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Estambul: ¿qué hay de nuevo en la ciudad turca?

Por las calles de la urbe aún se siente lo que fue y también se adivina lo que quiere ser, entrelazando sus 2.600 años de historia con propuestas de arte contemporáneo que emanan en cada rincón y una gastronomía que conquista a quien la prueba.

El Istanbul Modern, obra del arquitecto Renzo Piano, alberga la exposición Floating Islands, que abarca la escena artística del país desde 1945.cristina candel

Es Europa, es Asia. Es Estambul, bulliciosa y ecléctica, ciudad turca que huele a café, especias y humo. Por sus calles aún perdura el sabor de lo que fue el imperio bizantino, Constantinopla y todas las capas de sus 2.600 años de historia, que se mezclan con las propuestas de arte contemporáneo que aparecen en los rincones más insospechados de la ciudad del Bósforo. Este es un recorrido más allá de sus atractivos turísticos clásicos.

El atractivo Istanbul Modern.

Nos encontramos en el paseo del puerto de Gálata, por lo que las aguas del Bósforo se reflejan en el edificio acristalado que es el museo de arte contemporáneo, el Istanbul Modern (istanbulmodern.org). Enfrente, Asia. Reabrió sus puertas en 2023 en la que es hoy la nueva zona comercial de Galataport y su contenido es tan importante como su continente, diseñado por Renzo Piano Building Workshop. La escalera central, que tiene tanto protagonismo, lleva a la exposición permanente Floating Islands, que abarca la escena artística de Turquía desde 1945, y a Between Worlds, el laberinto de hilo rojo de la artista Chiharu Shiota, que creó para el museo (se expone hasta el 25 de enero de 2026), representa la sangre de los habitantes de la ciudad, sus emociones, memoria e identidad. Y no nos vayamos del museo sin sentarnos en la azotea. Allí una balsa de agua perpetua, como una prolongación del Bósforo, refleja los barrios de Gálata, Karaköy y las aves que vienen a beber y que forman parte del decorado.

En el barrio de Karaköy.

A la salida del museo nos topamos con el círculo formado por todos los nombres que ha tenido la ciudad a lo largo de su historia, obra del artista turco Ahmet Güneştekin. Pronto estamos en las callejuelas de Karaköy, donde comer un dürüm de pescado, subir a tomar un café a la azotea de algún restaurante con vistas a la mezquita Kiliç Ali Pasha, fumar una shisha, jugar una partida de ajedrez en Papel Karaköy o encontrarse con una exposición de arte moderno tras un grafiti en la antigua fábrica de conos de helado Cone Factory. Lo ideal es terminar en la pastelería Karaköy Güllüoğlu, con uno de los mejores baklavas. A continuación está el puerto de Karaköy, donde ver en la noche a los ancianos estambulíes compartiendo conversación y café, con las melodías clásicas de los músicos ambulantes tocando darbukas y bendires.

En el lado asiático: Kadiköy

Del puerto parten barcos de línea hacia cualquier lugar de Estambul. Tomamos el que cruza el Bósforo. Los estambulíes juegan a tirar comida a las gaviotas mientras la zona occidental de la ciudad se va haciendo pequeña. En 20 minutos llegamos a Kadıköy.

A este barrio se han mudado muchos habitantes por la gentrificación de las zonas más turísticas. Aquí cada año tiene lugar el festival de arte urbano que ha llenado de murales sus calles: Intermission, una inmensa mujer sentada en un parking de coches, obra de la artista croata Lonac; el mural de un robot y un niño del artista italiano Pixel Pancho; la niña oliendo girasoles del balinés WD… Estos son una buena excusa para pasear, pero no la única, ya que aquí hay infinidad de comercios locales donde curiosear. Yelde Girmeni es la tercera generación de tostadores de café que da nombre a su tienda; Bengi Kayra enseña cerámica en su pequeño taller; Potka es una tienda que representa a 23 artesanos turcos. Por supuesto, hay pequeños cafés que salpican las calles, como el café Küff, el más popular; la panadería de Aslim Firin, con horno en el propio mostrador; varias tiendas de ropa de segunda mano; un atelier de chocolate; el restaurante vegano Kumin; o el estudio de cristal Sol de Vitra.

La Bienal de Estambul

El arte ha llegado a la ciudad turca para quedarse. La 18ª Bienal de Estambul (bienal.iksv.org), la mayor muestra de arte contemporáneo del país, comisariada en esta ocasión por la artista libanesa Christine Tohmé, durará tres años y tendrá tres fases, de ahí su nombre: El gato de tres patas. Hasta ahora ha mostrado las obras de 45 artistas de todo el mundo, en edificios tan variopintos como un antiguo orfanato, una fábrica de conos de helado o un antiguo teatro. En 2026 tendrá lugar la segunda fase, en la que se crearán academias de colaboración con iniciativas locales, incentivando a la población a participar y contribuir.

Por Eminönü

Si hay una imagen con la que se identifica Estambul, es con sus atardeceres de mezquitas recortadas contra el cielo naranja desde el puente de Gálata, lleno de pescadores en su parte alta y de restaurantes y música en la parte baja. Al otro lado del puente, en el barrio de Eminönü, las barcas tradicionales, flotando en el Cuerno de Oro, venden bocadillos de pescado y el humo que mana de sus planchas se mezcla con los vendedores de simit (pan circular con semillas de sésamo) y el olor de las especias del cercano bazar. Sí, hemos vuelto al Estambul antiguo, donde se concentra una parte de los monumentos: Santa Sofía, de impresionante cúpula e increíbles mosaicos; la mezquita de Sultanahmet, cuyo sobrenombre (mezquita Azul) se lo dan los 20.000 azulejos elaborados a mano y que apenas han perdido su color en sus más de 400 años de vida; la Cisterna Basílica, un inmenso depósito de agua con 336 columnas; o el Museo Arqueológico, cuyo edificio de corte neoclásico da paso a una colección infinita de objetos, entre ellos, el sarcófago de Alejandro Magno.

Pero aquí también ha llegado el siglo XXI, el Hagia Sophia Museum (demuseums.com/), ubicado frente al objeto más antiguo de Estambul, el obelisco egipcio de Teodosio, ofrece una reconstrucción de su historia en 3D. Pasando por infinidad de salas, se pueden ver las incontables transformaciones de la iglesia-mezquita a lo largo de sus casi 1.500 años de vida.

En el barrio de Beyoğlu o Pera

Ascendemos por la escalinata de Camondo, retratada por el fotógrafo Henri Cartier-Bresson, y subimos por las calles de este barrio de influencia europea, que aún perdura en su arquitectura y se aprecia en la calle principal, Istiklal. Decía Gérard de Nerval en su libro Viaje al Oriente que pasear por esta calle era como hacerlo por París, con sus hoteles, cafés y embajadas. Si se va de compras a la calle paralela, parece que se haya retrocedido 100 años, los que tiene la tienda de dulces Üç Yildiz, donde se fabrican mermeladas y dulces desde 1926. En la misma calle está el negocio de Petek Tursulari, una tienda con tarros de encurtidos y conservas, o el mercado de pescado de Resat Balik, que abrió en 1946. Todas estas callejuelas llenas de vida durante el día cobran otro aspecto cuando las tiendas echan el cierre. Merece la pena salir temprano, antes de que amanezca, para pasear sin gente y reencontrarse con el Estambul que retrata en sus memorias el Nobel de Literatura Orhan Pamuk, Estambul, ciudad y recuerdos, aunque eso es otra historia.

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