Tolox, la excursión perfecta en Málaga: cascadas, rutas de montaña y sopa tolita en la puerta a la Sierra de las Nieves
El municipio malagueño es un buen campamento base para descubrir este parque nacional a pie, en bici o vehículos 4x4 y saborear la buena gastronomía local


El agua cae a plomo, con rabia. Parece que disfruta con el vuelo hasta su aterrizaje en el llamado Charco de la Virgen, una poza cristalina y singular, tímida, escondida entre sombras y colinas. La cascada que llena esta piscina natural tiene casi 20 metros de altura y, es, sin embargo, la hermana pequeña de otra situada a pocos minutos sendero arriba. Se llama La Rejía y está formada por tres saltos que suman algo más de 100 metros de caída. Rodeada de un manto verde, con la humedad flotando en el ambiente entre helechos y orquídeas, es toda una proeza que parece sacada de un país tropical. Pero esto no es Costa Rica, es un enclave mediterráneo al que se accede con una sencilla caminata desde Tolox.
Este sencillo pueblo blanco de casi 2.500 habitantes en el interior de la provincia de Málaga sirve de puerta de entrada al parque nacional Sierra de las Nieves. Rodeado de una naturaleza apabullante, guarda un trazado de calles de origen nazarí, mantiene sus tradiciones y ofrece una gastronomía tan humilde como sabrosa.
“Perdona, que no te había visto. Ya sabes que las estrellas no se ven de día”, dice, zalamero, José Coto, de 52 años y propietario del bar Mancilla buena parte de ellos. Dedica la frase a una vecina del pueblo que llevaba un par de minutos sentada en la terraza del negocio a la espera de su desayuno. “Aquí está todo bueno, menos el camarero”, afirma con guasa más tarde a unos visitantes que piden café y pitufo mixto —el clásico panecillo malagueño con jamón de york a la plancha, queso fundido y una mijita de mantequilla— para reunir energías para conocer esta pequeña localidad y su entorno natural. “Preguntad en la oficina de turismo: aquí podéis hacer de todo”, recomienda Coto con una bandeja en la mano mientras recorre las mesas desplegadas por la plaza de la Constitución, donde en un mismo edificio se ubican el Ayuntamiento, la Policía Local y la Guardia Civil. La iglesia de San Miguel Arcángel, levantada en 1505, está solo un par de cuestas más arriba.

La imagen de una señora barriendo la puerta de su casa entre coloridas macetas es aquí una realidad cada mañana, pero también un mural dibujado en una pared encalada. Repartidos por otros puntos, también hay uno de una niña que se refresca con un vaso de agua, otro de un burro bebiendo en una fuente, el de un recolector de aguacates, algunos insectos o de panorámicas del entorno. Hasta un mural de un sencillo cubo de latón. Son piezas realizadas en el encuentro Art Tolox, iniciativa cultural que reúne a artistas cada año al final de verano y que este 2026 celebrará su décimo aniversario.
Un mapa ubica cada trabajo y sirve de excusa para recorrer de punta a cabo las callejuelas de la localidad. Merece la pena hacerlo con calma por el barrio alto, con minúsculos pasadizos, decenas de plantas desbordándose de sus macetas y zócalos rugosos que protegen las casas contra la humedad. Cerca del Museo de Artes Populares (García Rey, 1), algunas de estas pequeñas calles permiten reconstruir la planta de un antiguo castillo, del que se tienen referencias ya en el siglo IX cuando el rebelde Omar Ibn Hafsun lo ocupó. Pasó a manos cristianas, ya a finales del siglo XV, quienes permitieron a los residentes musulmanes quedarse —siempre que se declarasen sus vasallos— por aquí. Las similitudes de este rincón con los pueblos de la alpujarra granadina no es ninguna casualidad.

