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Entre murales y arte callejero en el Camino de Santiago

A lo largo de las rutas jacobeas se pueden ver de obras sencillas con alegorías religiosas y citas inspiradoras a fachadas cubiertas con imágenes impactantes y rostros monumentales que invitan a la reflexión

David Esteban, conocido como Da2.0, inmortalizó a unos soldados de la artillería española que combatieron contra Napoleón en la Guerra de la Independencia en una casa de Astorga (León).chim Zeilmann ( Alamy / CORDON PRESS )

El Camino de Santiago tiene más de 12 siglos de historia, pero es una ruta viva. Junto a las joyas románicas y góticas y a los recuerdos que los peregrinos han ido dejando durante 1.200 años, conviven obras de vanguardia y expresiones artísticas contemporáneas que dialogan con nuestro tiempo. El arte callejero es un buen ejemplo: en los últimos años, vistosos y enormes murales han llenado de color pueblos y ciudades de todas las rutas jacobeas.

A lo largo del Camino se pueden ver desde grafitis sencillos con alegorías religiosas y citas inspiradoras ―como en Rabé de las Calzadas, cerca de Burgos― hasta fachadas completas cubiertas con imágenes impactantes y rostros monumentales que invitan a la reflexión. Hay obras en todas las ciudades y en muchos pueblos del Camino, pero en algunos puntos se han convertido también en un reclamo turístico más.

Más que grafiti urbano convencional, se podría hablar de muralismo jacobeo: obras que aluden directamente a aspectos de la ruta y la peregrinación. El arte urbano en el Camino es algo más que pintura sobre muros; es una expresión de la vida y la cultura que fluye a lo largo de esta travesía milenaria. Algunos murales narran leyendas antiguas; otros se centran en la espiritualidad o rinden homenaje a personajes relevantes. Cada obra refleja una creatividad distinta y la diversidad de quienes recorren el Camino.

Más información en la nueva guía Camino de Santiago de Lonely Planet y en la web lonelyplanet.es.


Es fácil distinguir tres formas de murales. En primer lugar, los espontáneos, realizados por los propios peregrinos: firmas, mensajes dirigidos a otros caminantes o el singular “cementerio” de micrografitis en la Cruz de Ferro —entre las localidades españolas de Foncebadón y Manjarín—, escritos o dibujados sobre humildes piedras. En segundo lugar, los murales urbanos planificados, promovidos por colegios, asociaciones o particulares, que utilizan muros como espacios de expresión y diálogo con el peregrino. Y, por último, los grandes murales institucionales realizados con aerosol y, por lo general, con apoyo público dentro de programas de rehabilitación urbana. Suelen embellecer medianeras y espacios degradados. En algunos casos cuentan también con patrocinio privado, incorporando un componente publicitario, como “El camino de las estrellas”, diseñado como exposición a lo largo de más de 500 kilómetros de una conocida marca de cerveza.

Resulta imposible recorrerlos todos, pero algunos de los ejemplos más espectaculares se encuentran en Logroño y Astorga. Esta última sorprende con pinturas de gran formato que representan tradiciones locales y episodios históricos.

A continuación, una selección de murales destacados que invitan al peregrino a detenerse y contemplar otra forma de arte entre piedras centenarias.

Logroño: murales con vino

Entre los murales más impactantes están los de Logroño, donde el Ayuntamiento ha desarrollado el proyecto Ruta Mural Jacobea, que se inició a través de un concurso de propuestas en 2013, y empezó con la decoración del paso subterráneo en la salida de la ciudad hacia el paseo de La Grajera, y con la instalación en la calle Barriocepo, junto a la iglesia de Santiago y junto a la ruta, de la representación de un anciano con el torso tatuado con los sellos del Camino. Esta obra, concebida por Globartia Visual Art Company (de los artistas Carlos López Garrido y Carlos Corres), ha sido titulada Sello Tattoo, y ha pasado a convertirse en el principal referente del grafiti artístico del Camino Francés.

Carlos López Garrido es un autor que se ha hecho famoso por pintar con vino, uno de los sellos de identidad riojanos. Por ejemplo, el llamativo fresco del Mercurio Alado, que es un homenaje al comercio tradicional en su ciudad natal, Logroño.

