Rybakina y su tenis gélido neutralizan (otra vez) a la nerviosa Sabalenka
La kazaja levanta un 0-3 adverso en la manga definitiva, gracias a una serie de cinco juegos, y triunfa por primera vez en Australia: 6-4, 4-6 y 6-4. Es su segundo ‘major’


Moldes y patrones similares, fondos radicalmente diferentes. De un año a otro, el mismo fotograma: los ojos rasgados y tristones de la número uno, Aryna Sabalenka, después de haber cedido otra vez en la final del Open de Australia. Esta vez, el origen de su frustración no es Madison Keys, sino otra pegadora de manual que sin hacer ruido, estridencia alguna ni participar de circos, sino sencillamente siendo ella misma, tan silenciosa, tan efectiva, se corona en Melbourne y levanta la mano: aquí, Elena Rybakina. Ella, por primera vez triunfadora en las antípodas, segunda en un Grand Slam: 6-4, 4-6 y 6-4, tras 2h 18m.
De nuevo, la cara larga y el gesto frustrado de Sabalenka, escena recurrente para una jugadora hacia la que conducen casi todos los caminos de la lógica: le pega más fuerte y, probablemente, más acorde que ninguna a los tiempos que corren. Sin embargo, en la época de la velocidad, el sentido único y el puño firme no conviene desmerecer lo más importante de todo: saber reducir una marcha cuando toca. El gran misterio de la mente. Sigue costándole. Todo ese ímpetu que le empuja y le multiplica, le pasa en ocasiones factura, y son ya tres grandes finales entregadas en un intervalo de doce meses. Cuatro en total.
De tanto quererlo, el deseo acaba rompiéndose. Se desmorona en el tercer set, 3-0 arriba primero y un parcial de 0-5 después. No hay vuelta de hoja. Imposible por ahora contener esa naturaleza tan arrolladora y, a la vez, tan penalizadora. De lo contrario, no sería Sabalenka, que habla este sábado con el corazón encogido y compungida. “Estoy muy molesta conmigo misma porque, una vez más, he tenido oportunidades. Lo he dado todo, pero ella ha sido mejor. Aun así, siento que voy por el buen camino”, señala tras caer en un episodio lineal, plano de juego pero con una ráfaga final deslumbrante.

En eso de ir de puntillas, Rybakina se maneja como pocas. Su tenis es su rostro: aséptico a más no poder. Ni una mueca ha regalado en todo el torneo, ni siquiera en esta resolución que en realidad no deja de ser la continuación del curso anterior. Selló el 2025 como maestra y emprende el nuevo año al mismo ritmo, con esa marcha firme y esa seguridad; se ajusta la trenza, corrige la visera y ejecuta. Sin más. Parece decir que ella solo hace su trabajo. Despide pelotazos, no duda. Tampoco emociona, pero así, a la chita callando, tiene los mismos grandes —antes alzó Wimbledon, en 2022— que la popular Coco Gauff y gana relieve.
Plan millonario
Frente a la efusiva personalidad de Sabalenka, la campeona procede de inicio a fin con suma frialdad. No se le escapa la sonrisa ni a la hora de recoger el trofeo. Todo sumamente protocolario. En el fondo, un reflejo de ese estilo que si bien no engancha, funciona. Recorridos invertidos en este epílogo que conforme avanzaba parecía estar en manos de la bielorrusa, repuesta después de perder la primera manga, y que luego deriva en un señor bandazo. Muy previsibles todos los puntos, rara vez se superan los cinco golpes, y finalmente el acelerón que decide. La una va descomprimiéndose, la otra hinchándose.
Registros muy parejos, tan solo un par de dejadas en todo el pulso, una por cabeza. Techo cerrado, que hay llovizna de fin de semana. Y se consuma la revancha. Derrotada por la de Minsk hace tres años en este mismo escenario, Rybakina (26 años, Moscú) termina coronándose y reluce el millonario plan del magnate Bulat Utemuratov; básicamente, comprar talento para Kazajistán a golpe de talonario. A grandes rasgos: pistas —38 centros de tecnificación repartidos por el país— y licencias por doquier —de las 1.800 que se registraron en 2007 a las 33.000 de la actualidad—; unos 200 millones de euros de inversión en infraestructura y objetivo cumplido: ahora una figura que escala del quinto al tercer peldaño del ranking.
La venganza se sirve con un ace 💥
— Eurosport.es (@Eurosport_ES) January 31, 2026
Así logró Rybakina el segundo Grand Slam de su carrera y su primer Open de Australia, tres años después de caer ante Sabalenka en este mismo escenario#AO26 pic.twitter.com/IRKxQ7271T
Insípida en el discurso, su productividad contra las mejores destapa a una competidora con filo. En concreto, su victoria contra Sabalenka sitúa su promedio frente a las números uno —teniendo en cuenta siempre el contexto— en un 60%, primera del listado y por encima de los de Serena Williams (58,6%), Stefi Graff (57,9%) o Lindsay Davenport (44,1%). “Quiero agradecer a mi equipo, sin vosotros esto no sería posible. Han pasado muchas cosas, muchas gracias a todos y ojalá podamos continuar así”, expresa. Desde el banquillo la dirige su técnico Stefano Vukov, investigado en su día por maltrato psicológico.
Suspendido de entrada por un año —el torneo le denegó la acreditación en 2025 y en verano la WTA [rectora del circuito] le levantó el veto—, lo celebran a su manera. Frío, frío todo. Y con cara de pocos amigos se marcha rápido Sabalenka, reincidente. Decía que había aprendido la lección, que todo ese nerviosismo que le privó hace un año del título ante Keys y luego del éxito en Roland Garros, frente a Coco Gauff, estaba controlado. Superado. No lo parece, desde luego. Habitualmente generosa en la palabra, esta vez es escueta: “Gracias a mi equipo por estar siempre ahí, por disfrutar viéndome perder finales... Y a veces ganarlas”.
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