Viajar a Atocha en pleno caos: múltiples paradas y trenes a baja velocidad desde Barcelona y una estación a medio gas
Las cancelaciones de las conexiones con el sur de España dejan con muy escasa actividad a la principal estación madrileña

En la zona de llegadas de la estación de Atocha, Maribel Palomes, de 54 años, espera a su hija Carlota, de 22. El billete de AVE que había comprado para ella —y que muestra en la pantalla de su móvil— indica que el tren debía llegar a su destino a las 13.19. No es hasta pasadas las cuatro de la tarde cuando la joven aparece por fin entre el río de pasajeros procedentes de Barcelona. Su tren, explica Carlota, estudiante de Medicina, ha salido con una hora y media de retraso y se ha detenido dos veces entre Zaragoza y Madrid. “Viajo mucho en tren y hoy iba muchísimo más despacio que otras veces”. Además, añade, “iba como temblando, balanceándose; no se mueven de esta manera”. Otros pasajeros entrevistados que han ido llegando a Madrid en la tarde de este martes no han confirmado esos temblores, aunque sí coinciden en las paradas en mitad del trayecto y en una velocidad muy inferior a la habitual, con tramos que no superaban los 80 kilómetros por hora.
La línea con mayor densidad de tráfico de la red ferroviaria de alta velocidad, la Madrid-Barcelona, está perdiendo frecuencias desde este lunes con el objetivo de dar mayor margen a la revisión diaria de los equipos de mantenimiento de la administradora de la infraestructura, Adif. Un portavoz del Ministerio de Transportes explicaba ayer que “se han llevado a cabo reubicaciones automáticas para los viajeros afectados por las supresiones de servicios. Los trenes utilizados para estas reubicaciones circularán en doble composición con el fin de asegurar la disponibilidad de plazas”.
A la salida de Barcelona, “unieron dos trenes”, explica Violeta Kerszberg, que llega a Madrid cargada con dos maletas enormes. Esa doble composición de la que hablaba el Ministerio y que confirma esta argentina de 29 años provocó un retraso de 40 minutos en su tren. También cuenta varias paradas en el recorrido y que el convoy circuló más lento de lo habitual. Ha tardado más del doble de lo habitual en llegar a Madrid, por encima de las cinco horas.
Francisco Pubill, de 67 años, dice haber tenido un poco más de suerte. Su tren ha llegado con una hora y media de retraso. Antes de llegar a Lleida, el convoy en el que viajaba se ha parado por, según han explicado a los pasajeros por la megafonía, una incidencia en el tren que viajaba por delante. Les han avisado de que irían marcha atrás y el maquinista ha atravesado los andenes hasta la cabina del otro lado. Al final, la situación no ha llegado a ese extremo y han podido continuar su camino hasta Madrid. En el vagón, explica, “los ánimos eran de resignación”. Kerszberg destacaba la paciencia de los viajeros: “Mi percepción es que la gente estaba comprensiva”.

En la pantalla que muestra los trenes que paran en Atocha, hay dos relojes: uno indica la hora a la que supuestamente debían llegar y otro a la que está previsto que finalmente lo hagan. Apenas un tren procedente de la estación de Sants llegará a su destino en hora.
Pero las incidencias que se muestran en las pantallas van más allá. Los trenes que debían venir del sur de España (Cádiz, Sevilla, Málaga, Córdoba, Granada...), están, en su mayor parte, cancelados. Este martes, el ministro de Transportes, Óscar Puente, ha señalado durante su comparecencia de en el Congreso que “hasta el pasado domingo, Renfe ha transportado a cerca de 40.000 personas entre Madrid y Andalucía, que son el 17% de viajeros transportados respecto a una semana equivalente”.
Esa disminución del tráfico se deja notar en Atocha. No hay colas para pasar los controles de seguridad y la estación presenta un ambiente desangelado. Un empleado de Adif que comprueba los billetes en uno de los accesos a los andenes asegura que la empresa está poniendo a disposición de los viajeros alternativas para los trenes cancelados. Según Puente, desde el día después del accidente en Adamuz, en el que murieron 46 personas, se estableció un Plan Alternativo de Transportes que combina el viaje en tren con un tramo por carretera entre Córdoba y Villanueva de Córdoba, en el caso de la alta velocidad hacia Sevilla y Málaga.
Daniela Guerrero, de 18 años, se despide de Javi Reverte, de 21, antes de pasar los controles. Vive en Sitges, por lo que para venir a Madrid tuvo que coger primero un Rodalies, que se retrasó y le hizo perder el AVE que tenía previsto tomar después. Compró otro billete para más tarde, pero el trayecto hasta Madrid se prolongó más de cinco horas. Afirma que durante el recorrido se fijó constantemente en la velocidad que marcaban las pantallas del vagón y que, en muchos tramos, no superaba los 80 kilómetros por hora.
A pesar del retraso de casi tres horas, la joven estudiante a la que esperaba su madre está de vacaciones y mantiene el buen ánimo. No ocurre lo mismo con otra mujer que prefiere no dar su nombre y que llega a la capital poco después. Se muestra visiblemente enfadada: “No puedes conciliar. No puedes trabajar. Se han cargado la alta velocidad”, sentencia.

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