La economía española cierra 2025 con un crecimiento del 2,8%
El empuje del consumo y la inversión impulsaron el PIB un 0,8% en el cuarto trimestre


La economía española cerró 2025 con un crecimiento del 2,8%, según los datos de la Contabilidad Nacional publicados este viernes por el Instituto Nacional de Estadística (INE). El producto interior bruto (PIB) avanzó un 0,8% en el último trimestre del año, el mayor ritmo trimestral de todo el ejercicio, lo que impulsó la cifra final al 2,8%. El dato supone, pese a todo, una décima menos de lo esperado y muy por debajo de ese histórico 3,5% que alcanzó en 2024.
El avance del PIB en el tramo final del año se apoyó principalmente en el dinamismo de la demanda interna, en un contexto internacional marcado por la incertidumbre. El consumo de los hogares mantuvo un tono sólido al crecer un 3,4% en el conjunto del año ―superando incluso el avance del 3,1% registrado en 2024― y la inversión aceleró con fuerza hasta conseguir un 6,3% en el conjunto del ejercicio, reforzando el perfil expansivo de la economía.
Este cierre de ejercicio refuerza las perspectivas para 2026. Los analistas coinciden en anticipar un nuevo año de expansión, aunque con cierta moderación respecto a 2025. “El cuarto trimestre condiciona más la inercia del inicio del año siguiente que el crecimiento medio del ejercicio ya cerrado”, explica Miguel Cardoso, economista jefe de BBVA Research, cuyas previsiones sitúan el avance del PIB en el 2,4% en 2026. CaixaBank Research maneja un escenario algo más prudente, con un crecimiento en torno al 2,1%, en línea con el consenso del mercado.
Más allá de las cifras agregadas, el dato de crecimiento de España destaca por encima de la media prevista para la zona euro, que según las últimas proyecciones comunitarias crecerá alrededor del 1,3%, un ritmo mucho más moderado que el español. Esta diferencia refleja no solo la fortaleza de la demanda interna en España, sino también una mayor resiliencia del mercado laboral y de la inversión en comparación con el conjunto del área euro, donde el crecimiento se ha visto lastrado por la debilidad de las exportaciones y por ritmos menos dinámicos de consumo. El contraste interregional subraya que, pese a los frenos globales, España ha mantenido un perfil de expansión notablemente superior al de sus socios europeos, con casi el doble de ritmo de crecimiento que el promedio del bloque. Raymond Torres, director de coyuntura de Funcas, califica el dato de bueno e insiste en que “refleja no solo el crecimiento agregado, sino también un avance en términos per cápita superior al de la mayoría de nuestros socios europeos, manteniendo así un diferencial positivo respecto al conjunto de la zona euro”.
Por otra parte, el hecho de que el dato final de 2,8% quede una décima por debajo de la última revisión al alza que hicieron algunas instituciones y previsiones —incluidas las estimaciones del Gobierno— sugiere que, aunque la economía mantuvo un comportamiento fuerte, ciertos factores internacionales y de comercio exterior pesaron más de lo anticipado. Estas revisiones al alza previas colocaban la expectativa de crecimiento de España en torno al 2,9% para 2025, e incluso entidades como el Consejo de Economistas o la Airef lo situaban en el 3%. La ligera desaceleración respecto a esas previsiones se explica principalmente por causas externas, según explica Torres. “En un contexto internacional complicado, con mercados europeos creciendo lentamente, las exportaciones avanzan menos que las importaciones, estas últimas estimuladas por la fuerte demanda interna y por compras de productos procedentes de China”, precisa.
La capacidad del mercado interno para sostener la expansión ha compensado en buena medida una contribución exterior más débil, lo que explica que el producto interior bruto mantenga un ritmo expansivo. En términos intertrimestrales, el consumo privado se incrementó alrededor de un 1,0% respecto al periodo anterior, según los datos de estadística.
En contraposición, la demanda externa —la diferencia entre exportaciones e importaciones— actuó como un lastre para el crecimiento. En términos intertrimestrales, el sector exterior restó 0,2 puntos al avance del PIB: las importaciones crecieron más que las exportaciones, con un aumento del 1,4% frente al 0,8% de las ventas al exterior. Esto es habitual en economías con fuerte demanda interna; la mejora del consumo y de la inversión eleva la compra de bienes y servicios del exterior, y cuando ese crecimiento supera al de las exportaciones se produce una aportación negativa de la balanza exterior.
Desde la perspectiva de la oferta, la mayoría de los sectores productivos mostraron tasas positivas en el último trimestre. La construcción fue uno de los más dinámicos, con un crecimiento intertrimestral del 2,1%, lo que refleja una recuperación continua, y el sector de servicios mantuvo un ritmo sólido, con una tasa del 0,8%. La industria también siguió expandiéndose, aunque a un ritmo más moderado, con un incremento del 0,3%. Incluso las ramas primarias —agricultura y actividades relacionadas— mostraron crecimiento, aunque menor que el resto. El mercado laboral continuó reforzando la economía. Según el INE, el número de ocupados equivalentes a tiempo completo aumentó un 2,8% interanual, mientras que las horas efectivas trabajadas subieron un 2,2%. Esto indica que no solo se crearon más empleos, sino que también se trabajó más en total, contribuyendo al crecimiento del PIB.
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