En el otro extremo del pueblo, un coqueto paseo arbolado desemboca en El Balneario, inaugurado en el siglo XIX, especializado en tratamientos del aparato respiratorio al aprovechar las aguas sulfurosas de la zona y que cuenta con un bonito hotel con piscina. Abre de junio a octubre, pero es un punto de referencia interesante todo el año porque a su lado parten varias rutas senderistas. “Hay para todos los niveles”, cuenta Elena González, de 39 años, apasionada de la aventura desde pequeña y que en 2011 decidió crear su empresa. Hoy, Aventúrate Sierra de las Nieves realiza actividades medioambientales para colegios o grupos, y también cuenta con numerosas opciones de turismo activo que van de la espeleología a la escalada, el barranquismo o rutas en vehículos 4x4. También en bicicleta eléctrica, con trayectos de media montaña por pistas forestales que permiten saborear los paisajes de estas sierras y su fusión con las zonas de cultivo —olivares, cereales, huertas con hortalizas y frutales— regadas a partir de antiguas acequias de origen nazarí.
Entre sus propuestas también hay paseos interpretados por senderos. La toloxeña recomienda caminatas como la que se adentra entre pinsapos por el Tajo de la Caína (ya en el cercano municipio de Yunquera) y, para los más aventureros, la subida al Torrecilla. A 1.919 metros, es la segunda cumbre más alta de Málaga y requiere buena forma física: son unos 14 kilómetros de subida sin descanso para superar un desnivel de casi 1.500 metros.

“Por eso la ruta de las cascadas es ideal: es apta para todo el mundo, se disfruta mucho del agua y tiene una vegetación cambiante a medida que avanzas”, explica González sobre esta caminata de unos 10 kilómetros que, con calma, se puede realizar en cuatro horas. En su inicio cruza dos puentes de madera sobre el río Caballos y luego continúa por la ribera entre charcas, ideales para un chapuzón cuando aprieta el calor. Las lluvias de este año han dejado un camino más ancho, con árboles caídos y desprendimientos, así que hay que andarse con ojo. Se cruza el río un par de veces antes de llegar, primero, al Charco de la Virgen y, después, a La Rejía. La senda finalmente vuelve entre peridotitas, matagallos, bolinas y pinares hasta caer, de nuevo, en Tolox. Por el camino se pueden observar decenas de especies de aves, como el trepador azul, el petirrojo europeo o el serín verdecillo. Para no perdérselos, solo hay que prestar atención.
El último tramo lo comparte con un pequeño sendero botánico de apenas 700 metros —suave y familiar— donde, entre otras muchas, crecen hasta 28 especies autóctonas: del pinsapo al palmito, la aulaga, el enebro o la jara. Más allá, las opciones de caminar son infinitas. La subida a la Cruz del Padre Ventura pasa junto a las 14 estaciones de un viacrucis y una excursión en paralelo al río Horcajos —y sus viejos molinos de harina— alcanza la ermita que guarda a la Virgen de las Nieves. A sus pies, un área recreativa a la sombra de un pinar es ideal para un pícnic. El recorrido es el mismo que el de la romería que cada mayo traslada la imagen hasta allí en una carroza arrastrada por mulos o bueyes.

Chivo malagueño y sopa tolita
“Están arreglando muchos caminos y desde la pandemia viene cada vez más gente. Los fines de semana esto es casi una feria”, reconoce José María Sánchez, que en verano de 2017 abrió el restaurante La Lola en un viejo estudio de televisión en la parte alta de la calle Calvario de Tolox. El chivo malagueño al horno con romero y tomillo o el codillo son dos de sus especialidades, pero también el salmorejo con queso Idiazábal y crujiente de ibérico y el steak tartar de solomillo de ternera. Fuera de carta, a veces, ofrece sopa tolita, plato local que hay que probar. En su terraza, al sol y con bonitas vistas al pueblo, merece la pena pedir el vino de la casa, un blanco muy joven elaborado por Sánchez y su familia a partir de la singular uva perruna que ellos mismos cultivan.
De vuelta al casco urbano, El Rincón de Rafael (calle Encina, 78) tiene pinchitos de gamba, buen jamón y generosas raciones. En Enebro Restaurante (avenida Balneario, 20), con su recién estrenado Solete Repsol, la cocinera Ángela Sedeño sirve pulpo al carbón, carnes a la brasa y sabrosas opciones para personas vegetarianas con verduras de la familia Hevilla, además de unas increíbles aceitunas locales y postres caseros. La Alberca (Encina, 53) tiene una estupenda terraza para saborear el menú del día —donde caben platos de cuchara tradicionales como unas ricas lentejas o un buen salmorejo— y carnes a la brasa. En fin de semana, el bar Mancilla también ofrece tapeo al mediodía. Con el bacalao como estrella (“tiene un secreto que no se puede desvelar”, según su propietario), ofrece también secreto, alitas de pollo, ensaladilla rusa o callos caseros. El negocio cierra cada tarde cuando sus parroquianos se van. Y ganas de irse hay pocas. Las prisas se dejan fuera de la Sierra de las Nieves.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.


























