Belorado: Wall-King

Belorado (Burgos) tiene también fama por sus murales; el breve circuito a pie Wall-King permite admirar los mejores. Lo más llamativo es, sin duda, el collage de temática ornitológica que adorna una fachada de la plaza Mayor, obra del dúo Alegría Del Prado (formado por un mexicano y una española), que se ha convertido en la principal atracción turística del municipio. El mural, realizado en 2017, rinde un homenaje a la gran labor de Hipólito Ruiz López, un botánico de la época de la ilustración, hijo predilecto de la localidad, y protagonista de una importante expedición botánica a Chile y Perú. También quiere ser una llamada a la conciencia medioambiental. El resto del pueblo sorprende con fachadas que reproducen los bordados locales, personajes populares o escenas rurales.

Además, Belorado se ha unido a dos pueblos próximos, Tubilla del Lago y Villangómez, en el proyecto TUVIBE, con el que pretenden situar la provincia de Burgos como referente nacional en el mapa del arte urbano/rural. Se trata de tres murales, uno en cada municipio, en el que se muestran el pasado (Tubilla del Lago), el presente (Villangómez) y el futuro (Belorado) del mundo rural. Los murales los ha realizado el colectivo Tinte Rosa.

Sahagún, peregrinos en la mitad de la ruta

En Sahagún (León) los peregrinos pueden obtener el certificado que acredita haber recorrido la mitad del Camino de Santiago. La imagen de un peregrino decora el Hostal Domus Viatoris de Sahagún, donde hay numerosos murales en trampantojo.

No es el único mural de la localidad, que ha creado su propia Ruta de los murales, con obras como Los colores de la música, que adorna una medianería de la calle Los negrillos, con dos juglares, en honor a la primera escuela de juglares de España que se creó en Sahagún en 1116; o, al lado, Las fuentes de la vida, que representa a dos peregrinos en el río Cea con el santuario de la Virgen peregrina a sus espaldas. Otra temática diferente es la del mural de la avenida Conde Ansúrez, Nuestro campo, que rinde homenaje a las labores agrícolas tradicionales de Tierra de Campos.

Históricamente, Sahagún ha sido un enclave relevante para el comercio, las migraciones y las rutas de peregrinación. Justo antes de atra­vesar el dieciochesco Puente Canto se advierte una columna coronada por una cruz que indica la confluencia entre el Camino Francés y el Camino de Madrid (itinerario de 323 kilómetros que, pese a arrancar en la capital, es uno de los menos transitados).

Astorga, soldados en las paredes

En la fachada lateral de una casa de Astorga, David Esteban, conocido artísticamente como Da2.0, inmortalizó a unos soldados de la artillería española que combatieron contra Napoleón en la Guerra de la Independencia y, más en concreto, el combate librado en la ciudad leonesa a finales de 1808. Aúna tradición, arte e historia. Es el más llamativo, pero no el único mural de Astorga, que con sus espectaculares obras saluda a los peregrinos. Por ejemplo, la imagen de Octavio Augusto, Gaudí y unas botas peregrinas se unen a otros sobre la Semana Santa, Charles Chaplin, Astures y Romanos, la cecina o las mantecadas. La aspiración de Astorga es transformarse en una galería al aire libre que muestre la esencia de la ciudad, a modo de bienvenida original.

Inexplicablemente, Astorga es una ciudad bastante infravalorada en el Camino Francés a pesar de sus magníficas atrac­ciones históricas. Además de los murales, no cuesta nada desviarse dos travesías hasta la plaza España, donde se encuentran dos populares sitios para comer: el restaurante El Uno y el Café Pasaje. Un poco más adelante se yergue el palacio de Gaudí, singular maravilla arquitectónica que se puede visitar junto con el Museo de los Caminos del que es sede. La contigua catedral de Santa María de Astorga, uno de los lugares de culto más impor­tantes del Camino Francés, luce imponente con sus dos asombrosas torres unidas al alto hastial central por arbotantes y balconcillos de piedra.

