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Siete visitas en Mascate para amantes de la historia, la gastronomía y la arquitectura de Omán

Del mercado de pescado a una fábrica de perfumes, visitas que son un ejemplo de la voluntad del país de modernización sin espectacularidad vertical y por conservar la tradición y la autenticidad

La gran mezquita del sultán Qabús, en Mascate, capital de Omán. FELIX LORENZO

El gran viajero marroquí Ibn Battuta recorrió en el siglo XV la costa de Omán y en su libro de viajes, Rihla, dejó constancia de la prosperidad de un territorio rico en agricultura y amable en urbanidad: “Es una tierra fértil, con acequias, huertos, palmeras y árboles frutales de varias clases… tiene buenos bazares y mezquitas limpias y espléndidas”. Aunque no mencionaba Mascate de forma explícita, sus palabras evocaban el espíritu humano y comercial de un Omán costero del que la ciudad formaba y forma parte.

Encajada entre las montañas y el mar, Mascate (Muscat, en inglés) se adapta al entorno natural respetando una escala humana. Estamos en la capital del Sultanato de Omán, una de las ciudades más antiguas del mundo árabe. Curiosamente, la frase de Battuta podríamos escribirla hoy, porque si algo diferencia Mascate (y Omán) de otras capitales (y países) vecinas del golfo, es la conservación y la búsqueda de la autenticidad. Aquí no ha habido necesidad de iconos arquitectónicos espectaculares. En Omán se practica mayoritariamente el islam ibadí, una rama del islam basada en la sobriedad, moderación y equilibrio que valora la discreción, la armonía con el entorno y la funcionalidad antes que la ostentación; una mentalidad que se refleja en su arquitectura tradicional.

Cuando el sultán Qabús bin Said llegó al poder en 1970, Omán era un país con infraestructuras limitadas, pero a diferencia de Emiratos Árabes Unidos o Qatar, que apostaron por una modernización veloz y efectista, eligió un desarrollo gradual y que no borrase el pasado. El progreso debía respetar la identidad cultural y paisajística. En Mascate se limitó la altura de los edificios, se exigió el uso de colores claros y terrosos y se favorecieron formas inspiradas en la arquitectura vernácula con arcos, celosías, patios y otros elementos característicos de la cultura islámica. Quien busque hacerse una foto en un desierto con un skyline de rascacielos al fondo, mejor que no venga.

Veamos cinco ejemplos de la voluntad de modernización sin espectacularidad vertical y de la voluntad por conservar la tradición en Mascate.

Mercado de pescado de Mutrah (Snøhetta)

Proyectado por el estudio Snøhetta en 2017, es el proyecto más significativo en cuanto a arquitectura contemporánea. Se reconoce al instante por su amplia cubierta formada por aletas de aluminio en ángulo, que ayuda a dar sombra a las terrazas y a los pasillos con paredes de hormigón de esta antigua lonja construida en 1960. La intención de Snøhetta, que cuenta con oficinas en Oslo y Nueva York, fue proporcionar unas instalaciones más modernas para los entusiastas vendedores de pescado (una de las comidas más comunes en Omán) y los turistas.

Inspirado en las tradicionales redes de pesca, es, además, un reclamo moderno que conecta con la historia marítima y comercial de un puerto determinante. Sigue siendo el más grande de Omán y es un centro neurálgico para el transporte, la pesca y los cruceros. El diseño crea un nuevo punto de referencia en consonancia con la rica historia de la ciudad portuaria. “Combinando tradición e innovación, el mercado de pescado de Muttrah está diseñado para unir armoniosamente lo antiguo y lo nuevo y para servir como punto de encuentro de la comunidad de Muttrah”, afirmaba el estudio cuando fue inaugurado. Algo que, a juzgar por la manera en que fluye el contacto entre la gente y se ocupan las terrazas de los cafés cercanos, se ha conseguido. Las instalaciones de 4.000 metros cuadrados satisfacen las necesidades tanto de los pescadores locales como de vecinos y turistas. La forma curvada del edificio se basa en el trazado natural de la cornisa y su estructura de doble pared parece prolongar la curva de la bahía. “Haciendo referencia tanto al antiguo paseo marítimo como a la prolongación de la cornisa, la lonja define los límites del espacio público, interconectando la ciudad, las montañas y el paseo marítimo”, dijeron también los arquitectos.

Justo enfrente hallamos el restaurante Bait al Luban (en el mismo edificio en el que se encuentra la galería de arte Muska), donde es vivamente recomendable pedir pescado y el granizado de limón y menta. Solo por las vistas de la corniche y del propio mercado ya merece la pena.

Royal Opera House Muscat

Inaugurada en 2011 y diseñada por el estudio Wimberly Allison Tong & Goo (WATG), una firma internacional de arquitectura y diseño con sede en Estados Unidos, la Royal Opera House Muscat es el epicentro de la vida cultural de Omán. El edificio, de estilo neotradicional, programa conciertos, óperas, obras de teatro y eventos culturales. Fue la primera ópera del golfo pérsico, una idea del sultán Qabús, que gustaba de la música y a través de ella pretendía conectar el país con otras culturas.

