Por una soberanía estratégica europea ante la ruptura transatlántica
Solo una unión federal con un Parlamento empoderado que controle a un Ejecutivo fuerte puede garantizar nuestro modo de vida

El último año ha evidenciado un cambio fundamental en la relación transatlántica. Lo que antes eran disputas comerciales o divergencias diplomáticas se ha transformado, bajo la actual Administración estadounidense, en una política sistemática de coerción, en constante violación del derecho internacional. La presión sobre Groenlandia no es más que el último episodio de la voluntad de dominio de Donald Trump: no olvidemos la imposición unilateral de aranceles arbitrarios, o su cercanía a Vladímir Putin en Ucrania, su Estrategia de Seguridad Nacional, o las sanciones al excomisario Thierry Breton. Es evidente que el modelo de seguridad basado en la dependencia externa de Estados Unidos se ha agotado y que la estrategia de apaciguamiento seguida hasta ahora se ha saldado con un rotundo fracaso. Se impone un cambio de rumbo para garantizar la soberanía e independencia europeas, con medidas coyunturales pero también estructurales.
La Unión Europea no debe implementar el acuerdo de julio de 2025 sobre los aranceles estadounidenses no recíprocos del 15% sobre productos de la UE. Bien al contrario, hay que poner en marcha las contramedidas de 93.000 millones de euros preparadas en respuesta a la escalada de abril de 2025, y activar inmediatamente el instrumento anticoerción para contrarrestar estas medidas discriminatorias y proteger nuestra libertad de decisión política frente a presiones externas.
La seguridad de Groenlandia es una responsabilidad europea. El despliegue actual de tropas de varios Estados europeos debiera ponerse bajo el mando de la UE para garantizar que nuestro territorio no sea objeto de campañas de anexión ilegal o transacciones inmobiliarias extranjeras, con el acuerdo de Dinamarca y Groenlandia.
Debemos asimismo aceptar que la supervivencia de Ucrania y nuestra propia seguridad dependen de Europa. Esto requiere acelerar inversiones masivas para dotarnos rápidamente de los activos estratégicos “irremplazables” que Washington podría retirar o restringir, específicamente en capacidades satelitales, flujos de inteligencia, transporte aéreo estratégico y guerra electrónica de alto nivel.
Al mismo tiempo, ha llegado la hora de aceptar que Europa no puede confiar su seguridad y defensa territorial a Trump. Instamos a la activación de las disposiciones de Defensa Común del Tratado de Lisboa bajo el artículo 42.2 del Tratado de la Unión Europea y para hacer operativa la cláusula de asistencia mutua. Si no hay unanimidad, debe hacerse como cooperación estructurada permanente o mediante un tratado ad hoc.
Precisamente, la regla del veto en el Consejo es una vulnerabilidad estratégica. Debemos activar inmediatamente el voto por mayoría previsto en el Tratado (cláusula pasarela) e iniciar el proceso de reforma de los Tratados basado en la propuesta del Parlamento de 2023, y con la plena participación de una asamblea interparlamentaria, la sociedad civil y los ciudadanos a través de mecanismos deliberativos innovadores. Solo una unión federal con un Parlamento empoderado que controle a un Ejecutivo fuerte puede garantizar nuestra soberanía y nuestro modo de vida. Trump debería ser, por encima de todo, la oportunidad de Europa para lograr la unidad política. En lo que respecta a la seguridad, Europa ya no puede seguir siendo un protectorado fragmentado; debe convertirse en una potencia soberana.
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