Munar se supera, Zverev se descompone y Sinner se ‘humaniza’: “No soy una máquina”
El mallorquín (6-1, 6-4 y 6-4 a Bergs) alcanza por primera vez los octavos de un grande, mientras el alemán vuelve a estrellarse y el italiano acaba reponiéndose


Poco a poco, ladrillo a ladrillo, Jaume Munar sigue creciéndose y haciéndose notar, empeñado como está hoy día en dar un giro a su carrera ahora que se acerca a la treintena y que, dice, ya no tiene nada que perder. Es decir, riesgo o nada. Un “volver a empezar” que este año ha cobrado más forma gracias a la tercera ronda alcanzada en Wimbledon y, ahora, firme y sólido hasta aquí, la cuarta de Nueva York. Nunca había llegado tan lejos en un grande y el lunes le aguarda un complicado cruce con el artístico Lorenzo Musetti, después de otra prueba de solidez ante Zizou Bergs en un día marcado por el viento que entraba con fuerza en la pista 17 del complejo: 6-1, 6-4 y 6-4, en 2h 08m.
Habla el español satisfecho, pero matiza que “a nivel tenístico”, estos días no está sintiéndose “increíblemente bien”. En cualquier caso, progresa —tan solo ha cedido en un set en la ruta hacia la cuarta ronda del torneo— y continúa dándole forma a ese nuevo competidor que buscaba escapar del estancamiento. “Esto llega después de muchísimo trabajo, de mucho esfuerzo. De trabajo invisible y de hormiguita”, introduce ante los enviados especiales. Tiene 28 años, ya ha logrado la meta que se marcó a comienzos de temporada y que se le había resistido hasta ahora, figurar entre los 50 mejores, y se enfrentará a Musetti (10º) siendo virtualmente el trigesimoséptimo del mundo.
¿El secreto? El cambio de chip. El volantazo. “Estoy en una etapa totalmente distinta a la que viví durante cinco o seis años. Aterricé muy pronto en el top-100 y estuve ahí: el sesenta, el setenta, el ochenta… Con deficiencias a nivel tenístico, pero supliéndolas con carácter, con capacidad competitiva y demás. Pero hace un año o año y medio me dije a mí mismo que esto debía cambiar”, continúa; “ya no había, y que se me entienda, un motivo económico o la ilusión de jugar los grandes torneos, no. Lo que me llevaba a apretarme los zapatos y a seguir trabajando era luchar por algo más. Tengo 28 años, pero me tomo esta situación como un inicio”.

Dice Munar que no quiere ponerse límites y que “pese a que no vaya a luchar por ganar Grand Slams, aunque ojalá sí”, tiene la voluntad de seguir evolucionando porque percibe todavía un margen de mejora generoso y el circuito “está abriéndose”. Y así es. Ha cambiado el panorama y él confía en que la discontinuidad que predomina estos días y su crecimiento, palpable y apoyado en resultados, puedan abrirle puertas que hasta ese giro nunca imaginó. Ahora, no obstante, su mente se concentra en el italiano Musetti, al que domina por 2-1 en los precedentes. La única vez que se batieron en pista dura, este año en Hong Kong, él salió vencedor. Así que nada de corsés.
Servicio y reacción
“Mi máximo nivel me da para ganarle. Él tiene mucha más experiencia en este tipo de torneos y partidos, pero ya he demostrado que puedo competirle de tú a tú. Preveo algo parejo”, concluye el mallorquín en el contexto de una jornada en la que el número uno, Jannik Sinner, ha tenido un arranque en falso y dubitativo frente a Denis Shapovalov, aunque finalmente ha conseguido enderezar el rumbo: 5-7, 6-4, 6-3 y 6-3. Como ya le sucediera en la ronda anterior, el italiano no termina de estar entonado con el servicio y pasa un mal rato frente al canadiense, un tenista que prometía y finalmente se ha quedado en fuegos de artificio. Sucede lo mismo en este último episodio.
Sinner, pues, avanza. Pero está sobre aviso. Dos días antes, nada más finalizar el pulso con Popyrin, ya se marchó a la carrera a las pistas de entrenamiento para limpiar el saque. Discreto el resultado. Pero relativiza. Después de algunos sudores fríos, un buen arreón y la fragilidad característica del adversario cada vez que se le pone el viento en contra. En cuanto se tuerce un poco, Shapovalov va evaporándose. Estético y gaseoso a la vez. Tan imaginativo como inerme. “Me ha exigido mucho, pero no soy una máquina. A veces también tengo que luchar. El partido estaba ahí, pero la clave es permanecer mentalmente”, afirma. Y tanto. Ha salvado un momento realmente delicado.

Después de haber cedido la primera manga, en la tercera el norteamericano ha dispuesto de 3-0 y bola de rotura a su favor. Sin embargo, él reacciona y se sostiene, teniendo en cuenta que Carlos Alcaraz aprieta y que un resbalón le apartaría del número uno que defiende desde julio del año pasado. El lunes se las verá con Alexander Bublik, superior a Tommy Paul. Quien ya no luce en el cartel es Alexander Zverev, que cerrará el curso de nuevo sin un grande en el expediente. Empezó fuerte, como finalista en Australia, pero en Roland Garros sucumbió a Novak Djokovic, en Wimbledon patinó de entrada y ahora sufre otro señor resbalón: Felix Auger-Aliassime, un talento en el limbo, le remonta tras 3h 49m: 4-6, 7-6(7), 6-4 y 6-4.
El canadiense se lleva el dedo a la oreja y lo celebra. No es para menos. Llamado a ser otra de las referencias actuales, su proyección ha ido desinflándose y trata de reencontrarse. Llegó a ser el sexto del mundo y posee unas cualidades fuera de toda duda, pero la falta de confianza ha ido relegándole del escaparate y hoy es el 27º del mundo. Tiene 25 años, luego crédito para reengancharse. Así lo ha hecho en el partido. Zverev se ha caído otra vez. El de Hamburgo ha dejado escapar un punto de set en el desempate del segundo y se inclina de nuevo en la primera semana. Aliassime había perdido seis de los ocho pulsos contra él. No le batía desde 2022. Tiempos duros, no cabe duda.
OSAKA, ¿ESPEJISMO O REALIDAD?
Después de un largo periodo a la sombra, Naomi Osaka trata de recuperar el brillo que le condujo a tocar la cima y a ganar cuatro grandes, dos de ellos en Nueva York (2018 y 2020). Y pese a todos los esfuerzos, está costándole, pero aun así no se rinde.
Encuentra ahora un rayo de luz en Nueva York, puesto que no desembarcaba en la segunda semana de un gran escenario desde que conquistase Australia por segunda vez. Era 2021. A partir de ahí, dudas, declive, maternidad y vuelta a empezar.
El triunfo ante Daria Kasatkina (6-0, 4-6 y 6-3) le guía hacia un atractivo choque con Coco Gauff, sin complicaciones contra Magdalena Frech (6-3 y 6-1). Ambas se han enfrentado en seis ocasiones y ésta será la segunda en Flushing Meadows; la primera cayó del lado de la japonesa en la tercera ronda de la edición de 2019.
Por otra parte, la número dos, Iga Swiatek se sobrepuso a una nefasta actuación con el saque. Metió solo el 43% de los primeros que intentó, pero aun así progresó: 7-6(2) y 6-4. La rusa Anna Kalinskaya lo recordará: de nada le sirvió el 5-1 del primer set, ni los cuatro puntos de los que dispuso con 5-2 para decantarlo a su favor. La polaca encara a Ekaterina Alexandrova.
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