Ponferrada, Enjoy El Camino

En la misma línea que los murales de Logroño está la iniciativa del Ayuntamiento de Ponferrada, donde el artista gráfico Asier Vera ha desarrollado un programa de murales, Enjoy El Camino. Antes, ya había realizado un primer mural por propia iniciativa en la avenida de La Puebla, de 20 metros de altura, sobre una medianera en las inmediaciones del albergue público: un alegato contra la violencia machista a partir de la figura de una peregrina, en la que se rinde homenaje a Denise Thiem. Lo mismo nos encontramos un bodegón con una representación de la gastronomía berciana como el mural Que el fin del mundo nos pille bailando, en un callejón de la avenida La Puebla, obra de Efrén Arroyo, que se ha convertido en un lema de optimismo junto a la escuela de danza Pilar Prieto.

En todos los pueblos bercianos en torno a Ponferrada se han multiplicado los murales, con recuerdos al pasado minero, a su ferrocarril o a sus abuelos. Los hay en Igüeña, en Pobladura de las Regueras, en Quintana de Fuseros, en Algamarinos, en Tremor de arriba, en Rodrigatos de las Regueras, en Toral de los Vados…

Ponferrada, sin embargo, sigue teniendo su máximo atractivo en lo medieval, concretamente es un gigantesco castillo templario, del siglo XII. Los peregrinos paran aquí como fin o principio de las etapas leonesas, antes de adentrarse en Galicia. Se les ve rodear el castillo de los Templarios y, quizá, tomar un café en La Barbacana, para abandonar la ciudad leonesa por el puente reforzado con hierro en el siglo XI que le dio nombre (Pons Ferrata).

Las ofrendas de la Cruz de Ferro, micrografitismo centenario

Por motivos que nadie recuerda, entre quienes emprenden el Camino existe la tradición de llevar una piedra desde casa y depositarla en la Cruz de Ferro, en una montaña entre Astorga y El Acebo (León), para liberarse de un peso (literal y, sobre todo, metafóricamente). Erigida en el siglo XI por el abad Gaucelmo, la cruz os­tenta el distintivo de ser el punto más elevado de todo el Camino Francés (1.504 metros). Gaucelmo, que también construyó un sencillo albergue y una capilla en Fon­cebadón, se hizo famoso por proteger de bandidos y perros a quienes se aventuraban por estas alturas.

Entre las piedras se ven men­sajes, recuerdos, conchas de vieiras y adornos. Tras 900 años de tradición, la pila formada en la base de la cruz casi parece un montón de desechos; se insta, pues, a dejar solamente la tradi­cional piedra.

Junto a la cruz se halla la más reciente ermita de Santiago, que suele estar cerrada para que los peregrinos no la usen como refugio (¿qué diría Gaucelmo?); poco importa, pues los picos y pinares circundantes transmiten la sensación de estar en un templo.

Humildes murales en humildes pueblos: la Ruta de Murales de Villaherreros

Un mural del artista palentino El Chorro alegra las calles de Población de Campos (en la etapa entre Frómista y Carrión de los Condes) con un guiño al curioso gentilicio de la localidad: cigüeños. Cerca de Población de Campos está Villaherreros, un pueblo de Palencia que ha saltado del anonimato gracias al proyecto Ruta de los Murales, que nació hace una década para revitalizar el medio rural con el arte urbano. Más de 20 murales visten fachadas y espacios deteriorados, a modo de museo al aire libre sobre las costumbres y entorno de la Tierra de Campos.

El primer hito llegó en 2016, con el mural Charanga, de Zësar Bahamonte, que cubrió los muros de la Panera de la Hermandad. Después fueron apareciendo firmas y temas que aluden al campo y a la memoria: Ampparito con sus objetos útiles/inútiles; Joaquinvila recordando la identidad del lugar; Decoma con el ciclo de la vida; El Chorro Arts y sus palabras castellanas; y otros murales comunitarios realizados por los jóvenes. En 2021, llegaron los murales sobre las labores cotidianas de Henar Bayón o el homenaje a los mayores del pueblo de Yolanda Gómez Urrea. Y así se ha continuado. Una de las últimas incorporaciones ha sido La tejedora, firmada por Laura Merayo, que homenajea a las mujeres y al ganchillo y tejido de punto. Solo hay que pasear por el pueblo para descubrir el arte mural rural de Villaherreros.

Las estrellas del Camino

Hace unos años, en pleno bum del arte urbano, Estrella Galicia, una conocida marca de cervezas gallega, decidió convertir el Camino de Santiago en una larguísima galería de arte, invitando a diversos artistas a intervenir medianerías y fachadas. ¿Qué mejor publicidad que estas enormes obras ante las que es imposible no pararse? Lo hizo primero con el Camino Francés y luego con el Portugués, para terminar en el Camino Inglés. Su objetivo ha sido dar visibilidad a aquellos personajes icónicos de cada parada.

