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La desgracia de Musetti salva a Djokovic: “Ya estaba yéndome a casa, debería haber perdido”

Una lesión muscular del italiano, cuando iba dos sets por encima, clasifica al balcánico para las semifinales, en las que chocará el viernes con Sinner o Shelton

Se oye el quejido de Novak Djokovic a media tarde, conforme el adhesivo va despejándose y descubriendo la carne viva en el pie: dedo y planta. Señoras ampollas. En ese instante, el serbio ya ha entregado el segundo set y, aparentemente, todo se encamina a su despedida del torneo y el avance de Lorenzo Musetti, un tenista superdotado desde el punto de vista técnico y al que mente y cuerpo no dejan de traicionar. Poco después de la escena, se echa la mano al muslo derecho y se duele también él, obligado finalmente a levantar la bandera blanca. Nole resopla y en la charla a pie de pista, admite: “Ya estaba yéndome a casa…”.

Así de crudo es el deporte, insistente con la desgracia de Musetti. El italiano, de 23 años, se proyectó en el tenis base y la antesala a la élite como uno de los jóvenes con más talento y mayor potencial; sin embargo, su físico y su cabeza no le permiten crecer más. No por ahora. Cada vez que encara circunstancias comprometidas, su musculatura tiende a fallar; sucedió en abril, durante la final de Montecarlo contra Carlos Alcaraz, y vuelve el infortunio en la central de Melbourne, donde lo que parecía no es. Djokovic tenía pie y medio fuera del torneo y él no aminoraba el paso, pero la pierna avisa, le frena y al final le torpedea.

A sus 38 años, el campeón de 24 grandes se convierte en el segundo semifinalista más veterano del Open de Australia, por detrás únicamente del local Ken Rosewall (42). Pero, caballeroso, elegante como acostumbra con los rivales, admite: “No sé qué decir, salvo que lo siento mucho por él. Estaba siendo mucho mejor que yo. Ya estaba yéndome a casa… Solo espero que se recupere lo antes posible. No sentía la bola en los dos primeros sets, por su variedad y la calidad de todos sus golpes. He sido extremadamente afortunado en esta ocasión. Voy a doblar mis oraciones esta noche para agradecer lo que me ha ocurrido”.

En el instante de la retirada de Musetti, el marcador reflejaba un 4-6, 3-6 y 3-1 a favor del transalpino. Habían transcurrido 2h 08m y Djokovic, tocado por la herida del pie y más bien perdido, no estaba siendo el Djokovic de las cuatro primeras rondas. En absoluto. Fallón, lento y previsible. Muy negado. Sin embargo, el déjà vu. En 2021, ambos se encontraron sobre la arena de Roland Garros y entonces, Musetti también dominaba por dos mangas a cero cuando los calambres y el dolor de espalda —el desaliento, en el fondo— lo forzaron a marcharse en el quinto set. Tres años después, en 2024, otra remontada y triunfo del serbio en París.

El tenista de Carrara (quinto del mundo) contará después que sintió un pinchazo al inicio del segundo set, tras un mal gesto. Y que de nada hubiera servido un vendaje compresor. De haber podido continuar y en el caso de haber conseguido finalmente la victoria, hubiera disputado el viernes sus terceras semifinales en un gran escenario, las primeras en Melbourne. “Es realmente doloroso”, admite. “Hemos hecho todo tipo de pruebas durante la pretemporada para evitar este tipo de lesiones. No tengo palabras para decir cómo me siento”. “No soy doctor, pero conozco mi cuerpo y sé que es una rotura en el aductor”.

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