La suntuosidad del interior se refleja en los balcones y otros elementos realizados con madera de teca procedente de Myanmar, históricamente asociada a la arquitectura naval y palaciega y que en Omán tiene una notable carga histórica, ya que durante siglos fue importada a través de las rutas marítimas del Índico que conectaban el sultanato con el subcontinente indio y el sudeste asiático. El mármol vino de canteras de Italia. Y la tecnología escénica supuso una gran inversión. La visita se completa con la exposición permanente de la colección de instrumentos tradicionales del propio sultán, que los donó.

Mutrah Souq

El Mutrah Souq es uno de los zocos más antiguos y emblemáticos del mundo árabe, situado en el histórico barrio portuario de Mutrah. Desde el mercado, basta caminar la ondulada curva de la corniche para llegar a una de sus entradas. Este es el corazón del comercio tradicional de Mascate. Tiene más de 200 años, sus laberínticos callejones están repletos de tiendas de especias, perfumes, tejidos, plata, joyería, cerámica y recuerdos tradicionales. Entre los turistas se ven niños con kuma (el gorro tradicional), madres con abaya (vestido tradicional femenino) y padres con dishdasha (la chilaba) y musar (turbante). Respecto a la platería, conviene prestar atención a la historia de los khanjar, uno de los símbolos del país y presente en la bandera de Omán. El khanjar es un puñal tradicional curvado, parte esencial del vestuario masculino omaní. Forma parte del traje ceremonial y se lleva en la cintura, sujeto a un cinturón decorativo.

A este bazar se le llama “el souq oscuro”, pero por sus pasajes estrechos se filtra la luz del sol. Es ideal para sumergirse en la cultura omaní y practicar el regateo tradicional entre aromas de incienso y especias y para iniciarse en esa alegoría de la hospitalidad omaní que representa el café, suave, aromático y ligeramente especiado (ah, ese inconfundible sabor a cardamomo). Por supuesto, también es un lugar propicio para probar los dátiles, porque si en algo no hay ninguna duda es en que los mejores dátiles del mundo están en Omán.

Gran mezquita del sultán Qabús y mezquita Bab Al Salam

La gran mezquita del sultán Qabús es el símbolo mayor de la devoción y la intención del sultán por modernizar Omán sin perder sus raíces, sirviéndose una vez más de un estilo arquitectónico neotradicionalista. Inaugurada en 2001, es descomunal: puede albergar hasta 20.000 fieles y en su interior destaca la alfombra persa tejida a mano con lana iraní de alta calidad de una sola pieza con sus 4.200 metros cuadrados, que la convirtieron durante años en la alfombra hecha a mano más grande del mundo. El diseño combina motivos florales y geométricos tradicionales islámicos. Los jardines también ofrecen una experiencia de serenidad.

En cualquier caso, no hay que perderse la mezquita Bab Al Salam, obra del estudio Altqadum, una respuesta coherente y estilizada desde la arquitectura contemporánea más rigurosa frente a la aproximación historicista tan en boga por estos lares. Formada por cinco volúmenes geométricos y con un minarete cónico, fue inaugurada en 2024. “El deseo del cliente era crear una estructura icónica y sostenible que sirviera como monumento educativo especialmente para los estudiantes de Arquitectura”, explicó el arquitecto Marwan Al Balushi. “Inspirado en el patrimonio omaní, el diseño atemporal integra formas geométricas estratégicamente para obtener beneficios acústicos y medioambientales”, continuó. El objetivo del estudio fue crear un diseño atemporal, que no estuviera ligado a una época concreta, sino que se centrara en una experiencia que pudiera considerarse contemporánea.

Fábrica de perfumes Amouage

No podemos despedirnos de Mascate sin visitar la cuna del perfume Amouage, uno de los más cotizados del mundo. Esta casa de perfumes fue fundada en 1983 por el sultán Qabús y combina la riqueza de la tradición aromática omaní con estándares contemporáneos del lujo, de ahí que haya devenido en un símbolo olfativo de la cultura de Omán.

No por casualidad, en la entrada hay un árbol del incienso (Boswellia sacra, en árabe también se le llama Luban, que crece en Omán, Yemen y el Cuerno de África). En su tronco encontramos brotes de la resina aromática que produce, elemento fundamental de la fragancia. Una vez en el interior, la primera sala está dedicada a la historia del producto y se exponen todos los flacons (botellas de perfumes) y variedades que se han ido produciendo. Tradición oriental mezclada con estética contemporánea occidental. Amouage se traduce como “ilusión” o “ensueño”. Los perfumes quieren contar la historia del país a través de fragancias que evocan desiertos, mares y rutas de comercio histórico de especias e incienso. Amouage se vende en boutiques de Omán y en grandes ciudades del mundo. Desde aquí se decide qué hoteles pueden disponer de sus productos como amenities. Nunca se verán en grandes cadenas hoteleras por muchas estrellas que tengan. Así las gasta la sofisticación de Omán.

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