La primera fue la Galería de arte urbano del Camino Francés, una exposición de 140 kilómetros, en las últimas siete etapas de la rama principal de Camino. Los grandes murales, en bicolor, retratan y homenajean a las gentes que viven en torno al Camino y llevan generaciones manteniendo viva la esencia de sus rutas. La muestra arranca en la etapa que va de O Cebreiro a Triacastela, clave en la historia del Camino, y continúa a lo largo de las siguientes etapas hasta llegar a Santiago de Compostela, pasando por Sarria, Portomarín, Melide, Arzúa y O Pino. Y, en cada una de ellas, un retrato de gran formato que se fusiona con la naturaleza recibe al peregrino. Las obras son del artista urbano Mon Devane, que ha optado por rostros vivos y de enorme tamaño, en estilo fotorealista. Son personajes como el lutier Xermán Arias (en la etapa Triacastela); Mario Mato (Sarria), un empresario preocupado por el medio ambiente y propietario de una casa de turismo rural sostenible; Xosé Luís Carreira (Portomarín) y su granja ecológica; Isidro Pardo (Melide), que se encarga de proteger a las abejas; Antón Pombo (Arzúa), escritor, periodista e investigador y divulgador del Camino; Maruja Varela (O Pino), toda una vida dedicada al trabajo y a los melindres, bizcochos y otros dulces; y Laurie Dennett (Santiago de Compostela), una escritora canadiense que un día se enamoró del Camino y se quedó en él.

Después, el proyecto de la cervecera traspasó fronteras para cubrir el Camino Portugués, con 230 kilómetros más. Pintados por la artista gallega Lula Goce y el portugués Daniel Eime y situados en diferentes etapas del itinerario, como Oporto, Matosinhos, Rubiães, Pontevedra o Padrón, los nueve murales que la componen retratan a nueve protagonistas portugueses, con historias de superación vinculadas al Camino.

El Camino Inglés ha sido la última intervención, nada menos que 126 kilómetros en cinco etapas de murales e historias, que homenajean desde cantantes como Heather Small hasta la leyenda de la gaita Manuel Viqueira, todos han sido retratados en murales hechos por el artista David Speed. Conocido por su serie de pinturas de neón, ha creado un estilo característico único basado en el uso de colores fluorescentes con un carácter casi dramático que cautiva. También tienen cabida aquí personas anónimas que representan realmente el Camino.

La exposición se ha convertido en una de las muestras de arte urbano más importante de Europa, de forma que en su conjunto (Caminos Francés, Portugués e Inglés), dan forma a tres galerías de arte con más de 500 kilómetros que lo mismo nos hablan de una cantante británica que recorrió el Camino de Santiago para rodar una serie de la BBC (Pilgrimage, The Road to Santiago) como de la tejedora de Ferrol Teté Mareque, el trabajador de Astano Carlos Pita, primer alcalde de Neda en democracia a través de una organización vecinal y creador del consorcio de amigos do Camiño Inglés; Rocó Díaz, dueña de una fábrica de muebles en Miño que se preocupó por el paso de los peregrinos; o Manuel Viqueira, segunda generación de uno de los grupos más icónicos del panorama tradicional de Galicia. A sus casi 70 años, sigue en activo y conservando el legado de su padre y de la cultura tradicional gallega.

La Bañeza, capital del arte urbano

Es uno de los rincones que más ha apostado por los murales para embellecer sus fachadas. Esta ciudad leonesa presume de ser la que tiene más fachadas artísticas per cápita de Europa. Con poco más de 10.000 habitantes, sus calles lucen más de 300 murales. Algunos de ellos han competido por convertirse en los mejores del mundo en las votaciones de la web especializada en arte urbano Street Art Cities, la mayor comunidad de aficionados al grafiti.

El arte urbano ha creado una nueva forma de hacer turismo. En La Bañeza hay ya toda una ruta de grafitis que se puede seguir mediante códigos QR y Google Maps. Fue la primera ciudad española en la aplicación de Street Art Cities, que permite localizar sobre el mapa 300 murales en esta localidad leonesa.

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