ruta se desviará al lago Khuvsgul Nuur, una gran extensión de agua dulce y al cual se le apoda como la “Suiza de Mongolia” porque está rodeado de verdes montañas cubiertas de bosque. Es el segundo lago más profundo de Asia Central y contiene el 1% del recurso mundial de agua dulce. Tiene 134 kilómetros de longitud y 39 kilómetros de anchura. Aunque en él desembocan 46 ríos, solo el río Eg sale del lago.
*Si quieres más información sobre este y otros viajes similares, consulta nuestra web de EL PAÍS VIAJES.
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